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Argucias rusas y apriorismos del jurado

  

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'Órgano colectivo que selecciona a los más cualificados entre varios candidatos a un premio, honor o distinción'. Así define la Real Academia de la Lengua Española (RAE) al jurado, esa figura que, en los Mundiales de Roma, ha traído de cabeza a las chicas de la sincronizada, con Gemma Mengual al frente. Quizás porque es quien más crudamente la ha sufrido, la estrella española ha liderado las denuncias contra la cuestionable justicia del jurado de este campeonato, compuesto por juezas de todos los continentes.

Mengual, como Anna Tarrés, la seleccionadora, y el resto del equipo español, ha acusado a las responsables de entronar a las mejores de medir con distinta vara los ejercicios de Rusia, la gran y clásica potencia mundial, el país que se ha llevado el oro en todas las finales en las que ha participado. Sólo cuando renunció, el caso del combo, la primera posición recayó en las españolas.

'Con las rusas, siempre hay apriorismos', confirma María José Bilbao, la jueza española de este torneo. 'Y, aunque no hay que dramatizar, las quejas de las españolas están plenamente justificadas', asevera la mujer que inició el periplo español en la historia de los Mundiales, en 1973.

Mengual lloró de impotencia justificadamente. Las diferencias establecidas entre Gemma y Natalia Ishchenko en el solo no responden, según la jueza española, a la realidad. 'Entre ellas, hay una situación de empate técnico. Cada una tiene sus virtuosismos y las dos pueden ganar, depende de cómo naden ese día. La diferencia es mínima', asegura Bilbao. 'No hay ese punto que las separó en el solo técnico'. 'Las quejas del dúo técnico también son justificadas: por una vez, las rusas no estuvieron impecables, y Gemma y Andrea nadaron muy bien', añade la jueza.

Ex campeona de España, Bilbao admite la parte subjetiva de su labor. Pero también recuerda la cantidad de criterios establecidos que deben regir sus juicios. 'En los ejercicios técnicos, la ejecución de los elementos obligatorios representa el 70% de la nota', apunta. 'En los libres, pesan más cuestiones como la sincronización, la coreografía, la dificultad de los elementos', abunda. 'Y ahí tenemos que estar más finas. Rusia, por ejemplo, tiende a encubrir ciertos movimientos con los brazos: les da una apariencia de dificultad que en realidad no tienen', explica la jueza española.

Ese tipo de detalles son los que pasan desapercibidos para el público, pero a veces también para algunas juezas procedentes de países sin tradición en la sincronizada, como la de la República Dominicana y, especialmente, la de Aruba (Antillas Menores) en estos Mundiales. 'No puede ser que le den un 9.6 a Gemma', dice Bilbao. 'En Europa, hay mucho nivel, pero en el resto...', constata. Alguien debió darles un toque de atención a ambas, pues sus notas fueron más acordes con las de sus colegas.