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Capel juega a otra cosa

ESPAÑA 1 - BOSNIA 0. La individualidad del extremo altera el espíritu colectivo del toque de los campeones. Villa falla un penalti, pero se rehace con un gol casi sin ángulo. Del Bosque gana en su estreno oficial&n

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Bajo la apariencia de apostar por la continuidad, fingiendo la reproducción del plan B de Luis (los cinco centrocampistas juntos cuando uno de los delanteros principales está fuera de combate), España se transformó radicalmente. Para mal. Y todo porque Silva no es Capel. El rubio del Sevilla es un acaparador de la pelota, un experto en llevar el partido a su terreno, un cortocircuito permanente para el juego de toque. O sea, un enemigo del juego de la España campeona.

El primer tiempo, con Bosnia apelotonada junto a su área y el balón en exclusiva de España, fue un monólogo de Capel. Tarde o pronto, en algún momento de la clásica circulación horizontal de la selección, la pelota caía en sus zapatos. Y ahí se acababa la jugada: Capel se abrochaba el esférico al pie y corría y conducía y driblaba y la perdía y forzaba una falta. Cuando se iba al suelo, pegaba un grito desgarrador y torcía el gesto como si acabara de recibir un disparo. Todo muy teatral y, según algunos cálculos, también muy efectivo, porque España arañaba libres directos en las proximidades del área y los bosnios coleccionaron tarjetas enseguida. Pero del juego encantador que dio un nombre a este grupo de jugadores, nada de nada.

Xavi intentaba corregir el matiz con pases profundos sobre Villa, pero entre la pericia de los defensas bosnios y la fragilidad del linier de turno, el intento de combinación siempre le sorprendía en fuera de juego. Marcos Senna buscó otro camino, el remate de larga distancia, pero el larguero no le echó un cable.

La vía Capel arrancó un penalti muy cerca del descanso. Muratovic entró con los ojos cerrados a un balón dividido dentro del área y la sobreactuación del sevillano hizo el resto. Pero Villa mandó fuera el regalo. Toda una paradoja: Capel era el más activo, el más productivo, alguien cantará incluso que el mejor y, sin embargo, era el principal problema del equipo.

España mejoró en la segunda parte. Xavi se puso los galones y encontró una buena solución. Se aumentó la velocidad de la circulación, el toque a la primera y se venció el juego hacia la derecha, por donde asomaron Iniesta, Ramos y Cesc. Sin las interrupciones de Capel, el peligro empezó a asomar por la vía favorita. En una de las combinaciones, el linier se hizo por una vez amigo de Villa y le dejó correr un excelente pase de Cesc. El asturiano resolvió como los grandes, con un quiebro seco al portero y un preciso remate sin ángulo apenas.

Bosnia, que había dado un par de sustos en el primer periodo, no supo ya levantarse. Era poco rival con el empate. Y mucho menos tras el 1-0. España conservó la posesión absoluta del juego, pero con la tranquilidad añadida de mover la pelota ya sin urgencias. Se fue capel, entró Cazorla y asomaron los mejores minutos de juego, muy próximos ya a los triunfales del verano: el toco, toco, toco, me muevo y llego. Así una y otra vez.
La fiebre ganadora de España se mantuvo a salvo. Tuvo la pelota siempre y se quedó los primeros tres puntos. Pero el juego fascinante apareció muy tarde. De momento, la aportación personal que se reservó Del Bosque, el regreso a los extremos, ha desmejorado lo que había. Capel obliga la reflexión.