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El clásico, bajo de feromonas

Como en los procesos de enamoramiento, la excesiva repetición genera desinterés

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Ocho clásicos en el último año y mucha tensión de por medio han dado para generar una sensación inédita ante un enfrentamiento entre Madrid y Barcelona: el hartazgo. Lo revelan las encuestas hechas por diversos medios de comunicación entre los aficionados e, incluso, las manifestaciones de algunos jugadores que, como Iker Casillas, no han ocultado sus escasas ganas de afrontar un nuevo clásico un mes después de disputar el último en el Bernabéu. El portero del Madrid, en el fondo, expresó una opinión sorprendentemente extendida entre la hinchada que, en porcentajes que rozan el 50%, ha manifestado preferir cualquier otro enfrentamiento al gran clásico.

¿Por qué ha surgido este sentimiento cuando los medios de comunicación no se cansan de publicitar el considerado partido por antonomasia? 'Existe una explicación desde el punto de vista químico, en un proceso similar al del enamoramiento', apunta Sebastià Serrano, semiótico, experto en comunicación y gran aficionado al fútbol. 'Uno o dos clásicos al año tienen un efecto de novedad y generan curiosidad, atención y, sobre todo, excitación, pero, cuando se repiten de modo tan continuado, pierden esos poderes, se convierten en uno más dentro de una colección', prosigue Serrano. 'En esto, como en los procesos de enamoramiento, al principio, la excitación es muy elevada, pero la repetición, el contacto continuado, va mitigando esos efectos. Ya no se generan sustancias en la misma cantidad y eso provoca desgana', abunda. En una sociedad adicta, según Serrano, a la neofilia 'el placer y la felicidad demandan cierto grado de novedad', también los clásicos precisan de un 'elemento reactivador'. 'El año pasado, lo era lo que decía Mourinho', recuerda.

Sebastià Serrano asegura que los clásicos precisan de un 'reactivador'

¿Pero les sucede lo mismo a los futbolistas? ¿Están hastiados de clásico? 'El fenómeno de la habituación afecta a todos los individuos, y a los jugadores, también', afirma Pep Marí, psicólogo del CAR de Sant Cugat. 'Lo del clásico del siglo ya no cuela; es ridículo y ya cansa'. Y, sin embargo, Marí estima que esa saturación puede tener un 'efecto positivo' para los jugadores a la hora de afrontar el partido. 'Como se convierte en un partido más, no tan especial, disminuyen los problemas que suelen ir asociados a las cosas especiales', señala el psicólogo. 'Cuando exageras la amenaza y crees que hacer lo de siempre no es suficiente, eso es fatal para el coco: genera dudas y merma la confianza', explica.

Ante esa circunstancia, y consciente de que la motivación de los futbolistas, como confirmó Xavi, sí es diferente a la de otros partidos, Marí sostiene la conveniencia de mantener las mismas rutinas que ante otros rivales. Pero matiza: 'Eso no quiere decir no introducir cambios tácticos; Mourinho tiene que hacerlo para no perder de nuevo'. 'El Madrid acostumbra a elevar el nivel de activación, cosa que le favorece porque, por su juego de contraataque, lo necesita más alto que el Barça. Así, consigue sobreactivar al Barça y le hace perder precisión', abunda Marí, que no descarta la posibilidad del miedo en los madridistas, dados los antecedentes. 'Puede suceder si los jugadores interpretan que el grado de amenaza ante el Barça se multiplica y están más pendientes de lo que puede pasar si fallan que de hacer lo previsto', concluye el psicólogo.