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El campeón que ve más allá de las cunetas

Loeb, ocho títulos en rallies, supera a Schumacher y a Rossi

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El secreto de Sébastien Loeb (37 años) no son sus ágiles y precisas extremidades. Ni siquiera la veloz coordinación entre manos y pies. La clave de sus ocho títulos mundiales de rallies consecutivos el último rubricado en Gales este fin de semana es una base deportiva poco habitual en los pilotos y unas capacidades físicas portentosas e inusuales.

Marc Germain, osteópata personal de Loeb, desvela que este 'posee una excelente coordinación entre el oído interno y los ojos. Tiene una gran capacidad de sentir en todo momento su posición en el espacio'. Fruto de ello, o como complemento vital para ejercer su arriesgada profesión, el francés acredita una espectacular agudeza visual del 140 por ciento (14/10). Es decir, una descomunal visión periférica que le permite barrer las cunetas y adelantar unas preciosas milésimas los giros, derrapes, frenazos y demás maniobras al límite.

El galo, gimnasta en su juventud, posee una excepcional visión periférica

'Si Michael (Schumacher) es una excepción, Sébastien es otra', opina Vettel, bicampeón mundial de F1, cada vez que le preguntan por Loeb. La mayoría de los pilotos de la máxima categoría del automovilismo siente una mezcla de admiración y sana envidia por los compañeros que se juegan el tipo en carreteras secundarias de medio mundo. 'Soy un gran fan de los rallies. Si corriera, creo que me superaría la adrenalina que emiten esos chicos', añade el alemán.

La referencia de Vettel a su paisano Schumacher no es baladí. La barrera de la excelencia universal en los deportes de motor la marcaban hasta el sábado el propio Michael y otro mito, Valentino Rossi, ambos con siete títulos en F1 y Moto GP (antes 500 cc), respectivamente. Loeb les ha adelantado y tiene contrato con Citroën hasta finales de 2013. Y ya ha insinuado que no estaría nada mal alcanzar la cifra redonda de diez coronas.

Tiene contrato con Citroën hasta 2013 y sueña con ganar en Le Mans

Otra de las ventajas del francés se esconde en su pasado deportivo. Hijo de un profesor de gimnasia, sus primeros pasos competitivos los dio precisamente en esa disciplina. Ganó varios torneos de Alsacia, su región natal y, sobre todo realizó un trabajo que le permite tener unos músculos fuertes y flexibles, algo fundamental al volante.

Cansado de la gimnasia, su pasión siempre olió a gasolina. Llegó a correr en motos, pero al no contar con el apoyo familiar tuvo que buscarse un oficio. Estudió electricidad, comenzó a ejercer y se compró un pequeño bólido de calle de la época, el mítico Renault Super5 GT Turbo. Tanto exprimió los 120 CV del pequeño utilitario, que el primer juego de neumáticos apenas le duró 2.500 kilómetros (lo habitual es cambiarlos cada 40.000 km).

Tras pasar por diferentes categorías, en 2002 aterriza en el equipo Citroën oficial, donde tiene como compañeros a dos excampeones mundiales de la talla de Carlos Sainz y Colin McRae. Sébastien deslumbra en Montecarlo y logra su primera victoria en Alemania.

Desde entonces ha pulverizado todos los récords: victorias, mejores tiempos en los tramos e incluso títulos. Y ya tendría nueve si en 2003 el jefe de equipo no le ordena frenar para asegurar el campeonato de marcas. Fue subcampeón tras Petter Solberg (Subaru) y desde entonces ya no ha dejado ni las migajas. De momento, anuncia que sigue en la carretera, pero su sueño es ganar las 24 Horas de Le Mans.