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El campeón de las sonrisas y lágrimas

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Hasta ayer, se había quedado a las puertas de casi todo. De los títulos fue casi campeón de 125cc (2001) y también de 250cc (2003) y su gloria; de la fama de su generación Pedrosa y, especialmente, de la suerte. Porque Toni Elías (Manresa, 1983) suma grandes adjetivos a su pilotaje, tantos como horas de sufrimiento, trabajo y perseverancia ante el dolor. Acci-dentes, operaciones, días de hospital y muchas horas de rehabilitación que han madurado al piloto tanto como a la persona.

Nieto e hijo de pilotos (su padre Toni con once títulos y su tío Jordi fueron los reyes del motocross nacional durante años), el manresano estuvo a punto de dejarlo todo en 2007, tras un espeluznante accidente en Assen que le destrozó la pierna. Un podio en Japón y su incipiente afición por la lectura, el libro de autoayuda que le regaló su madre Mei tras el accidente fue el primero que leyó en su vida, le desviaron de su decisión de colgar el casco. En esas páginas, Elías encontró el lema ('al final, picando piedras se consiguen las cosas' bajo el que consiguió ayer su primer título mundial. El primero en el palmarés de Moto2, el escenario que le ofrecía a Elías la posibilidad de reivindicarse ante una abultada parrilla (40 pilotos), todos con el mismo motor, todos con el mismo hambre de títulos.

El manresano ha completado la mejor temporada de su carrera, con triunfos en Jerez, Le Mans, Sachsenring, Brno, Indianápolis, San Marino y Japón. Un verano mágico con cuatro victorias sucesivas vertebran el gran logro de un piloto de imposibles derrapajes. Porque Elías sigue colgándose de su moto a la usanza del incipiente piloto de motocross que fue en sus inicios. Una forma de ser que le inculcó su padre desde que, con un año, le montó en una moto eléctrica de tres ruedas.

Las minimotos fueron luego su escuela de aprendizaje. Luego probó con las scooters hasta que en 1998 debutó con una Yamaha 125GP en el Campeonato de España. Fue 23º y al año siguiente se clasificó tercero, lo que le permitió su primera incursión en el Mundial como wild card en Jerez y ese mismo año sumó sus primeros puntos en el Mundial en Cheste al acabar 14º. 2000 fue ya su primera temporada en el Mundial de 125cc. Un año después se hizo un hueco en la estructura de Alberto Puig, en el MoviStar Junior Team, junto a Olivé y Pedrosa.

Su primer podio del Mundial llegó en Le Mans. Fue el punto de inflexión en su carrera deportiva. Luego, fue segundo en Montmeló y en Assen dio con la victoria soñada. Elías entró entonces de lleno en la lucha por el título, pero una desafortunada caída en Japón le impidió dar con la tecla del éxito. En tres años pasó de competir en carreras nacionales a liderar todo un Mundial.

Se convirtió en la gran sensación del momento y puede que entonces le llegaran las urgencias. Así que en 2002 dio el salto a las 250cc, en una estructura dirigida por Aspar. Acabó cuarto. En 2003 pudo conquistar el título, pero de nuevo la mala suerte le bajaron al tercer puesto. Al año siguiente, con Honda, fue cuarto y sin más demora hizo el gran triple mortal hacia adelante para aterrizar en MotoGP.

Cinco años, cuatro equipos diferentes y un solitario triunfo en Estoril 2006 resumen su periplo en MotoGP, donde su mejor resultado global fue la séptima posición del año pasado y aquella inolvidable carrera en Estoril (2005) en la que superó en el mano a mano a Rossi por milésimas en meta.

Su gran secreto es su familia, asegura la sonrisa perenne del paddock. Un aspirante a ciclista que idolatra a Armstrong, que aprendió de las carreras de Wayne Rayne y que tiene como gran mito a Senna. En otra época, le hubiera gustado ser gladiador. Ayer, en la arena de Sepang venció a todos los leones.