Publicado: 16.06.2014 07:00 |Actualizado: 16.06.2014 07:00

La otra casa de Cristiano Ronaldo

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La otra casa de Cristiano Ronaldo (Funchal, 1985) se aleja del Paseo de la Castellana. Bañada por el océano Atlántico, con 1.793 kilómetros de costas, dos islas, Madeira y las Azores, en su historia no hay ninguna Copa de Europa, pero sí la Revolución de los Claveles, en lA que Portugal, como pasará esta tarde frente a Alemania en Salvador de Bahía (18.00 horas) sacó su orgullo a las calles. De aquello han pasado más de 40 años, en los que el país ha contemplado como el escritor José Saramago, uno de los suyos, ganaba el Premio Nobel en 1998, pero jamás ha visto a su selección ganar un Mundial. Se aproximó a ello en la Copa del Mundo de Alemania 2006 en la que llegó a semifinales, y tal vez ahora. Al menos, en el discurso de Joachim Löw, seleccionador alemán, que cataloga a "Portugal como la campeona del mundo al contragolpe".

El momento de igualar a 'la Pantera Negra' aparece en este mes para CristianoPortugal, por lo tanto, representa lo que le gusta a Cristiano. No sólo por su clima, sus aguas o sus fados, sino también por su manera de jugar, en la que el balón coge buena velocidad. Cristiano lo necesita, y eso es ley en un país que intuye que debe ser ahora. Cristiano no tiene un gran Mundial como, por ejemplo, Eusebio en Inglaterra 1966. Pero el momento de igualar a 'la Pantera Negra' aparece en este mes para Cristiano.

Un hombre que se ha traído desde el Real Madrid a Javier Santamaría, a su propio fisioterapeuta a la concentración de Campiñas, para prevenir a esa rodilla suya, que es lo único que hace dudar de él. Al margen de eso, Paulo Bento, el seleccionador, proclama su seguridad en Cristiano, que ha dado un paso adelante respecto al hombre de hace cuatro años en Sudáfrica, en el que casi siempre pensaba en él. "Ahora, todos ven a Cristiano un estímulo para jugar mejor". La idea obedece a su cambio de actitud, quizá a su madurez, en la que ya no se espera que se repita lo del segundo partido ante Dinamarca de la Eurocopa 2012. Entonces Cristiano, enrabiado porque no encontraba el balón, llegó a ausentarse. Pepe tuvo que regañarle para que cambiase su actitud. Y cambió. La prueba fue que en el partido siguiente casi derrotó él sólo a Holanda.

"Cristiano está preparado para dirigir a todos sus compañeros: '¡Seguidme! ¡Venid conmigo!"Cristiano no es hoy un futbolista distinto, pero tal vez sí sea un hombre distinto. Quizá más completo. Al menos, esa es la idea a la que se aferra Portugal. Sin ir más lejos es lo que piensa el escritor Alfonso Simöes, que en el pasado fue un futbolista que ganó la Copa de Europa en 1962 y que vivió en directo a Eusebio: "Cristiano ya no parece pensar siempre en él, y en que es el equipo el que tiene que ayudarlo a él a ser el mejor. Está preparado para dirigir a todos sus compañeros: '¡Seguidme! ¡Venid conmigo! ¡Quiero encontrar el camino para que todos tengamos éxito!'". Y, aunque haya actitudes que se crucen en el camino, como el gol de Sergio Ramos en la final de la Champions que Cristiano se negó a celebrar, el país apuesta que esta vez Simöes está en lo cierto. Porque Portugal, que ya ha visto a Cristiano ganar el Balón de Oro y dos Copas de Europa, necesita que dé el siguiente paso. Y eso es algo que ya sólo puede ocurrir en un Mundial, en el campeonato que no ganó ni Eusebio ni Chalana ni Futre ni Figo... Quizá porque en este país nadie estuvo nunca a la altura futbolística de Cristiano.

Todos los países tienen su vanidad y Portugal siente que una generación liderada por Cristiano, en la que se integra gente como Moutinho, Meireles o Nani, también puede ganar, o acercarse a ganar un Mundial como sucedió en Inglaterra en 1966. Sobre todo, porque a los 29 años no se sabe si este puede ser el último Mundial de Cristiano. Y, en cualquier caso, es el momento para marcar diferencias y para demostrar lo que Pepe siempre dice de él: "El jefe se encargará de llevarnos hasta la victoria". Y aunque esto no sea el Madrid, ni haya diez Copas de Europa en sus vitrinas, la ambición siempre es disculpable y, acaso, necesaria como diría el escritor Paulo Coelho.



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