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Bandera blanca en el Bernabeú

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Las miles de banderas blancas que ondearon en el Bernabéu para recibir a los dos equipos fueron toda una metáfora de lo que iba a ser el partido. Como la propuesta de Guardiola siempre es la misma, faltaba por conocer la de Mourinho. Costó creerse que su once no era una filtración errónea o un cepo que el portugués había puesto para cazar al topo que sopló a Marca la lesión de Di María. Con tal de que nadie sepa quiénes van a jugar, Mou es capaz de superarse a sí mismo.

Hasta el Euromillón hubiera resultado más fácil de acertar que su once de anoche. Altintop, un extraño entre tanto crack, de lateral derecho; Coentrao, en el izquierdo en lugar de Marcelo; Carvalho, prácticamente estrenando la temporada; Pepe, otra vez formando trivote con Alonso y Lass. Eso sí, Mou se concedió una alegría alineando a Cristiano, Higuaín y Benzema, a costa de dejar a Özil en el banquillo donde, por cierto, no estuvo Di María. En resumen: siete defensas y tres puntas.

Mientras Mourinho apelaba a su currículum para evadir preventivamente sus responsabilidades, Guardiola dejó claro que el crédito no existe en fútbol, sino que te lo tienes que volver a ganar. Y a eso salieron uno y otro.

El gol de Cristiano, regalito de Pinto, justificó un tiempo a Mou. En el marcador, pero no en el juego, donde el Madrid fue vulgar y acomplejado. Los goles de Puyol y Abidal, paradójicamente dos defensas, dejaron en evidencia una vez más el entramado de un técnico menor cuando se trata de ser mejor. Nadie dio su once porque nadie se lo podía imaginar. No, tratándose del Madrid y el Bernabéu.