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Un Busquets que sobraba

Analizamos uno a uno a los jugadores  de la roja

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ESPAÑA
Casillas

No tuvo trabajo ni culpa. Vivió el partido desde lejos. Nada exigido, perdió el mano a mano del gol con Derdiyok, pero llegaba vendido.

Besó la pelota cuando le pitaron la primera falta, en ataque. Pero el sortilegio no le resultó. Intrascendente en sus subidas por el carril derecho, por donde Suiza había concedido su mayor agujero.

Midió mal el peinado del balón en el saque de puerta que mató a España. No fue un partido para la defensa.

Junto con Ramos, el único de la roja que jugó con manga larga. Tuvo la gran oportunidad de España cuando el partido dormía. La malogró después de un buen recorte. Inició las jugadas y se incorporó al ataque. En el gol, tapó a la desesperada.

No aprovechó el ligero agujero que tenía para subir. Cuando lo hizo, no logró arrancar desequilibrio.

Sobraba. Suiza no demandaba un centrocampista específico de contención, especialmente si Xabi Alonso se basta para hacer las dos funciones. Perdió el salto con Nkufo en el saque de puerta que mató a España.

Harto de que no pasara nada, se atrevió a tirar desde el fondo a los 20 minutos. Señal de que no le dolía. Intentó el desborde, pero no se fue nunca. Puso intención en algún pase, pero nunca venció. Tuvo que irse antes de tiempo lesionado. Está gafado.

Dejó un tiro al larguero con toda el alma. Intentó mover al equipo de lado a lado, ofrecerse siempre, pero tampoco logró desordenar a Suiza. No acertó a meter una velocidad más al juego de España.

Participó mucho, aunque siempre vigilado, pero no hizo nada deslumbrante. Si la selección juega al ritmo que Xavi quiere, ésta vez fracasó. Muy lenta y anodina en el primer tiempo, cuando tocaba ganar el partido.

El más móvil durante la primera hora de juego, buscando hueco por donde rasgar la defensa rival. Pero su esfuerzo fue una batalla inútil. No ganó ningún combate individual ni sorprendió jamás.

Muy solo todo el rato. Le costó encontrar huecos para irse de los armarios que le pusieron delante.

Su salida fue un chispazo más anímico que otra cosa. Puso la grada de parte de España porque los surafricanos le adoran. Pero no está aún. Metió mordiente, pero el balón y sus piernas nunca se pusieron de acuerdo.

El mejor. Su salida hizo creer a España que la remontada era posible. Insistió e insistió por su costado y arañó desbordes, centros y hasta disparos.

Intrascendente. Le tocó sustituir a Iniesta pero no supo sacar a España de su depresión.


Se mostró correcto siempre que el partido se lo demandó. Le sacó una remate franco a Piqué y arañó los minutos de calma necesarios cuando España empezó a tocar la corneta.

Un simple salto de cabeza, tan sólo para tocar el balón en un saque de puerta, decidió el partido. Ofreció su musculatura. Para chocar, para presionar y para ganar ese salto.

Marcó el gol, con fortuna, por acompañar. Dedicó el partido a defender, a incordiar la creación española.

Desde su soledad, metió en líos a España las pocas veces que Suiza atacó. Dio el pase del gol y firmó una jugada brillante.