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Argentina tardó en encontrar la llave

Argentina revalida el título de campeón olímpico. El equipo albiceleste impuso al final su superioridad técnica (1-0)  al físico de los nigerianos 

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Hoy no corría Usain Bolt en el Nido del Pájaro. Pero el Estadio Olímpico también se llenó, esta vez por la mañana. Había fútbol. Tras largos años de debate, al final, el fútbol olímpico encontró su modelo. Después de décadas en las que siempre triunfaban los profesionales encubiertos del otro lado del Telón de Acero frente a los amateurs del mundo occidental, la FIFA y el COI enterraron el hacha de guerra y acordaron el modelo sub-23 para las citas olímpicas. Y el modelo funciona.

La Argentina que disputó la final a Nigeria, la habilidad frente al músculo, la pasión frente a la fisiología, los malabaristas frente a los atletas, era un equipo repleto de estrellas del fútbol profesional. En el once titular se contaban cinco -Messi, el Kun, Gago, Garay y Zabaleta- auténticos reclamos de la Liga española. En la alineación nigeriana no había ninguna figura, la mayoría de sus futbolistas juegan en equipos europeos de segunda línea. Pero Nigeria siempre plantó cara.

Argentina jugó con la vista puesta, de forma obsesiva, en sus dos puntas de lujo. En la primera parte, Messi se movió por la derecha y el Kun, por la izquierda. Dos hombres, un velocista y un genio, que van a escribir la historia de la próxima década del balompié argentino.

En la primera mitad los albiceleste lo intentaron todo. Sus desmarques eran excelentes, los pases medidos de Gago, también. Pero Nigeria estaba plantada de forma espléndida en el terreno. Su orden defensivo sorprendió a las figuras argentinas, que no hallaban la forma de adentrarse ante el marco del portero Vanzekin -uno de los dos únicos nigerianos del once titular que juega en la liga de su país- en situación de peligro. Los defensores nigerianos estuvieron siempre en su sitio, en especial Adeleye, un estupendo pivote central de 1,90 de estatura y 19 años -era el más joven de la final- que juega en el Sparta de Rotterdam, y que cerraba la puerta a las internadas de Messi y se guardaba la llave en el bolsillo.

La primera mitad concluyó con un balance de dominio argentino intercalado con alguna contra nigeriana y el marcador a cero. Los muchachos de Batista parecían contar con la tranquilidad que les daba la memoria reciente. En la semifinal ante Brasil también se fueron al descanso con 0-0 en el marcador y marcaron tres goles en la segunda parte.

El Kun y Messi permutaron sus posiciones en la continuación y el resultado no tardó en aparecer con el barcelonista moviéndose por la izquierda. En el minuto 58, Messi vio a la perfección la carrera en desmarque por la izquierda de De María, ese centrocampista del Benfica con nombre de restaurante argentino, que ha mostrado en China una calidad deslumbrante. El pase de Messi, desde campo argentino, dejó a De María en una situación francamente despejada. La salida del meta nigeriano fue demasiado precipitada y el centrocampista albiceleste tuvo tiempo, visión y habilidad suficiente para picar el balón en una formidable vaselina y marcar el 1-0.

A partir de ahí, Argentina sólo tuvo un susto. Fue en el minuto 83, cuando el guardameta Romero, que juega en el Alkmaar holandés, detuvo un remate a bocajarro del nigeriano Anichebe, el delantero del Everton inglés. El partido no tuvo más historia porque el empuje final de los africanos lo contuvo bien la zaga albiceleste. Argentina ha revalidado el oro olímpico de Atenas sin agobios.