Publicado: 06.07.2016 21:26 |Actualizado: 06.07.2016 21:27

Contador, solo ante el peligro

Sin ningún gregario para sostenerle y con el gemelo de la pierna izquierda dañado por la segunda caída que sufrió en la segunda etapa, Alberto Contador navega a la deriva en el Tour de Francia tras perder otros 33 segundos en la etapa de este miércoles

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Contador, durante la etapa del Tour de este miércoles. EFE/Yoan Valat

Contador, durante la etapa del Tour de este miércoles. EFE/Yoan Valat

LE LIORAN (FRANCIA).- Solo ante el peligro, sin ningún gregario para sostenerle, y con el gemelo de la pierna izquierda dañado por la segunda caída que sufrió en la segunda etapa, Alberto Contador navega a la deriva en el Tour de Francia en el que es uno de los favoritos para la victoria final.

En una carrera que en esta primera semana vive pendiente de los estados de ánimo del jefe de filas del Tinkoff, sus gestos y palabras viran con el paso de los minutos.

"El Tour se me ha puesto muy difícil, así que ahora tendré que ir día a día", aseguraba el ciclista nada más cruzar la meta de Le Lioran 33 segundos después que el grupo de los favoritos, lo que le deja a 1.21 en la general.

Pero pocos segundos más tarde, cuando se le acercaba un equipo de la televisión francesa, su discurso era menos derrotista y afirmaba que no ha perdido la moral. "Mientras el público me apoye como lo está haciendo, voy a dar el máximo", aseguraba el jefe de filas del Tinkoff.



Un líder que apareció desamparado en las rampas del Col de Font de Cère, la última dificultad montañosa del Macizo Central, un puerto de tercera de 3,3 kilómetros y una pendiente media del 5,8 %. El francés Romain Bardet aceleró el grupo de favoritos y enseguida respondieron los Movistar Nairo Quintana y Alejandro Valverde, que habían olido que Contador no andaba fino.

En 2 kilómetros y medio el madrileño se dejó 33 segundos, sin que el Tinkoff reaccionara. El polaco Rafal Majka, componente de la escapada del día, no bajó el ritmo para esperar a su jefe de filas y, más sorprendente aun, el checo Roman Kreuziger, su habitual escudero, tampoco abandonó el pelotón de favoritos para esperar a Contador.

Fue un combate del madrileño solo contra todos, con sus piernas dañadas y sus heridas todavía abiertas, un espectáculo poco habitual en el ciclismo moderno de pinganillos y televisiones que someten al máximo la sorpresa.

El Tinkoff no pareció responder a las llamadas de socorro de su líder y el propietario de la franquicia, el multimillonario ruso que da nombre al equipo y que ya ha anunciado que al final de la temporada abandonará el ciclismo, cruzaba la meta en un coche, sonriente, unos metros detrás de Majka.

Muchos minutos después lo hacía el eslovaco Peter Sagan con el amarillo en sus espaldas por última vez. El barco se hundía pero el multimillonario ruso seguía riendo. Contador no quiso valorar ese "vaudeville". "En el último kilómetro ha habido un poco de desorganización, pero no hay que darle más vueltas", se limitó a decir con un rostro sombrío.

Los latidos de Contador marcan de momento la carrera. A la caía que sufrió el primer día, que le abrasó todo el costado derecho se sumó la que un día después tuvo camino de Cherburgo, cuando una masa de ciclistas acabó lesionando su gemelo izquierdo, lo que aparece como su principal problema en estos momentos.

En el primer contacto con la montaña, Contador fue también la referencia. Para conocer el verdadero estado de sus heridas el Movistar del colombiano Nairo Quintana aceleró el ritmo del grupo, antes de que lo hiciera el Sky del británico Chris Froome. Aunque herido, todos quieren tener a Contador lo más lejos posible en la general.

Al final el ritmo sostenido acabó por hacer mella en su ya maltrecho cuerpo y no pudo responder a la aceleración final. El Tour de Contador parece ahora suspendido al estado de sus heridas y el madrileño no lo niega. Si no mejoran de forma decisiva, sus objetivos de ganar por tercera vez el Tour deberá ser revisado a la baja. De lo contrario, el recorrido hasta París ofrece aun terreno suficiente y puertos de sobra para que nadie le de por descartado.