Público
Público

El Atlético es un vendaval

Los rojiblancos, líderes tras golear a base de buen fútbol

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

El Atlético es un vendaval poderoso y sutil. Un ciclón intermitente que, cuando sopla, arrolla todo lo que encuentra a su paso. Comandados por Agüero, un titán, los ataques rojiblancos son desbandadas precisas. Por ambos costados, desde el centro, a base de diagonales o mediante pases largos a la espalda de los defensas contrarios. Hacía tiempo que el Calderón no disfrutaba con una noche de fútbol así. Fue una exhibición de poderío y recursos desconocidos desde hace muchas lunas a orillas del Manzanares. Desde anoche, el líder acampa allí.

Plantado sobre la hierba, Botía, un tallo, mira incrédulo desde su altura (1,87 metros) al pequeño enemigo que yace tumbado a sus pies. No acierta a comprender de dónde saca el Kun (1,72 metros) la clase y potencia necesarias para burlar sucesivamente en carrera a cuatro defensores y, aún cayéndose tras chocar con el último escollo, es capaz de sacar un centro imposible que sólo necesitó de un remate a puerta vacía de Forlán. Lo que para el central sportinguista es extrañeza comienza a ser fascinación en el aficionado rojiblanco. La historia no invita a confianzas, pero el equipo suena bien. Fuerte y acompasado.

El Atlético es el reflejo de Quique. En las malas y en las buenas, es la obra del entrenador madrileño, que exhibió su perfil más atrevido. No en el planteamiento, que ya no va a sufrir variaciones de importancia, sino en su firme actitud ante la propiedad. Quique, lejos de doblegarse ante la propiedad, que tiene la pingüe operación de venta de Jurado a falta de una firma, convocó al jugador y le dio una de las zamarras titulares. El futbolista, aunque también está por la labor de emigrar al Schalke 04 alemán -cobrará bastante más-, quiso agradecer el gesto de un técnico que siempre ha confiado en él abriendo la puerta de la victoria, desbrozando la senda de la ilusión, abonada con alegría tras la Supercopa de Europa brillantemente arrebatada al Inter el pasado viernes.

El gol del centrocampista andaluz, un compendio de llegada, toque y fuerza, resume el estado del equipo. Y la primorosa jugada del tercer tanto, nacida de una conducción veloz y precisa del propio Jurado, es una declaración de intenciones. En esta acción fulminante y decisiva aparecieron Reyes, Ujfalusi y, cómo no, Forlán, ejecutor último. En un visto y no visto, tras cuatro toques eléctricos de los locales, el Sporting depuso las armas.

Antes, eso sí, los asturianos merecieron mejor suerte. Pero se toparon con De Gea, otro de los pilares colchoneros. El joven portero mete miedo. Es de esos tipos que te encuentras en la barra de un bar y te desarman con la mirada. Le apuntas con una pistola y, lejos de temblar, te mira con displicencia, como las vacas al tren, y cuando te has descuidado te ha birlado el cargador y, silbando, se da media vuelta y sigue a lo suyo. Con 2-0 desbarató un par de ocasiones claras de gol de los gijoneses que pudieron apretar el encuentro. El grupo de Preciado, generoso, es una bendición para el fútbol con mayúscula. Su propuesta atrevida y descarada la agradece cualquier rival, pero resulta perniciosa, por blanda, para sus intereses. En la élite no se puede regalar tanto, Ni detrás ni adelante. Y menos cuando te enfrentas a un torbellino de fútbol. A la tormenta atlética perfecta. 

4 - Atlético: De Gea; Ujfalusi, Godín, Perea, Antonio López; Assunçao, Raúl García (m. Suárez, m. 61); Reyes, Jurado (Simao, m. 77); Kun y Forlán (Diego Costa, m. 67).

0 - Sporting: Juan Pablo; Lora, Botía, Gregory, Canella; Eguren, Rivera (Sastre, m. 68); Carmelo (Sangoy, m. 61), De las Cuevas, Diego Castro; y Barral (Novo, m. 61).

Goles: 1-0. M. 11. Jurado recoge el rechace de un córner y empala a la escuadra derecha. 2-0. M. 39. Agüero regatea a cuatro defensores y la cede para que Forlán marque. 3-0. M. 63. Forlán culmina un ataque colectivo. 4-0. M. 90. Simao,
a la escuadra tras una pared con Suárez.

Árbitro: Ramírez. Amarilla a Raúl García, Godín, Assunçao, Rivera, Lora y Botía.

Vicente Calderón: 45.000 espectadores.