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La crisis se olvida en noches así

Un hat trick de Messi salva al Barcelona frente a un Depor heroico, capaz de sobreponerse ante un 0-3

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Ante todo, fue un placer que da gusto de relatar. Quizá hasta sea imposible estar a su altura, porque el partido dio la vuelta al mundo. Hubo novedades a todas horas, y eso que parecía que no iba a haber ninguna. A los 17 minutos, el Barça ya ganaba por tres. El partido estaba terminado.  Pero fue entonces cuando el Deportivo, que parecía la famosa orquesta del Titanic, recordó su responsabilidad en el partido.

En realidad, lo recordó toda la noche. Pizzi tuvo licencia de armas. A balón parado, fue la locura. Máxime al inicio de la segunda parte cuando volvió a rescatar un partido que Messi parecía haber sentenciado otra vez. Ganaba por dos el Barça en una maravillosa contra al final de la primera parte. Jugó Cesc y terminó Messi. Era el 2-4, pero no era suficiente para callar al Depor, un equipo muy bueno con la pelota y muy malo sin ella. Tiene ingenieros, pero le faltó diplomacia junto a su portero. No fue la noche de Marchena que, pese a todo, nunca dejará de ser campeón del mundo.

El ánimo se hizo fuerte en Riazor, que aceptó a su equipo tal y como fue. Quizá fue la grandeza de esa gente. No le reprochó la ingenuidad del inicio en la que el Barça tiroteó a Aranzubia. A los ojos del mundo, el partido se hizo imposible, pero en Riazor se piensa como Clint Eastwood en ‘El desafío de las águilas': 'El miedo le presta a uno alas'. Y, aunque  solo fuese por respeto a sus maravillosos años, cuando el Barça de Cruyff salía caliente de Riazor, el Depor regresó a la tierra.  Y fue como si Bebeto, Mauro Silva o Fran volviesen al césped. La hinchada generó un entusiasmo infinito y, antes de la media hora, el Depor encontró un motivo para sonar.

Pizzi marcó un penalti que no fue, pero eso era lo de menos. En un partido tan grandioso, puede ser hasta un pecado hablar de defectos. Y eso que los hubo como el de Valdés a los 37 minutos. Los cristales se le rompieron en las manos. Sin querer, ofreció una posibilidad gigantesca al Depor, la del segundo gol que Bergantiños apostó a todo o nada. Y aquello fue como beber agua bendita. De repente, un partido, que amaneció 0-3, se puso al rojo (2-3). Y, entre tantos sueños, el corazón se dejó engañar. Pero, cuidado, enfrente estaba el Barça, una casa en la que habitan los dioses.  

La marea había subido y es posible que Tito Vilanova, que es hombre prudente, viese hasta medusas. El éxito se dejó invadir por el miedo. Pero entonces apareció Cesc para recuperar la pelota. En realidad, su vida como futbolista casi siempre es así. Criado para ejercer esta profesión en situaciones difíciles, Cesc es un futbolista que podría ser inmortal en los minutos finales. Entonces no se deja engañar por nadie. Anoche, encontró un pase fantástico para Messi que volvió a poner el partido al borde de lo imposible para el Deportivo (2-4). Pero tampoco fue verdad.

Enfrente estaba Pizzi, un portugués que jamás presenta la dimisión. Como a sus paisanos, le encanta tomar decisiones. Y tiene motivos. Le acompaña esa bota derecha que es como una película de éxito. El futuro le dará más propaganda. Nada más iniciarse la segunda parte, recordó que el partido todavía existía. Tiró a la escuadra y el Barça se preguntó que era esto, si un partido de fútbol o una comedia de Woody Allen.

 En realidad, la noche descubrió un partido milenario.  Fue un combate sin futbolistas malos y casi para dementes, en el que Mascherano todavía se pregunta por qué fue expulsado. No hizo tantos méritos para eso. Pero su roja a los 50 minutos fue otro motivo más para Riazor y para toda una ciudad, la de A Coruña, capaz de leer ‘Guerra y paz' en 27 minutos. Justo el tiempo que necesitó Messi para apartarse del mundo y lograr el cuarto. Superó todas las patadas del universo, pero en un partido digno de las mejores épocas de Eurovisión también deben pasar estas cosas.

El caso es que la paz ya parecía patrimonio del Barça. Xavi había ingresado en la hierba y por ahí también andaba Pedro, como siempre, dando guerra. Pero había un problema casi inhumano. Riazor no se iba a rendir a ningún precio, aunque solo fuese como tributo a sus mejores años. Y, por encima de todo, Oltra, el entrenador, ha logrado un equipo que sabe ser importante con la pelota. Tiene futbolistas que saben utilizar la fusta con ella.

Un minuto después, Jordi Alba batió a su propio portero sin querer (4-5). Faltaría más: tan increíble como cierto. Y el partido recordó la incertidumbre que se negaba a perder, porque hay amores tan fieles que no mueren nunca. Y de ahí hasta el final el partido se le hizo infinito para el Barça, porque el Depor atacó como en sus mejores épocas, las de Arsenio y las de Irureta. Al final, no fue posible, pero también es heroico perder así. La derrota es más humana, dice la lírica, la historia, la gente. La reputación del Depor cambió anoche. Nació despistado y acabó amontonado frente a la portería de Valdés.

Incluso, hasta Aranzubia se citó allí a última hora cuando Riazor ya se sentía orgulloso de sí mismo que no podía dejar de cantar y de celebrar una noche que siempre será inolvidable. También para el Barça, que fue más poderoso que los accidentes. No juega solo el equipo de Vilanova. No hay que olvidarlo. También hay rivales como el Depor y eso es lo que hace falta.

Deportivo: Aranzubia; Laure, Marchena, Zé Castro, Ayoze; Bergantiños, Abel Aguilar; Bruno Gama (Nelson Oliveira m. 64), Valerón (Camuñas m. 64), Pizzi; Riki (Salomao m. 81).

Barcelona: Valdés; Montoya, Song, Mascherano, Jordi Alba; Busquets, Cesc (Xavi m. 64), Iniesta; Messi, Villa (Adriano m. 53) y Tello (Pedro m. 56).

Goles: 0-1 M. 3. Jordi Alba, en el mano a mano frente a Aranzubia tras pase de Cesc. 0-2. M. 8. Tello recorta a Ayoze y bate al portero. 0-3 M. 18. Zurdazo de Messi tras dejada de Cesc. 1-3. M. 27. Pizzi, tras un penalti inexistente de Mascherano a Riki. 2-3 M. 37. Bergantiños, tras un error de Valdés. 2-4. M. 43. Messi, tras un gran pase de Cesc. 3-4 M. 48. Pizzi, a la misma escuadra. 3-5 M. 78. Messi, en una jugada extraordinaria. 4-5 M. 79. Jordi Alba, en propia puerta.

Árbitro: Paradas Romero. Amonestó a Bergantiños, Valerón, Laure, Ayoze, Iniesta. Roja a Mascherano (m. 50) por doble amonestación.

Estadio: Riazor.