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Un blanco y un negro cuesta arriba

Eddie, mi casero, es un sabio, a veces pienso que es un buda negro 

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Eddie, mi casero, me invitó a dar un paseo a las siete menos cuarto de la mañana. A las seis y media estaba en pie. Él siguió durmiendo hasta las siete. 'El tiempo es relativo en África', me dijo sonriendo. Eddie es un sabio o al menos a mí me lo parece. Su discurso es pausado. A veces pienso que hablo con un hippie o un buda negro. Yo le saturo a preguntas sobre los tiempos del apartheid, de Mandela, de cómo se siente un negro que ha progresado mucho en el escalafón social en un país que hasta hace nada los tenía acogotados. Él me ametralla con preguntas de fútbol. Lo quiere saber todo. Cómo es Capello, por qué Brasil juega tan mal, por qué no está Ronaldinho, qué le pasó a España con Suiza...

Camino por los alrededores de Hyde Park con Eddie. 'Es la hora de los trabajadores', me dice. Con nosotros se cruzan mujeres que tienen pinta de ser domésticas de las lujosas casas que dejamos a los lados. Me siento orgulloso de caminar junto a Eddie. Hombro con hombro, aunque a veces me tenga que corregir por mi costumbre de circular por la derecha por el asfalto. Creo que hemos adoptado un rol de padre e hijo, aunque yo ya estoy crecidito y él bastante tiene con los suyos.

Me ametralla con preguntas de fútbol y yo a él con Mandela

Caminamos jadeando por una cuesta de un par de kilómetros. Un negro y un blanco contándose su vida cuesta arriba, lo que puede ser una metáfora o una simple jodienda orográfica. El opulento barrio de Sandton es testigo mudo de nuestro cruce de inquietudes. Hay quien nos mira con cara de extrañeza. ¿Dónde van estos dos?, parecen insinuar sus miradas. Otros, nos dan los buenos días sonrientes.

Eddie suda y se le nota más que a mí por el brillo sobre su piel. '¿Qué pasa Eddie, voy a ser el primer blanco con más resistencia física que un negro? ¿Quieres hacer historia?', le vacilo. Eddie se ríe. 'Aquí, el sudor fue siempre de los negros, no lo olvides', me corta con esa sabiduría irónica que son cañonazos de rotundidad. El tipo sigue caminando como si nada, pero es capaz de resumir en una sola frase un siglo.

Fin de trayecto. Nos recibe Joyce, su esposa. 'Eddie, ¿has sudado más que él? A él no se le nota. Mañana deberíais caminar más', le abronca. Eddie asume. A veces, el poder del hombre también es relativo en África.