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El Barrio Rojo de Amsterdam se viste de naranja para la final

Miles de holandeses y cientos de turistas españoles se echan a las calles mientras cristianos radicales maldicen a la “naranja mecánica” por jugar en domingo.

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Amsterdam está preparada para vivir su puesta de sol más naranja. Banderas, pelucas, sombreros, pulseras o camisetas -oficiales, diseñadas para la final o falsificadas, poco importa- inundan las calles de una ciudad conquistada a medias por seguidores de la selección y turistas. 'Ganaremos a España y lo festejaremos a lo grande', confía Mark, camarero en un bar cercano a la plaza Dam, uno de los puntos neurálgicos de la ciudad. Según él, la mecha de la fiesta no se apagará hasta el amanecer, aprovechando el combustible guardado durante las dos últimas finales (1974 y 78) en las que Holanda se quedó a las puertas de la victoria.

Rotterdam, La Haya o Amsterdam tienen preparadas pantallas gigantes para seguir la final. Para la semifinal contra Uruguay, al menos 50.000 personas se concentraron en Museumplein (la plaza de los museos) de Amsterdam, donde está el popular Museo Van Gogh. Hoy se esperan varios miles más, siempre que no se repita ningún chaparrón tormentoso como el que cayó anoche, durante un Alemania-Uruguay que también se vivió con pasión.

Toda Holanda está preparada para hacer historia... o casi toda. Para el concido como Cinturón Bíblico, varios pueblos de protestantes ultraconservadores que se reivindican 'verdaderos herederos de Calvino', que Holanda haya llegado a la final ha supuesto un nuevo cisma. El predicador de Elburg ha llegado a rezar por una derrota de la selección nacional como venganza contra tres bares de la localidad que se han atrevido a desafiar la prohibición de encender la televisión en domingo.

'Sea discreto si gana su equipo', recalca Mark, el camarero, consciente de que en Amsterdam el rojo y el naranja son colores diseñados para odiarse. Pese a ello, en la ciudad hay cientos de españoles de vacaciones. Algunos pasan desapercibidos, otros cantan ‘de paisano' alguno de las canciones de apoyo al equipo de Vicente del Bosque y otros, los menos, se atreven a vestir la roja o a envolverse en una bandera española.

'No podemos no ganar y hasta los propios holandeses reconocen que somos mejores'

Es el caso de Chechu y Óscar, estudiantes de Magisterio en Educación Física y una ingeniería, que ayer se paseaban por el Barrio Rojo (también teñido de naranja) ante la atenta mirada de los vecinos de la ciudad. 'Tres cero', vaticina Chechu. 'No podemos no ganar y hasta los propios holandeses reconocen que somos mejores'. Tanto él como sus amigos están en Amsterdam de paso en un viaje que comenzó en Santiago de Compostela y que los llevará a ver la final a otra ciudad enemiga: Berlín. 'Queríamos quedarnos, pero los hoteles son muy caros y no nos da el presupuesto', lamenta Óscar. Mientras posan para la foto, levantan las manos y agitan las banderas, una de ellas con toro incluido. En cuestión de segundos, varios holandeses se unen para hacer patria y contrarrestar a los españoles. Al enemigo, ni el agua de los canales. Aunque en el ambiente, a unas horas de la gran cita, no hay tensión sino fiesta, uno de los espontáneos holandeses advierte de que durante la histórica cita no habrá concesiones, sino mucho fútbol y una lucha feroz por el título. Sin perder la sonrisa, se pierde por una de las callejuelas llenas de escaparates y sexo. 'See you tomorrow!' (¡Nos vemos mañana!), grita.