Publicado: 22.10.2015 22:32 |Actualizado: 23.10.2015 07:00

Corona, de alma en los Juegos del Mediterráneo al Índico de Australia

Tras 15 años en Primera División y los últimos nueve en Almería, ha iniciado el sueño de emigrar a Brisbane, donde los futbolistas son ciudadanos normales. "En 25 días no me han pedido más de 2 o 3 fotos por la calle". La bella historia de un futbolista en las antípodas.

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Corona posa con las banderas de Gran Bretaña, Australia, EEUU y Nueva Zelanda.

Corona posa con las banderas de Gran Bretaña, Australia, EEUU y Nueva Zelanda.

Un clásico en el otro mundo. Un sueño valiente en las antípodas de Europa, a 17.000 kilómetros y a más de 24 horas de vuelo desde España. Un país joven como Australia, capaz de enamorarnos antes de conocerlo. Allí, Miguel Ángel Corona (Talavera, 1981) vive ahora lo que nunca ha vivido en los 34 años anteriores de su vida. Jugó en Real Madrid, Zaragoza y los últimos nueve en Almería, donde ya casi era una parte más del escudo. Pero en la vida existen tentaciones que también tienen su derecho a expresarse.

“Yo estaba muy a gusto en Almería, pero quería llegar a Australia, aprovechar mi última oportunidad, hablar inglés a diario, llenar la mochila de vivencias, conocer otro mundo y si, además, lo podía hacer jugando al fútbol….” Y ha podido porque este verano le contrató el Brisbane Roar, el equipo de una magnífica ciudad, la tercera más grande de Australia, donde cada día Corona se siente más familiarizado con el río Brisbane, con la Cordillera Taylor o con esa Bahía Moreton que tantas veces confundimos con un trozo de cielo.



"He sido rechazado como inquilino de un piso. Nunca me lo hubiera podido imaginar, pero así fue"

“Supongo que fruto del desconocimiento, yo también tenía idealizada Australia y, de momento, llevo tres semanas y todo me parece tan fantástico… Pero imagino que los australianos también tendrán sus quejas. Necesito tiempo…”, explica Corona, con nueve horas de diferencia, las que separan dos mundos, el de aquí y el de allí, en el que un futbolista vive como “un ciudadano normal. Al menos, yo en estos 25 días, desde que llegué a Brisbane, no me han pedido más de dos o tres fotografías por la calle”.

Corona ya ejerce como uno de los líderes del equipo. Su talento ya ha hecho diferencia en el Suncorp Stadium, el magnífico estadio de la ciudad. Pero eso no le otorga tantísimo privilegio en el día a día como puede pasar en España. “He sido rechazado como inquilino de un piso. Nunca me lo hubiera podido imaginar, pero así fue. Es más, todavía me pregunto por qué y no lo sé, porque tú rellenas una solicitud y, pasados unos días, te dicen si el propietario ha aceptado tú oferta o no. Y en mi caso fue que no”.

¿El país perfecto?

Son, en realidad, otras reglas de vida en un país donde el fútbol no echa de menos a la locura. “Será el tercer o cuarto deporte de la ciudad”. Corona fue uno de los fichajes capitales, pedido por el entrenador John Aloisi para uno de los clubes punteros de la A-League. Sin embargo, el día de su presentación “no había más de seis periodistas” en el área de prensa.

Pero esa es otra de las razones por las que hablamos con él, el ánimo de conocer otros mundos, la sabia necesidad de preguntar a un futbolista que el 12 de febrero cumplirá 35 años, padre de una niña de meses, que ya está con él en Australia y que algún día sabrá que en la vida hay que tomar decisiones. Y hay decisiones como ésta que te llevan a cruzar el mundo. “¿Quién no ha tomado alguna vez una decisión revolucionaria?”, pregunta. “Mis años de revolucionario no pasaron nunca”, añade.

“No se trata de que apenas haya firmado ningún autógrafo, sino que mi vida es la de un tipo normal"

Quizá por eso está hoy en Brisbane, alejado de toda la fortaleza de nueve años que había edificado en Almería, “donde estaba muy a gusto. No buscaba jugar en ningún otro club. Pero eran tantos los estímulos que reunía esta experiencia en Australia que no quería perdérmelos”. Hoy, hace uso de ellos con la naturalidad de cualquiera de nosotros. “No se trata de que apenas haya firmado ningún autógrafo, sino que mi vida es la de un tipo normal. De hecho, acabo de mudarme a un piso en un barrio, que se llama Tenerife”.

“No sé si Australia es el país perfecto. Sería una osadía por mi parte contestar a esa pregunta después de llevar aquí sólo 25 días y de haber vivido toda mi vida en España"

Va en ferry al distrito financiero, “aunque también tengo mi coche” y en su crónica diaria no se separa de una vida normal. Se maneja en inglés, “en un inglés bastante mejorable”, que fue otra de las cosas que le tiene hoy a 17.000 kilómetros de distancia, alejado de los hábitos de las estrellas de fútbol, conocedor ya de los precios de los supermercados, donde él mismo hace la compra. “No sé si Australia es el país perfecto. Sería una osadía por mi parte contestar a esa pregunta después de llevar aquí sólo 25 días y de haber vivido toda mi vida en España. Pero, dicho esto, para mí, Brisbane engloba casi todo lo que buscaba: la gente habla inglés, el clima es espectacular, la naturaleza, la seguridad ciudadana o la población 'friendly', como dicen por aquí, la gente educada, amable y, por lo que me parece, preocupados por disfrutar de la vida, cosa muy sana, ¿no?”

La declaración de principios no puede ser más afortunada, en la otra punta del mundo. “No creo que me vaya a quedar aquí toda la vida. Mi mujer y yo somos muy familiares y no imagino no volver a vivir pegado a mis raíces. Ahora bien, de no volver, un sitio como este sería una gran elección”. Pero eso ya será mañana cuando haya que tomar la siguiente decisión.

“Los compañeros nada más llegar me preguntaban por la Liga, por Cristiano, por Messi…”

Hoy, Corona está en Australia, donde el hecho de venir desde España significa status en el vestuario. “Los compañeros nada más llegar me preguntaban por la Liga, por Cristiano, por Messi…” Y él, que tantas veces se enfrentó a ellos, está hoy en Australia, en Brisbane, en el estado de Queensland, donde, en realidad, Miguel Ángel Corona ya no necesitaba probar suerte, sino cumplir un sueño, calidad de vida y de historia. Una maravillosa historia para contar toda la vida.