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Dos balas y una máquina

Alonso aguanta el tipo en otro doblete de Vettel y Webber. Hamilton prolonga su cuesta abajo. El español sigue segundo en el Mundial a 14 puntos del líder

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'Sigo pensando que con podios será suficiente'. Fernando Alonso, con una enigmática sonrisa dibujada en el rostro, no titubea ni un segundo. Sentado en la sala de prensa del circuito de Suzuka, envía al mundo un mensaje inequívoco de seguridad cimentado en la doble firmeza de su erguida figura y su duro discurso. Acaba de cruzar la meta en tercera posición, tras los intratables Red Bull de Vettel, ganador, y Webber, así que mantiene el órdago lanzado hace un mes, cuando aseveró que es obligatorio subir al cajón en las últimas cinco carreras del campeonato para lograr el título mundial. Hasta ahora, ha hecho pleno.

El español lo tiene claro. Toda la casuística de la recta final de una temporada apasionante e incierta bulle en su cabeza. Quienes le conocen bien ponderan como gran virtud su capacidad para enfriar ideas y músculos en situaciones de máxima tensión, la proverbial naturalidad con la que mantiene el pulso firme en plena tormenta. Hoy, aferrado al tercer puesto como máximo logro objetivo en un trazado adverso para Ferrari, firmó otra carrera sobresaliente, consciente de que, en condiciones normales, es el peor trago que le quedaba por pasar.

Alonso completó una dura e impecable jornada laboral de siete horas, durante las cuales gestionó la calificación aplazada el sábado por la lluvia, otra mala salida y una carrera a todo trapo, sin respiro. Red Bull, acuciado por los irregulares réditos que le ha sacado a tanta superioridad mecánica, no vaciló en Japón. Vettel y Webber, en ese orden, dominaron de principio a fin el maratón de F1 vivido en Suzuka. Coparon la primera línea de la parrilla y firmaron su tercer doblete del curso.

La escudería austriaca y, en consecuencia, Alonso y los dos McLaren se vieron beneficiados por la aparición estelar del esperpéntico síndrome de la tuerca que persigue a Renault desde hace años. Kubica, tercero en la parrilla, realizó una salida fulgurante y se colocó segundo. El asturiano, cuarto en la calificación, volvió a vacilar con el eclipse del semáforo, fue sobrepasado por Button y tuvo que arriesgar al máximo para devolverle la jugada al inglés en la segunda curva. Por detrás, el ataque kamikaze de Hulkenberg a Petrov y el latigazo de Massa ante Liuzzi se juntaron en una madrugadora y multitudinaria montonera que conllevó la aparición en pista del coche de seguridad. Segundos después, Kubica orillaba discretamente su coche amarillo, cojo tras perder la rueda trasera derecha.

Button, que optó por una estrategia osada montar neumáticos duros para retrasar su entrada en boxes, vio arruinado su plan por la presencia del safety car durante cinco vueltas, y ahí quedó sentenciada la prueba, siempre al albur de lo inesperado y del manejo de la situación por parte de los candidatos al título.

Suzuka calibró al milímetro el estado de forma de los pilotos que aspiran al campeonato y de sus respectivos autos. Uno detrás de otro, los cinco protagonizaron una batalla particular de la que McLaren salió trasquilado, que no desahuciado. Button mostró su proverbal carácter de mantequilla y Hamilton, que vive a caballo entre la ansiedad descontrolada y el gafe, perdió la tercera marcha de su nueva caja de cambios. Lo peor para Lewis no es el quinto puesto meritorio en sus condiciones, sino la amenaza de perder cinco plazas en la parrilla de Corea si sus mecánicos no reparan la avería y tiene que desempaquetar otra pieza.

Vettel y Webber exprimieron la insuperable aerodinámica de Red Bull y Alonso exhibió su gélida pericia para no verse descolgado. Son los tres grandes aspirantes.