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El Atlético sigue de vacaciones

El Mallorca ridiculiza a balón parado a los de Quique

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Quique pudo ponerlo de portero, incluso de central. Nada más fácil que hacer jugar a Salvio fuera de sitio para demostrar que es mejor descarte que Diego Costa. El entrenador se conformó con aislarlo en punta, como único delantero, sin buena compañía por atrás para asociarse. El argentino es segundo delantero o futbolista de banda, pero parece que el técnico prefiere que no se sepa. Flores jugó ayer a eso, a competir con Pitarch para decidir quién es el sobrante que corrija el excedente de jugadores extracomunitarios de la plantilla, se olvidó bastante del Mallorca y contempló con el rabillo del ojo como su Atlético naufragaba en Son Moix.

Un mes después de volver al trabajo, el Atlético sigue de vacaciones. Es una caricatura. Un simulacro de equipo a pocos días de su ilusionante encuentro de la Supercopa de Europa, se supone que trascendental, ante el Inter. Una banda a la que le importa bien poco la imagen que da. Un presupuesto importante, el tercero de España, que no se ruborizó por vivir humillado durante un buen tramo por un modesto que está en los huesos.

Desangrado institucionalmente, preso de las deudas, desprovisto a la fuerza de sus mejores jugadores, el Mallorca dio un repaso al Atlético. Laudrup animó a los suyos a presionar muy arriba, a no tener miedo al rival y a poner la máxima atención en las jugadas a balón parado. Y con eso pasó por encima del Atlético durante una hora.

Lo dejó en evidencia, sobre todo, a balón parado, donde Martí enseñó repertorio y precisión. El Atlético volvió a las andadas en su defensa de las acciones a pelota quieta (pese al debut de Godín), con una peligrosa novedad. De Gea, el héroe del curso pasado, el portero que rescató al histórico del suelo, decidió pasar la jornada de espectador. Volaban los balones por su área y el meta no se daba por aludido. Tampoco enseñó reflejos en los tiros. Firmó el peor partido de su fulgurante vida rojiblanca.

Desastroso en defensa y abandonado por su guardameta, el Atlético no fue tampoco gran cosa con la pelota. Muy plano y muy lento. Hubo mucho de Reyes contra el mundo. Salvio no superó la emboscada de su técnico. Jurado y Mérida no casaron. Un desastre. Y los cambios tardaron en mejorar el panorama. Sólo al final, con Mérida al fin suelto y el Kun ya en el césped, el Atlético se acordó de la calidad y el orgullo. Pero tarde. El Mallorca se quedó su trofeo.