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Bielsa sacude al Atlético

El ritmo infernal del Athletic destroza al apático y desnortado equipo de Manzano

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Más allá de orden, estrategia y protagonismo, Bielsa es un revolucionario. Porque eleva hasta el infinito las revoluciones a las que juegan sus futbolistas. Sucedió con Chile -España sudó para doblegar a la selección suramericana antes de proclamarse campeona en el Mundial del año pasado- y sucede con este Athletic. El conjunto bilbaíno impone tal ritmo que, hilvane o no fútbol, está en alerta permanente para saltar sobre la yugular del rival. Sobreexcitados, los pupilos del entrenador argentino aparecen aquí y allá, sacan de quicio a una marmota y, claro, acaban por desquiciar al contrario, que se ve abocado a elegir entre sufrir un ataque de ansiedad o cometer un fallo. Y el actual Atlético no está para sobresaltos. Vive en el desasosiego que conlleva la indefinición. Prácticamente al borde del estallido de un motín contra Manzano.

El entrenador rojiblanco no da con la tecla. Y no será porque no interpreta cada día una partitura distinta. Rota sin cesar en las alineaciones, una práctica que desconcierta al entorno del club y, sobre todo, mina la confianza de los jugadores.

Más allá de orden y protagonismo, Bielsa es un revolucionario

Reyes, titular pero sustituido en el minuto 57, abandonó el césped mascullando pestes y, una vez sentado en el banquillo, recitó una diáfana retahíla de improperios y gestos inequívocos contra el técnico andaluz. Domínguez, otro de los inexplicablemente castigados, tuvo la honestidad de enfriar los ánimos de su excitado compañero. Un poco más a la izquierda, Adrián, también purgado por el entrenador sin que nadie se lo explique, rumiaba en silencio el desastre que se avecinaba.

Dominador absoluto -excepto un primer cuarto de hora prometedor del Atlético-, el Athletic no hallaba el gol. Bielsa, lanzado, decidió dar una vuelta de tuerca. Extraña y genial a la vez. Puso en cancha a Toquero y envió a la ducha a Muniain, la joya deslumbrante y en forma de San Mamés. Bajo el aguacero, los aficionados se miraron incrédulos unos a otros. Pero no dijeron ni mu. Esperaron. Y como premio a la confianza, apenas cuatro minutos después llegó el primer tanto.

Este dubitativo y débil Atlético baja los brazos antes de recibir el primer golpe

Y a partir de ahí, el vendaval. Más por demérito del Atlético, que baja los brazos antes de recibir la primera bofetada, que por ensañamiento de los vizcaínos. El Athletic hizo lo que sabe desde tiempo inmemorial, apretar la salida del contrario, buscar las bandas, mirar hacia adelante y bombardear el área, todo ello al ritmo infernal serigrafiado por Bielsa en la centenaria camiseta bilbaína. Y, claro, los colchonero se derrumbaron.

Manzano, abatido y bloqueado, tardó en hacer los cambios. Y los realizó sin ton ni son, al bulto. Con la mirada perdida, pendiente de reojo de un banquillo a punto de la rebelión, el entrenador cuya llegada en verano tanta desilusión sembró, parece sobrepasado por el enésimo derrumbe de un club sin cabeza. Precisamente a base de testarazos, Llorente y Toquero, le sacudieron a base de bien.

Athletic: Iraizoz; Iraola, Ekiza, Amorebieta (San José, m. 17), Aurtenetxe; Javi Martinez (Ander Herrera, m. 46); Susaeta, Iturraspe, De Marcos, Muniain (Toquero, m. 64); y Llorente.

Atlético: Courtois; Silvio, Miranda, Godín, Filipe Luis; Assunçao, Gabi; Reyes (Salvio, m. 57), Diego (Koke, m. 80), Arda (Pizzi, m. 71); y Falcao.

Goles: 1-0. M. 68. Miranda pierde el balón, Susaeta pasa a Llorente, este dispara y el balón, tras rebotar en Filipe, acaba en gol. 2-0. M. 70. Contragolpe de Toquero por la derecha, centro al área y cabezazo impecable de Llorente. 3-0. M. 75. Falta que bota Ander Herrera desde la izquierda y cabezazo de Toquero a la red.

Árbitro: Teixeira. Amarilla a Javi Martínez, Aurtenetxe, Godín, Miranda, Silvio, Ekiza y Assunçao,

San Mamés: 30.000 espectadores.