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Atletismo Adel Mechaal: el campeón de los 3.000 digno de un psicoanálisis

El fondista, todavía bajo sospecha por saltarse tres controles de doping, ha alcanzado la excelencia en Belgrado de la mano de su entrenador, Antonio Serrano. 

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Adel Mechaal celebra su victoria en la final de los 3.000 metros en el Europeo en pista. /EFE

“Está de alquiler en Madrid y comiendo lo que pilla. Si pudiera estar en la residencia Blume….” Así retrata Antonio Serrano la vida de Adel Mechaal. Un atleta de 26 años digno de un psicoanálisis que el domingo no sólo ganó la medalla de oro en los 3.000 metros del Europeo de Belgrado. También recibió por Twitter la orgullosa felicitación de Mariano Rajoy, el presidente del Gobierno. Una extraña paradoja si se tiene en cuenta que Mechaal es un hombre bajo sospecha que no puede alojarse en la residencia Blume gestionada por el Estado.

Tiene la beca, pero mientras se mantenga la sanción de la IAAF (Federación Internacional de Atletismo) y de la Agencia Española Antidopaje nadie le dará la llave de su habitación. Su ‘delito’ es que el año pasado se saltó tres controles antidopaje y sólo la mediación del TAS (Tribunal de Arbitraje Deportivo), que ha suspendido cautelarmente esta sanción, le ha permitido competir en Belgrado. Otra cosa es la angustia de lo que pueda pasar mañana.

Un Expediente X para el atletismo español, que ya ha perdido la cuenta de la cantidad de vidas que tiene Mechaal. Al final, siempre vuelve. Estaba fuera de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, donde le bajaron del avión in extremis, y compitió. Estaba fuera del Europeo de cross en diciembre y también compitió. Y el 16 de enero ya se oficializó su sanción por quince meses hasta que su magnífico equipo de abogados recurrió al TAS. Hoy, no se sabe qué es más difícil, si vivir así o ganar así, si esto es una película de John Malkovich o un castigo del destino. Pero hasta en el propio atletismo español la figura de Mechaal crea una fuerte división. Cuando Antonio Serrano accedió a entrenarle, históricos de su grupo de entrenamiento como Víctor García o Diana Martín se marcharon con otro entrenador: no lo entendían.

Sin embargo, Serrano creyó en él. “Yo tengo que creer en la gente que te reconoce sus errores y que te habla así mirándote a los ojos”, expica después de 40 años en el atletismo en los que fue capaz de domar a potros que parecían imposibles de domesticar como Higuero o de sacar el máximo jugo a De la Ossa que llegó a Madrid después de trabajar descargando camiones en Tarancón.

La promesa de Mechaal a Serrano

La historia se repite ahora con Mechaal, que ha cumplido cada una de las promesas que le hizo a Serrano en Río de Janeiro cuando le pidió que fuese su entrenador. Le prometió pedir una excedencia en su puesto de funcionario y trasladarse a Madrid, aprender a utilizar el silencio y no volver a liarla en redes sociales. Hasta el domingo, a las cinco de la tarde, cuando ganó el oro en Belgrado, Mechaal rechazaba cualquier posibilidad de entrevista con él.

Han pasado seis meses desde los Juegos de Río cuando una institución en el atletismo como García Bragado, nada más verlo en la villa olímpica, se dio cuenta de que no tenía sentido que Mechaal compitiese. “Tenía la cabeza en otro sitio”. La prueba estuvo en las dos carreras en las que se matriculó en 1.5000 y 5.000 metros en las que no opuso la más mínima resistencia. Pero aquel Mechaal era un hombre abatido que la única autopromoción que podía hacer de sí mismo era la de defender su inocencia.

Hoy, instalado en Madrid, su vida no ha dejado de ser una montaña rusa. Pero él no ha dejado que tanta crónica judicial pueda con él. No se sabe donde está la diferencia, si la justicia es más lenta o él es más fuerte. Al fondo queda aquella madrugada de enero en la que se notificó su sanción por quince meses y en la que se pensaba que Mechaal ya había tocado fondo. Entonces Antonio Serrano le consoló hasta las tantas y le convenció de que él siente devoción por los hombres que se caen y saben levantarse. Hoy, ese abrazo de Belgrado entre Serrano y Mechaal es el reflejo de un trabajo que hubieran firmado Freud y Dalí en común. Y en el viaje ha aparecido esa felicitación de Rajoy capaz de saltar obstáculos.