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Los caballos de carreras son cada vez más rápidos

La mejora se mantiene sobre todo en las carreras cortas de velocidad y detrás de este fenómeno puede estar la selección genética de las últimas décadas

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Escena de una carrera nocturna retransmitida por RTVE en el Hipódromo de Madrid, ahora cerrado./ RTVE

Escena de una carrera nocturna retransmitida por RTVE en el Hipódromo de Madrid, ahora cerrado./ RTVE

Los caballos de carreras corren cada vez más deprisa, sobre todo en los trayectos cortos, han encontrado los autores de un análisis estadístico realizado sobre datos que abarcan más de siglo y medio. Estos resultados desmienten otros anteriores y la sensación común en la industria ecuestre de que los purasangres, tan valorados económicamente, han llegado a su límite físico. Los estudios anteriores se basaban en una cantidad de datos mucho menor.

La carrera de velocidad Golden Slipper, de 1.200 metros, que se celebra en Australia para potros de dos años, tiene una bolsa de premios de 3,5 millones de dólares australianos, por lo que los resultados de estudios como este representan mucho más que meras curiosidades. Esta distancia se podría considerar el equivalente a los 100 metros lisos en el atletismo pero también existen, en los hipódromos, carreras de más de tres kilómetros. El ganador de una de más largas, la Melbourne Cup, también en Australia, de 3.200 metros para mayores de tres años, recibe más de 3 millones de dólares australianos.

Desde 1850 la velocidad de los caballos de carreras ha aumentado mucho, pero no de forma lineal. Se produjo un aumento significativo desde finales del siglo XIX a 1910. Hasta 1975 no empezó otra etapa de mejora, que fue todavía mayor que la anterior. En el último periodo esudiado, desde 1997 hasta 2012, el incremento se centró en las carreras cortas, en las que fue, de media, de un 0,11% anual. De esta época se dispone de datos muy completos, que se refieren a todos los caballos que corren y no solo a los ganadores de las carreras.

Habrá que investigar más para conocer la causa de este aumento en la velocidad, porque entran en juego muchos factores, que a lo largo de la historia han incluido la técnica que utilizan los jinetes para montar los caballos. En el último cuarto del siglo XX se generalizó, por ejemplo, la postura del pionero Lester Piggot; sin embargo, también se introdujo la globalización en la industria de cría de los purasangres, lo que pudo significar una mejora genética por la importación y exportación de ejemplares, y aumentaron los pesos que llevan los caballos para igualar las posibilidades (hándicap).

“Se está produciendo una mejora en la población general, pero especialmente en las carreras cortas” indican Patrick Sharman y Alastair Wilson, de la Universidad de Exeter (Reino Unido), autores de la investigación publicada en la revista Biology Letters. En las carreras de velocidad media y larga distancia esta mejora es mucho menor. “Para determinar si el aumento de la velocidad se basa en una respuesta selectiva basada en la genética será necesario un análisis genético más detallado”, señalan los científicos. La razón de que la mejora se centre en las carreras cortas puede estar en que los criadores favorecen en las últimas décadas la velocidad frente a la resistencia, más importante en las carreras largas.

Las carreras de caballos como deporte tienen una larga historia y la selección y cría se ha convertido en toda una industria que mueve mucho dinero en el mundo. Sin embargo, los caballos de carreras, base de la industria, siguen siendo seleccionados sobre todo por condiciones con un gran factor de incertidumbre inherente, aunque se basen en la herencia genética.

Para obtener ejemplares con las mejores condiciones para correr en las distintas modalidades los criadores hacen cruces entre machos y hembras con determinadas cualidades: historial en las carreras, pedigrí y características anatómicas. El mérito genético se supone en un caballo si sus parientes cercanos tienen aptitudes para correr aunque éste no corra por enfermedad o accidente.

Sin embargo, los estudios indican que los factores genéticos suponen solo un 30% del rendimiento en las carreras. La nutrición, el entrenamiento y la superficie de la pista son otros factores a tener en cuenta. El análisis genético de cada ejemplar se está introduciendo lentamente en la industria, aunque empresas como Equinome aseguran que se puede saber desde que es un potro si el caballo va a ser mejor en velocidad o en resistencia, qué altura alcanzará y las probabilidades de que llegue a lo más alto en un deporte muy competitivo. La científica irlandesa Emmeline Hill, cofundadora de la empresa, comenta en 'The Irish Times' sobre el aumento de velocidad de los caballos de carreras: “Análisis anteriores han mostrado que la contribución genética (heredabilidad) es mayor en las carreras cortas que en las de mayor distancia, así que es muy posible que la mejora genética haya tenido efecto sobre la velocidad como resultado del mayor interés reciente de este deporte por las carreras cortas y más veloces”.