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Brasil golea con alma italiana

Un córner y dos contragolpes de libro acaban con el atrevido planteamiento de Bielsa, que volvió a los tres defensas

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A Dunga no le importan los partidos trabados. No se rompe la cabeza destripándolos con la pelota. Le da igual el juego, que pasen los minutos y su selección no se sienta dominadora de los partidos. Brasil gana con bofetadas de realidad. Un córner o un contragolpe. Está por encima del juego o de los porcentajes de posesión. Al final del partido, Dunga mira el marcador y ve que ha ganado.

Agacha la cabeza, mete los manos en los bolsillos de su abrigo negro y se marcha camino del vestuario con la sensación de que ha hecho lo que tenía que hacer. Ha dado un paso más para su objetivo: el sexto Mundial para Brasil. Le contrataron para ello. El estilo le importa muy poco a Dunga, pero la eficacia es innegociable. Este Brasil asume que la lírica es de otro tiempo, pero que el valor gol es incuestionable, que permanece inalterable en todas las épocas.

Probablemente, si levanta esta Copa del Mundo, Dunga abandonará el cargo y dirá que venga otro, que él ya cumplió con la historia engordando las vitrinas. Otra cosa es el respeto a otros tiempos más musicales y filigraneros. Pero eso le importa muy poco, nada. Eso explica que Kaká tenga fases en las que bracea y mete el pie más que juega. Es un soldado más que sólo tiene libertad cuando la pradera se le abre en un contragolpe.

Hay un Brasil antes de marcar y otro después de dominar el marcador. El primero es timorato, italiano. Un juego constante de equilibrios defensivos. Este lunes le faltaban Elano y Felipe Melo en la alineación. La solución fue Alves y Ramires de escoltas de Gilberto Silva. Menos imponentes por planta, pero de más kilómetros y más elásticos tácticamente.

Metido al medio, Alves ejerció de interior con solvencia en los primeros minutos. Era el único que buscaba el toque corto entre la maraña que diseñó Bielsa, que fue más atrevido que sus jugadores. Volvió a jugar con tres en el fondo justo contra el rival que le hizo cambiar el dibujo durante la fase de clasificación. Enterró aquel 0-3 de Santiago y le ganó el centro del campo a Dunga.

Carmona lo manejaba a su antojo con la ayuda de Vidal e Isla. El problema estaba en la falta de pausa. Bielsa prescindió de su volante de creación más cualificado, Valdivia y Chile lo acusó. A Beausejour, a Alexis Sánchez y a Suazo les pudo el vértigo y la mística de la camiseta que tenían enfrente. Condenaban todo el trabajo que se hacía por detrás de ellos queriendo resolver en pocos pases.

El partido era de Chile a lo ancho, lo que le preocupa muy poco a Dunga, que juega a noquear por la vía rápida, no a bailar. El primer golpeo fue directo y seco. Un córner. Un cabezazo a la escuadra de Juan. Sin nada, Brasil ya había hecho mucho. Por delante en el marcador, apareció su otra cara que tanto intimida.

Una selección que aniquila al contragolpe porque tiene futbolistas que las conducciones en velocidad avasallan. Robinho ejecutó una de esas ingobernables carreras, Kaká la pausó con un toque a Luis Fabiano y éste, también a la carrera, sentó a Bravo. En movimiento y a la contra se construyen los sueños de campeón de Dunga.

El tercer tanto fue una fotocopia del segundo. Chile durmiendo en el ataque su desesperación mientras Ramires partía por la mitad del despoblado centro del campo hasta que divisó a Robinho, que no perdonó. Otra contra cuando Brasil no era dueña del partido. Pero le da igual. Hace que duerme. Se deja hacer hasta que mata. ¿Quién dijo que Italia se fue?

Brasil: Julio César; Maicon, Lucio, Juan, Bastos; Alves, Gilberto Silva, Ramires; Kaká (Kleberson, m. 80); Luis Fabiano (Nilmar, m. 75) y Robinho (Gilberto, m. 84)

Chile: Bravo; Jara, Fuentes, Contreras (Tello, m. 46); Isla (Millar, m. 61), Vidal, Carmona, Beausejour; Alexis Sánchez, Suazo y Mark González (Valdivia, m. 56)

Goles: 1-0. M. 35. Juan, de gran cabezazo a la escuadra tras córner sacado desde la derecha por Alves. 2-0. M. 40. Robinho conduce una contra por la izquierda, toca para Kaká y este desde la medialuna asiste a Luis Fabiano, que marca tras sentar a Bravo. 3-0. M . 58. Robinho culmina una contra llevada por Ramires.

Árbitro: Webb, de Inglaterra. Mostró tarjeta amarilla a Kaká, Fuentes, Vidal y Millar.

Ellis Park de Johannesburgo: 54.096 espectadores.