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Carlos Soria: "Seguiré mientras tenga ganas, y las voy a tener siempre que cuente con un poquito de fuerza"

A sus 77 años, el alpinista español tiene como reto completar los 14 ochomiles. Próxima parada, el Dhaulagiri en el mes de abril.

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Carlos Soria con el Annapurna de fondo y los fuertes vientos en su cumbre.

“Madrugo mucho, me levanto antes de las siete de la mañana, y sobre las ocho salgo a entrenar. Hoy, por ejemplo, he hecho cuestas en un cerrito que hay aquí al lado de mi casa. Después condición física, equilibrio, pesas… de todo un poco, y luego unos estiramientos hasta las 12.30”. Así arranca nuestra conversación y el día de Carlos Soria (Ávila, 1939).

Hablamos de un miércoles cualquiera antes de que se produzca nuestro encuentro para charlar sobre todo lo que van a leer a continuación, y añade: “No entreno todos los días lo mismo, mañana haré 68 kilómetros en bici de carretera, que es la que me gusta a mí para entrenar, pasando por un pequeño puertecito al lado del Cerro de San Pedro. Lo haré temprano, y después un poquito de preparación física y estiramientos. También hago escalada, no mucha ya en roca, pero sí andando. Suelo ir a La Pedriza, hago la Pared de Santillana y entre llegar, subir y bajar son casi cinco horas. Yo no corro, pero cuesta arriba troto un poco, llevo bastones e intento forzarme al máximo”. No olviden que este ‘personaje’ -reconoce que así le llaman en casa- tiene 77 años.

Carlos vive en Moralzarzal, un pueblo de la sierra madrileña de Guadarrama, desde que se jubiló hace ya doce años. “Yo he sido tapicero toda mi vida, y eso que desde los 11 a los 14 años fui aprendiz de encuadernador, llegué a encuadernarme El Quijote y todo”, cuenta con orgullo. “A partir de los 14 me metí en la tapicería, mi familia tenía que ver con ello, mi padre lo era, mi tío también y a mí me ha ido muy bien en el negocio. He tenido mi taller artesanal e hice cosas muy interesantes”.

Habla con un profundo cariño sobre su recorrido, palabras de quien no se arrepiente de las decisiones tomadas ni del camino elegido hacia la cima –nunca mejor dicho–. “Ahora sí que se puede vivir de la montaña, hay muchos guías y profesores, se organizan muchas salidas con gente, así que ahora los hay que viven de la montaña. Antes no se podía, esto en mi época solo ocurría en países de más tradición como Italia y Francia. Además, ahora hay gente muy profesional que hace de guía, barrancos, esquí de fondo… Yo no me quejo, podría haberlo hecho pero creo que he vivido muy bien, en su día cuando era joven sí que es cierto que llegué a pensar que deberíamos haber creado una escuela profesional”.

La montaña como estilo de vida

Hablando del pasado es curioso observar cómo este permanece muy presente en la memoria de Carlos Soria. Infinidad de detalles que enriquecen una conversación que refleja, tras tantos años de cumbre en cumbre, que no se ha modificado en su interior un ápice de la esencia de ese primer ascenso. “Mi primera cumbre sencillita fue en La Pedriza, en la Pared de Santillana, con mi amigo Antonio Riaño. Fíjate que llevábamos una cuerda de cáñamo. Y mi primera escalada de gran dificultad fue a los 23 años, en el año 1962, hicimos la cara oeste del Dru, en los Alpes. Hasta allí he subido después tres veces más y es una montaña que me gusta mucho. También recuerdo mi primera vez en el Himalaya, fue en el año 1973, el Manaslu, entonces éramos los primeros españoles que intentábamos coronar un ochomil, aunque no lo conseguimos”.

Desde La Pedriza al Annapurna -su cumbre más reciente alcanzada el pasado mes de mayo-, pasando por aquella cara oeste del Dru en los Alpes, Nanga Parbat, Everest, Makalu… Cimas que le han permitido predicar con el ejemplo de que a la montaña no se va a sufrir, se va a disfrutar. Perspectiva de quien no ha sufrido ni un solo percance tras más de 50 años dedicados a la montaña y que permiten recordar, en su mayoría, buenos momentos.

“Mi mejor recuerdo en la montaña es el más reciente, haber llegado a la cima del Annapurna, que es una montaña muy especial y muy complicada y peligrosa que nos costó tres años. Ha habido muchísimos momentos buenos, pero siempre me quedo con el último, que es el que tengo más fresco. Recuerdos malos es cierto que tengo muy pocos, un par. El primer año que intenté el Kanchenjunga, cerca de la cumbre decidí darme la vuelta porque íbamos mal de horario y se nos había acabado la cuerda. Siguieron diez personas, y cinco se mataron a la vuelta. Aquello fue terrible, yo pensé que se iba a bajar con complicaciones, con congelaciones… Pero no que podía suceder aquello. Luego también en el año 2001 en el Himalaya, en Nepal, en el Dhaulagiri, esta montaña a la que voy a ir ahora, en una expedición con un grupo muy conocido en el que también estaban Edurne Pasaban, Mario Merelli y Pepe Garcés. Estábamos intentando subir al Dhaulagiri y Pepe murió muy cerca de la cumbre, se escurrió y desapareció (su voz se quiebra). Era un amigo, íbamos en la misma expedición y aquello fue realmente duro, ese ha sido sin duda mi peor momento en la montaña”. Cabe recordar que Mario Merelli también falleció en el año 2012 mientras escalaba en el Pizzo Redorta de su Italia natal.

Carlos Soria y su equipo escalando una rampa.

"La montaña es libertad, naturaleza, viaje, aventura... una buena parte de mi vida"

Con sus luces y sus sombras, la montaña rara vez permite errores o concede segundas oportunidades. Buen momento para encontrar su significado aplicado a un ser humano que entiende su vida como una prolongación de la misma: “La montaña es libertad, naturaleza, viaje, aventura… Una buena parte de mi vida, a parte de mi familia y mi trabajo, algo muy importante. Ahora ya solo familia y montaña, siempre he compartido la montaña con ellos. Tengo cuatro hijas, y hemos hecho montaña desde pequeñitas, y todavía les sigue gustando. Este año cuando subí al Annapurna en primavera, el 1 de mayo, coincidió con el 50 cumpleaños de mi hija mayor, y pensé entonces en lo mayor que era… Madre mía, ¡una hija de 50 años! Sigo escalando de vez en cuando y haciendo esquí de fondo con ellas. De hecho en Navidades nos iremos al Pirineo y haremos esquí de montaña y de fondo”.

Un reto por completar

A sus 77 años prepara el ascenso al Dhaulagiri -cuando lo intente el próximo mes de abril serán 78, los cumple en febrero-, una de las dos cimas que le faltan para alcanzar las 14 más altas del mundo: “Varias veces he intentado el Dhaulagiri y me he tenido que dar la vuelta, esta vez vamos a ver si tenemos más suerte con el tiempo. La mayoría de las veces lo he intentado en otoño, y por eso esta vez voy en primavera. Y la otra es el Kanchenjunga, aunque este tiene dos cumbres de más de 8.000 metros. Yo he hecho la central, pero me gustaría hacer la principal, que tiene 15 o 20 metros más. En el otoño de 2017 lo intentaré”.

"La experiencia no es importante en la montaña, y no te la da la edad, si no la coges pronto vas de culo"

De conseguirlo además se convertirá en la persona de mayor edad capaz de alcanzar dicho objetivo, algo a lo que no concede la más mínima importancia: “De récords y eso mejor no hablemos, ni los escribas, porque tengo muchos. Pero porque soy muy mayor y tengo muchísimos, no es lo importante”. Lo normal sería pensar que en la montaña, como sucede en casi todos los aspectos de la vida, la experiencia adquirida con el paso de los años se convierte en un factor diferencial. Pues bien, para Soria, nada más lejos de la realidad: “La experiencia no es importante en la montaña, y no te la da la edad, si no la coges pronto vas de culo. Como no te des cuenta rápido y desde el primer día de lo que tienes que hacer… Malo. La edad solo sirve para que se te olviden las cosas, para nada más”.

"Yo pienso seguir yendo al Dhaulagiri en el mes de abril aunque no haya patrocinador"

Asimismo, mientras trabaja en la preparación de su próxima aventura, también lo hace en la búsqueda de un nuevo patrocinador que se ilusione con sus objetivos. “BBVA ha dejado los patrocinios, entre ellos el mío, también ha dejado la Liga española de fútbol, y lo que a mí me gustaría es volver al Himalaya en abril y hacerlo con todo mi equipo, y mandar fotos y vídeos a Facebook para que todo el mundo pueda seguir y apoyar nuestra aventura. Nuestra página ‘Yo subo con Carlos Soria’ tiene 230.000 seguidores, y queremos seguir mandando información porque interesa a mucha gente y es estupenda, pero para eso necesitamos ayuda. De todos modos yo pienso seguir yendo al Dhaulagiri en el mes de abril aunque no haya patrocinador. Estoy pendiente de que salga alguna cosa, he tenido conversaciones con varias empresas importantes, pero todavía no existe una respuesta en firme”.

Carlos Soria con el Ama Dablam de fondo.

Mucho más que alpinismo

"Llevamos tres escuelas hechas y se está preparando otra, ese es nuestro proyecto, ayudar a formar escuelas porque nos parece que la educación es lo mejor que se puede hacer para ayudar a la gente"

En el alpinista español se personifica la demostración de que factor humano y deportivo pueden ir de la mano, y es que los retos de Carlos Soria van inexorablemente unidos a una importante labor social y de dedicación a fines solidarios. “En la zona del Manaslu, donde hice mi primera montaña, ya había llevado a cabo actividades con fines solidarios con mi amigo Sito Carcavilla. Y 37 años después pude llevar colchonetas, edredones, material escolar y ropa para los niños. Hicimos un par de trekkings para recolectar dinero, como vamos a hacer ahora también en abril. Además habilitamos una cuenta y vendimos unas camisetas que nos hizo Kukuxumusu. Cuando ocurrió el terremoto de 2015 estábamos nosotros en el Annapurna, y se quedó el médico de nuestra expedición allí para ayudar y también el cámara Luis Miguel López Soriano. Rápido vieron que con la ONG no podían hacer nada, el gobierno no les dejaba, y con el poco dinero que tenían en sus cuentas y con lo que nosotros les mandamos hicimos muchas cosas, y a partir de ahí hemos creado una asociación y una página web www.ayudadirectahimalaya.org. Ahí hemos hecho ya tres escuelas con el dinero que vamos sacando con los trekkings solidarios que hacemos, con aportaciones que tenemos y la venta de camisetas que te contaba. Llevamos tres escuelas hechas y se está preparando otra, ese es nuestro proyecto, ayudar a formar escuelas porque nos parece que la educación es lo mejor que se puede hacer para ayudar a la gente”.

Como epílogo podría parecer todo un ejercicio de osadía preguntar por su futuro a largo plazo a una persona ‘normal’ que ronda los ochenta, pero ya habrán comprobado que estamos ante un hombre cuyo caso merece otro tipo de análisis. Bendita ‘anormalidad’: “Una vez consiga el reto de las 14 cimas más altas mi intención es seguir subiendo montaña. Me encantaría dedicarme más a escalar roca, pero ya he estado una vez en la Antártida y siempre he tenido en la cabeza hacer una salida al Polo Sur de unos cuantos días con esquís, una aventura polar me encantaría”. Y sentencia: “Seguiré mientras tenga ganas, y ganas voy a tener siempre que tenga un poquito de fuerza, cuando no pueda hacer otra cosa más que subir cerritos y pasear por los bosques pues lo haré también”. Toda una fuerza de la naturaleza. Suerte Carlos.

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