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La cordura del 'loco' Bielsa revive el fútbol de Chile

El técnico argentino y seleccionador chileno desintegra su apodo desde la razón y la pasión

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Un hombre con ideas nuevas es un loco hasta que sus ideas triunfan', rezaba una pancarta en homenaje a Marcelo Bielsa (Argentina, 1951). El loco Bielsa para el planeta fútbol. 'El cuerdo, el inteligente Bielsa', para los que comparte un trozo de su vivo interior, vestuario o conocimientos.

'Si a un hombre que se desvive por el fútbol, que le apasiona este juego, le llaman loco, mal vamos', dice Gustavo López, un pupilo de Bielsa de cuando éste dirigía Argentina. 'No he tenido un entrenador igual. Como jugador merece la pena pasar por sus manos alguna vez'.

Bielsa nunca deja indiferente. Ahora le viven en Chile, cuya selección anda a la búsqueda de una identidad. Sí, a Bielsa se le vive porque su dedicación plena y entusiasta eleva el fútbol a lo trascendental. No da entrevistas, oculta su mirada dirigiéndola al suelo cuando comparece en ruedas de prensa, pero con su ruido reflexivo involucra en su actividad a defensores y detractores por igual. De momento, a la selección chilena ya le ha encontrado el espacio del respeto perdido en el panorama internacional y en los medios. Para Chile ya no es una utopía volver a disputar un Mundial, no acude a uno desde Francia 98. Bajo su tutela la roja derrotó al mito albiceleste argentino por primera vez en un partido oficial. 'Chile era una selección irregular. Sólo hay que ver ahora con la agresividad y la mentalidad con la que sale a jugar', asevera Gustavo López.

Los chilenos han recuperado la ilusión por la selección. Últimamente sólo leían las locas aventuras de sus internacionales en las concentraciones. Recientemente una revista ha nombrado a Bielsa como el extranjero más influyente en Chile. Ha logrado que la roja forme parte del día a día hablado de los chilenos. No podría ser de otra de manera con un hombre cuya biografía está plagada de anécdotas que, de primeras, justifican su apodo, y de segundas, lo desintegran.

De primeras, las formas, causan estruendo. De segundas, el fondo, su mensaje, es un torrente de racionalidad y pasión. 'Se levanta a las tres de la madrugada y sale a correr para pensar en el partido que tiene que plantear. Marcelo es así. Es como un niño', asegura Gustavo López.

De un tipo que vive en chándal, que compactaba imágenes de todos los internacionales argentinos que jugaban en Europa, o que recorría la extensa Argentina en un Renault 6 para cazar talentos, se podría pensar que su vida se reduce al fútbol. Y esto es un pecado capital para la pedantería que se apropia de las llaves que abren y cierran el círculo de la cultura. Otra cosa es que funda su existencia con balón, como los artistas la entrelazan con sus motivaciones y con sus musas.

Sus charlas ante escolares destierran la idea de que sus neuronas sólo trabajan para pensar el fútbol. 'No permitan que el fracaso les deteriore la autoestima. Cuando ganas, el mensaje de admiración es tan confuso, estimula tanto el amor hacia uno mismo que te deforma. Y cuando pierdes hay una tendencia morbosa a desprestigiarte, a ofenderte, sólo porque perdiste. En cualquier tarea se puede ganar o perder, lo importante es la nobleza de los recursos utilizados', dijo ante quinceañeros. El mismo auditorio escuchó: 'Estoy absolutamente convencido de que la fama y el dinero son valores intrascendentes. Pasa que claro, nos los describen con un peso tan significativo que parecería imposible resistirse a valorarlos'. 'Aprendí por el deporte que la generosidad era mejor que la indiferencia, aprendí el valor de la significación del coraje, aprendí la importancia del esfuerzo y aprendí lo trascendente de la rebeldía. Es indispensable que uno sepa cuáles son las virtudes alrededor de las cuáles quiere vivir'.

'¿Loco?, todo lo contrario. Es la personalidad más inteligente y atractiva que me he encontrado en el fútbol. Todo en él es racional', asegura convencido Jorge Valdano, ex compañero y amigo de Bielsa. No le gusta al hombre que para que no le reconocieran hizo raparse a un colaborador suyo que ejercía de espía que su entorno íntimo cuente sus vivencias. 'Como todas las grandes personalidades sostiene sus ideas contra el mundo si hace falta', dice un ex compañero que prefiere el anonimato.

'Parece que como perdimos no tenemos más derecho a nada. Yo tuve la suerte de que me renovaran el contrato, lo agradezco, lo celebro y lo valoro. Es el mayor éxito de mi carrera deportiva. Es un reconocimiento en el fracaso', dijo cuando la AFA le renovó tras el batacazo de Argentina en la primera fase del Mundial 2002.

'Perdí la energía cuando eso pasa, no es decente insistir. La desgana presagia tempestades'. Así se despidió en septiembre de 2004 nada más colgarle al fútbol argentino su primera medalla en unos Juegos Olímpicos. Bielsa sólo quiere estar allí donde siente que puede meter el fútbol en vena. Donde las anécdotas que le tatuaron el apodo de loco para la calle cobran sentido. Cuando aterriza en un hábitat que le consiente es una cañería que revienta a borbotones por sus sentimientos futboleros. Entonces es cuando le replica a Scoponi, portero de aquel Newells del 90 al que hizo campeón, sus quejas por no ser concentrado antes de los partidos: 'Mientras usted duerme, yo trabajo para hacer mejor al equipo'. O le recrimina con las vísceras a Bassedas, Gallardo y Palermo su estatismo: 'No hay cambio de ritmo, no hay ataque, no hay dolor'. Una furgoneta era un lugar ideal para aprovechar el tiempo mientras viajaba e instaló un vídeo para estudiar fútbol en la carretera. 'Cuando era niño jugaba a la pelota más que dormía. Ahora trabaja más de las horas que vive', cuenta su hermano Rafael.

Vivas, ex internacional argentino, relata que de su boca salió lo mejor que ha escuchado de un entrenador. Argentina jugaba en Colombia en un ambiente volcánico. Bielsa entró al vestuario: 'En las peleas callejeras hay dos tipos de golpeadores. Está el que pega, ve sangre, se asusta y recula. Y está el que pega, ve sangre y va por todo, a matar. Muy bien, muchachos: vengo de afuera y les juro que hay olor a sangre'. ¿Un loco? Para los que confunden la pasión con la extravagancia, sí. Para él, sólo es su elección de vivir. Una vida y un balón. Sin más.