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Castigo francés en el último suspiro

Los galos igualan en el descuento el gol de Ramos (1-1). Los de Deschamps dieron todo un baño en la segunda mitad a España

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Alguna vez tenía que pasar, y pasó esta vez en un partido, que no terminaba nunca. Su desorden fue tan importante que concedió opciones a los dos. Francia no fue ninguna broma, y eso fue un problema. Jugó con reputación frente a la portería de Casillas. Así que la noche permitió el máximo misterio, sobre todo en la segunda parte en la que reapareció la sociedad entre Benzema y Ribery, y eso es dinamita a todas horas.

En la amenaza, Francia se sintió feliz. Volvió a tiempos mejores y comprometió de veras la figura de Busquets como defensa central. Sin embargo, no pasó nada hasta el descuento cuando ocurrió lo que parece imposible en esta selección. Se echó de menos a Arbeloa que, en teoría, no hubiese concedido tanta libertad como Juanfran a Ribery en la carrera final. Su pase encontró el destino perfecto, la cabeza de Giroud. El gol sentó como un tiro, pero moralmente Francia lo merecía. La justicia también importa. La culpa de que no lo encontrase antes fue de Casillas, el héroe de casi toda la vida, el hombre que desafía lo imposible.

La noche no fue lo que pareció en la primera media hora. Entonces la pelota no salió de los pies de España, que jugó con la paciencia de siempre. La realidad, incluso, pudo ser más severa para Francia, que amaneció con mal cuerpo. Su vida pudo terminar en los últimos cinco minutos de la primera parte. Pero entonces lo impidió la prodigiosa mano de Lloris. El portero se envalentonó y paró algo más que un penalti a Cesc. Sonaba a sentencia para una noche en la que Francia pareció mantequilla hasta el gol de Sergio Ramos.

Sin ningún plan, se sentó en el banquillo de los acusados. Debuchy aguantó por la banda derecha a todo el arsenal de España. Lo hizo sin complejos con lo que niveló casi todos los quiebros con los que le amenazaron Cazorla, Alba y hasta Iniesta. Pero toda esa aplicación del lateral no fue suficiente para Francia. La condena apareció del modo más inesperado.

Fue a balón parado, en una de esas acciones en la que los peores equipos acostumbran a igualar a los mejores. Pero esta vez Sergio Ramos ejerció de Napoleón. Primero, por los aires con un cabezazo que sólo devolvió el poste. Y después por el suelo ante la pasividad de la defensa francesa, que le prestó toda clase de facilidades. La respuesta fue el gol, el primero de España que convidaba a pensar en una noche de carnaval. Nada más lejos de la realidad, sin embargo.

La primera parte de Francia fue más rápido y primitivo, pero logró lo que buscaba

Fue entonces cuando apareció Francia y, en cinco minutos, limpió sus pecados. En realidad, no necesitó de sus mediocampistas, que no alcanzaron el aprobado. Su fútbol fue más rápido y primitivo, pero logró lo que buscaba. La pelota llegó con pureza a la banda de Ribery, que fue como el demonio, y al pecho y a las piernas de Benzema, que es un tipo de categoría. El delantero tuvo de todo menos gol. Y eso que a veces tiró sin defectos como en ese zurdazo a los 33 minutos. Pero entonces Casillas le demostró que los porteros son tan importantes como los delanteros.

No conforme con esa respuesta, porque la gente insaciable es así, Benzema facilitó cinco minutos después el gol de Menez. La jugada tuvo suspense. Pero antes de que los franceses besasen el escudo el árbitro lo anuló por un fuera de juego que sólo existió en su imaginación. Fue una decisión importante que, sin embargo, no desanimó a Francia. Buscó la portería de Casillas a su estilo, que nunca será el de España ni el de sus mejores tiempos, en el que presumía de un medio campo con Giresse, Tigana y Platini.

Pero esos son otros tiempos. Ahora, Francia busca motivos para ser como fue. Su ánimo se revalorizó en el Calderón. Al fondo queda aquel equipo inocente de la Eurocopa, que fue jauja para España. Anoche, fue un equipo severo, capaz con la pelota y sin miedo a la decisión. Otra cosa fue el gol, que le costó casi lágrimas.

España fue otra cosa. Sufrió de duro lo que tampoco es tan novedoso en estos tiempos de gloria. A veces, parece olvidarse que pasó a la final de la Eurocopa en la tanda de penaltis frente a Portugal. Pero esta vez el destino reconoció a última hora la candidatura de Francia. Su insistencia fue salvaje. Hasta Sissoko, que salió cinco minutos, tuvo opción de gol. Valbuena tampoco renunció a nada una vez que Benzema se retiró como un héroe de guerra sin los galones que merecía.

Pero esa también fue la grandeza de un partido que todavía está vivo en nuestros corazones, porque, en realidad, no terminó nunca. Se hizo tan largo como diagnosticaron las botas de Ribery, que jugó a su manera con el suspense. No fue tan novedoso. Hace seis años ya lo hizo con España en el Mundial de Alemania 2006. La diferencia es que entonces no esperó tanto.

Lo cierto es que, en medio de la esquizofrenia, la noche se niega a olvidar un dato. El partido pudo terminar en los últimos cinco minutos de la primera parte cuando España tuvo ocasiones a mansalva. Quizá fue su rato más feliz en un partido que luego resultó un laberinto. Pero en estos cinco minutos no hubo opción de terminar una sola jugada. Lloris fue un héroe, todo lo contrario que Koscielny, que se portó como si estuviese en el Bronx. Se tiró en plancha a los tobillos de Pedro, que avanzaba a la línea de fondo.

No se sabe si Mike Tyson lo hubiera hecho mejor pero, desde luego, con más peligro no. El penalti lo tiró fatal Cesc, al cuerpo de Lloris. Después, tuvo otra opción de limpiar su pecado y hasta Pedro probó con saña al portero. Pero no hubo manera de batirlo, y todo eso despertó a la bestia que Francia llevó dentro en la segunda parte. El milagro, sinceramente, fue que no marcase hasta el descuento.

España: Casillas; Arbeloa (Juanfran m. 48), Busquets, Sergio Ramos, Jordi Alba; Xabi Alonso, Xavi, Iniesta (Torres m. 74); Pedro, Cesc y Silva (Cazorla m. 12).

Francia: Lloris; Debuchy, Koscielny, Sakho, Evra; Matuidi, Gonalons (Valbuena m. 56), Cabaye; Menez (Sissoko m. 67), Ribery y Benzema (Giroud m. 86) .

Goles: 1-0. M. 24. Sergio Ramos, dentro del área. 1-1 M. 92. Giroud a pase de Ribery,

Árbitro: Felix Brych. Amonestó a Koscielny, Gonalons. Tuvo un fallo grave al anular sin motivo un gol a Mendez a los 39 minutos por un fuero de juego que no existió.

Estadio: Vicente Calderón.