Publicado: 17.05.2014 20:57 |Actualizado: 12.01.2015 21:22

El cholismo: historia de un milagro

Simeone ha inculcado una filosofía en el club y en sus jugadores, tanto dentro como fuera del campo, basada en el conjunto por encima del individuo y la intensidad en cada segundo del partido. Lo mismo que él desplegaba como jugador

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Simeone pide ánimos a los aficionados en la vuelta de Champions ante el Barça. PIERRE-PHILIPPE MARCOU / AFP

"Un protestantismo deportivo, por la disconformidad con el poder establecido y por atreverse a cuestionar el dominio omnipotente del Barcelona y el Real Madrid en estos últimos años". No es un periodista o un tertuliano el que habla. Es la Fundeu (Fundación del Español Urgente) la que se pronuncia al respecto. Incluyó el palabro en su lista de términos de 2013, aunque al final la agraciada fuera escrache. Es la "manera de concebir el Cholo su fútbol" o el "modo de imprimir el Cholo carácter ganador a sus jugadores", abundó. El cholismo.

El que la entidad asesorada por la Real Academia Española tuviera en cuenta la expresión es sólo un nimio detalle más de las cotas a las que ha llegado Simeone y su Atlético esta temporada. La final de la Champions, unas semifinales de la Copa y una Liga que significa mucho más que lo que es: el probable fin de ese bipartidismo del campeonato español desde hace muchos años, al que aludía la Fundeu. Más que posible si Simeone mantiene esa filosofía que ha llevado a los suyos a tocar el cielo esta campaña y que ya conoce todo el mundo, el cholismo. Tanto que tiene variantes, como el cholismo ilustrado, y hasta una cuenta de Twitter con miles de seguidores.

Hace referencia ese ideal que ha inculcado el argentino a la forma de actuar tanto fuera del campo como dentro. El no fiarse de ningún rival por humilde que sea, la defensa a ultranza de los suyos, el equipo y el escudo por encima de un único jugador, la creación de un auténtico bloque que cree en lo que hace, en lo que persigue. Al menos de puertas para afuera. Todo fruto de la psicología del bonaerense. Le ha comido la oreja a sus hombres y estos piensan, dicen y hacen lo que el Cholo ordena. Y, sobre todo, el ya famoso "partido a partido". Con ese mantra han conseguido los rojiblancos alcanzar los éxitos de los últimos tiempos y de esta misma temporada. No pensar más allá del choque más próximo, por mucho que después venga la 'final' de la Liga contra el Barça, el Chelsea en Stamford Bridge o el Madrid en Lisboa por la Champions. Lo han corroborado varios miembros del vestuario a lo largo de este magnífico año. Ellos mismos han aplicado y explicado esa manera de pensar en cada aparición. Del césped al banquillo

Todo ello se traslada al césped. Y viceversa. Ambos ámbitos van de la mano. Nunca deja de creer este Atlético, pase lo que pase, independientemente de las circunstancias y de los vaivenes de los 90 minutos. Cree cuando Benzema le hace un gol a los dos minutos y cuando necesita un tanto y quedan dos suspiros. Cuando tiene que ir al Camp Nou o al Bernabéu o al estadio de todo un Chelsea. Siempre con una intensidad envidiable, una fuerza y una entrega inigualables. Ello les diferencia de equipos como Barça o Madrid este año. Juegan todos a una en cada línea y en cada esquina y cada uno arriesgaría la pierna por otro si fuera necesario. Todo evoca a otra época y otros equipos. Precisamente a la de Simeone, por ejemplo. Y es que, 'simplemente', lo que ha hecho el Cholo es llevar lo que él hacía y daba, su filosofía en su etapa de jugador en equipos como el Sevilla de Bilardo, el Atlético del doblete, el Lazio o la albiceleste al banquillo del Calderón. 

Nunca fue el argentino un jugador de mucha calidad técnica. Más bien fue un tipo con una garra y una energía que contagiaban hasta al recogepelotas. Sostenía el centro del campo, arengaba como si fuera el entrenador y apretaba los dientes en defensa. Un guerrero sobre el césped. A veces demasiado, y ahí está el ejemplo del brutal pisotón a Guerrero. Era de esos que ya eran técnicos. Hace un mes, cuando el Atlético ya parecía que iba en serio y que no se la iba a pegar, como muchos pronosticaban, pasó del "partido a partido" al "final a final". Y en ello están los colchoneros. Ya sólo les queda una. La mayor.