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El último canto del cisne desterrado

El argentino Héctor Cúper dirige a Georgia

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En Tiflis, se notan los efectos de la guerra, de aquellos días de agosto del miedo repentino. Hay marcas aún de aquel conflicto, pero el pánico ya se ha marchado de esta ciudad multicultural en la que vive Héctor Cúper (Santa Fe, 1955). Es el seleccionador del equipo nacional, al que la Federación Georgiana de Fútbol envió una pregunta este verano: ¿sería posible clasificarnos para el Mundial de Suráfrica? 'Tengo que verlo', contestó Cúper.

A los 52 años, no ha perdido el ilusión por el fútbol. Sus últimos trabajos han sido muy decepcionantes. La pasada temporada fue destituido en dos equipos (el Betis, en España, y el Parma, en Italia), pero Cúper jamás se da por vencido. Era lo que se apreciaba de él en sus tiempos de defensa central en Ferrocarril Oeste, donde lo llamaban El Cabezón.

Héctor interpreta el fútbol de la misma manera que lo hacía en los buenos tiempos cuando perdió una final de la Recopa con el Mallorca y dos de la Champions con el Valencia. 'Hay que aguantar el dolor y esperar la revancha, porque esta circunstancia siempre se da en el fútbol'. Su revancha está en Georgia, en la costa oriental del Mar Muerto, alejado de su familia, que se mantiene en la residencia de Palma. Es como un exilio, la única solución que le quedaba porque, según su representante, 'no tuvo ninguna otra oferta'.

Incluso recuerda que Cúper estuvo a punto de llegar a Tiblis el mismo día en el que los aviones rusos bombardearon los aeródromos militares de la ciudad. 'Pero suspendimos el viaje de casualidad'.

Hoy la situación ya se ha corregido, pero la ciudad en la que firmó Cúper hasta 2010 era una de las más inseguras del mundo. Quizá eso significa aún más su incorregible personalidad, capaz de desplazarse hasta territorio comanche. El dinero no fue su inspiración. Él tiene una posición cómoda como para necesitar de esta clase de aventuras. Pero el hombre sueña con demostrar que su ciclo no pasó.

Llegó a Georgia y advirtió de que 'no hay que descartar nada, porque el fútbol hoy en día está muy nivelado'. Pero después de los primeros partidos la selección, ya juega contrarreloj. La derrota más dolorosa fue la primera, quizá la más importante ante la República de Irlanda, un rival de su talla. Entonces jugó en el exilio de Magunga (Alemania). Hubo disculpa, pero el problema es que en el balance final no valorará las disculpas. 'La guerra está en la cabeza de mis jugadores', admitió el técnico ese día. 'No es fácil pensar únicamente en la pelota'.

Georgia es otro mundo para Cúper, uno de los entrenadores más perseguidos al inicio de esta década. Trabaja con futbolistas sin tanta publicidad. Algunos son buenos, como Kaladze (una referencia en el Milan), Mchedlidze (el talento del Palermo) o Iashvili, el delantero del Kalsruhe que le ha pedido mentalidad de equipo 'y usted debe transmitírnosla'. En esto Cúper es un artista. O, al menos, lo fue.

Pero el argentino es feliz allí y tampoco tiene problema con el idioma, porque maneja un inglés muy correcto. El entorno aprecia su pasado. Y, sobre todo, le ha concedido la oportunidad que necesitaba para demostrar que su mensaje no se ha agotado. A veces sólo es cuestión de insistir.