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Con cinco minutos basta

España se da un atracón de puntos ante los kiwis' tras un inicio del tercer cuarto de versión original. El grito de identidad debe refrendarse ahora ante equipos de más tradición

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La ley de mínimos obligaba al triunfo. El lavado de cara ante la clasificación. Paridad española en los números. La deuda con el baloncesto necesitaba, sin embargo, una reflexión más profunda ante el espejo. Soltar los brazos, coger aire y gritar libertad. Mudar esa segunda piel de versiones C. Reencontrarse con viejas confianzas. Como la de Marc Gasol con los tiros libres (4/4 consecutivos), Ricky con el balón, Fran Vázquez con los tapones y Rudy con el espectáculo (alley up tras sociedad con el base del Barça). En apenas cuatro minutos (18-5), el partido tenía pinta de juguete roto. Sólo Penney, el pistolero de los Tall Blacks, enseñaba a Scariolo aspectos a corregir en una defensa más comprometida.

En ese España vs. Penney, Raúl López, siempre bajo la protección de Llull, siguió encontrando sensaciones; San Emeterio estrenó su internacionalidad y Scariolo se puso incluso a filosofar con cinco bajitos (Ricky, Raúl, Navarro, Llully Mumbrú) en cancha. En la tranquilidad del experimento (28-19, min. 10), Nueva Zelanda quiso hacerle a España un test de credibilidad. Metió físico en defensa y a Abercrombie, como escudero de Penney en el intercambio de canastas, y la prueba caminó por la ansiedad. Se perdieron respuestas y, por momentos, nadie se atrevía a sacar la chuleta del cajón. Todo se enmarañó y el banquillo se llenó de segundas explicaciones ante la prueba de nivel de los kiwis. El marcador vacilaba ante una España que cargaba el ataque neozelandés de segundas opciones. La última jugada antes del descanso volvía a incidir, de nuevo, en las malas versiones de cada uno con el fácil tiro de Pledger (48-44, min. 20)

Tras la cara de tontos, España entró en el campeonato. Lo que tanto le había costado en seis cuartos lo mostró en apenas cinco minutos con los que destrozó el partido. Un parcial de 19-6 (67-50, min. 25), abierto con dos triples de Garbajosa, descubrió la normalidad. Recuperó la puntería para Navarro, la superioridad de Marc en la pintura y ese tono general de buena salud que motiva el atracón de puntos.

España superó la centena. En la NBA, el guarismo es sinónimo de pizza gratis en algunos estadios. En Izmir, tan solo la sonrisa por un buen rato de baloncesto. Ahora toca refrendarlo ante más tradición.