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César y Edu se reparten el empate

El portero salva al Valencia y falla en el gol del Rangers, mientras que el delantero estadounidense marca en ambas porterías

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César, providencial en cuatro intervenciones, falló en el gol que adelantó al Rangers, y Edu, que abrió el marcador, pifió luego al introducir de cabeza el balón en su propia portería, lo que supuso el empate del Valencia. Así de reversible fue el partido en Ibrox Park. Un encuentro de ida y vuelta, sin dueño y que se le puso cuesta arriba a los valencianistas por culpa de un desangelado primer tiempo. Luego, con Soldado por el Chori, mejoró el semblante blanquinegro que hurgó mejor en el muro escocés. Partido muy vibrante, que el Valencia igualó ante un rival incómodo, de dolor de muelas.

Y eso que el Rangers salió sin disimulo. Walter Smith, entrenador de los escoceses, montó un par de muros en su propia casa. No quería que le robara la victoria un Valencia al que le cedió la iniciativa. Puso tres centrales y un poblado centro del campo que obligó a los de Emery a tirar de paciencia, ingenio y mentalidad rocosa. El partido se jugaba en Glasgow, pero el Rangers lo planteó como si lo hiciera fuera: bien apretados atrás y delante un solitario Miller soltando el látigo. El ensordecedor graderío aceptó la estrategia con la naturalidad del actor secundario que se sabe importante en tamaño escenario.

El Rangers se halla cómodo así, dejando que el rival asuma el dominio pensando que con eso basta. Nada más lejos de la realidad. En apenas tres minutos, los escoceses avisaron del planteamiento trampa: Naismith, Miller y Papac pusieron a prueba los reflejos de César. El portero sostuvo a su equipo con cuatro intervenciones de viejo zorro, la más notable ante Miller, que avanzó solo para toparse con el cuerpo de César.

El Valencia, dominando, sufría mediada la primera parte ante un Rangers granítico que sacaba chispas a su estrategia. De hecho, los valencianistas apenas respondieron a las claras ocasiones locales con un remate de cabeza de David Navarro a centro de Mata. El Rangers engañó a los blanquinegros moviendo sus líneas como si fueran paredes falsas tras las cuales salían como rayos Edu, Naismith o Miller. Y lo mismo que César salvó a los suyos del acoso escocés, cantó en el gol que adelantó al Glasgow. Weiss sacó un córner al corazón del área pequeña, allí saltó el portero para que Edu marcara de cabeza. Fue la justa recompensa al trabajo, el orden y la fuerza de un conjunto escocés que pasaba por encima de un timorato Valencia.

Lo mejor que le pudo pasar al equipo de Emery es que sonara la campana del descanso. Pudo llegar antes el segundo tanto local: lo impidió el poste, a tiro de Edu, y la posterior pifia de Miller, que lanzó alto con toda la portería para él. Emery, con la mirada fija bajo una capa de lluvia, barruntaba una solución viendo a su equipo naufragar. Si exceptuamos un disparo envenenado de Pablo que McGregor sacó con la punta de los dedos, no hubo más señales de vida de los valencianistas. El Rangers aplicó el mismo rodillo que se encontró La Roja cuando creyó tener ganado el partido ante Escocia. Smith se limitó a copiar el esquema nacional.

Fue otro el Valencia de la segunda parte. Tuvo la suerte de marcar al primer minuto. A partir de ahí le hincó el diente al partido, que entró en una dinámica vibrante. El Rangers siguió a lo suyo, pero se encontró con un Valencia más entonado, menos indolente, que buscó las rendijas del muro escocés con mayor sentido. Soldado pudo sentenciar a 13 del final, pero McGregor rechazó. Luego tuvo Naismith su oportunidad, yendo el peligro de un área a la otra.

No hubo tregua: el Rangers, además de músculo, puso una marcha más al juego, incansable. El Valencia se encontró con un duro hueso.