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El clásico, todo un circo romano

Sólo un Barça-Madrid es capaz de convertir el Camp Nou en una suerte de coliseo romano

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Definitivamente, los clásicos transforman a sus protagonistas. Sólo un Barça-Madrid es capaz de convertir el Camp Nou en una suerte de coliseo romano, como si el césped fuera arena y, sobre él, se batieran gladiadores con leones, azuzados por una masa ávida de espectáculo. Lo fue ayer la hinchada azulgrana, más jaranera y cantarina que nunca, un auténtico coro de animación y condena, que se arrancó entonando a capella el himno del Barça, al tiempo que desplegaba un enorme mosaico azulgrana y unos fuegos de artificio inauguraban el show. Cargados de razones futbolísticas, que son y fueron muchas, los aficionados del Barça acudieron al estadio con un extra de motivos colaterales, el cóctel perfecto para hacer del partido un escenario de reivindicaciones. Es lo que tiene vivir en un país que, en cuestiones judiciales, recupera la pandereta con una frecuencia alarmantemente inusitada.

Como quiera que el juez único de Competición, Alfredo Flórez, no contento con no entrar de oficio a sancionar el alevoso pisotón de Pepe sobre Messi en la ida, se mofó de su propia inhibición 'habría actuado si a Messi le hubieran amputado dos dedos', se justificó, según afirmó la emisora Ona FM, la afición del Barça redobló sus razones para cargar contra Pepe. Retador, como acostumbra, José Mourinho tampoco le ahorró el escarnio a su jugador. La parroquia culé se frotó las manos cuando lo vio en el once titular. Y, a cada intervención del defensa madridista, se arrancó con un sonoro y contundente: '¡Asesino, asesino!'. La condena popular no pareció incomodar al portugués, un reincidente irredento. Tras dejar unas cuantas entradas con su marca registrada y teatralizar un par de caídas, cual candidato al Oscar la segunda, provocada por Messi, le supuso la tarjeta amarilla al argentino, Pepe le arreó un manotazo en la cara a Cesc.

'Todo el mundo sabe quién es la víctima y quién el agresor. El modelo aquí no es tan razonable como el de la Bundesliga y la Premier, que es capaz de entrar de oficio en estas ocasiones', apuntó el vicepresidente del Barça, Carles Vilarrubí. En consecuencia, un socio azulgrana de origen alemán ha decidido llevar el pisotón de Pepe a la Justicia ordinaria. Las opciones de que el caso prospere, en un juzgado de Barcelona, se antojan más que remotas. Por eso sus compañeros de grada se dieron por satisfechos ayer con la buena actuación del coreado Pinto, el tanto de Pedro, todo un alivio, y el golazo de Alves, que arrancó un '¡olé!' de Pep Guardiola y un baile del propio brasileño con Abidal.

Eufórica con el resultado, sin sospechar que el Madrid tendría capacidad para empatar a dos, la grada se acordó de su amigo Mou. '¡Nosotros te queremos, Mourinho quédate!', le declaró, con hiriente ironía. Luego, sorprendida, se tragó el gol de Cristiano. Y, con el corazón encogido, el de Benzema. Y así, cantando y condenando, resistió hasta celebrar la clasificación final. El clásico, todo un circo romano, vaya.