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Cristiano, de enfado en enfado

El de anoche es el último de muchos episodios de un futbolista excepcional pero siempre instalado en el inconformismo y el mal humor

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Pese a ganar la Supercopa de España contra el Barcelona y anotarse los tres primeros puntos en Liga tras ganar al Granada por 3-0, en el Real Madrid ha estallado un polvorín. Al que prendió mecha anoche Cristiano Ronaldo. El portugués no había celebrado sus dos goles ante los andaluces, con lo que llegó a la redonda cifra de 150 dianas vestido de blanco, y se marchó con semblante serio al vestuario tras sentir molestias en el muslo. Pero eso era solo el aperitivo. Al ser preguntado por la ausencia de celebración, Cristiano espetó que está 'triste' en el club madridista y señaló directamente a las altas instancias.

'No me siento querido, tengo mucha presión', les llegó a asegurar el sábado en una reunión a Florentino Pérez como a José Angel Sánchez. Las explosivas declaraciones cogieron a todos por sorpresa en la zona mixta del Santiago Bernabéu y siguen dando mucho que hablar. Los motivos de tal estado de ánimo de la estrella lusa siguen siendo un misterio.  Que si puede ser una estrategia para negociar la renovación de su contrato, que si no encuentra ningún apoyo dentro del vestuario, que si ya no congenia con el propio Mourinho o incluso sus líos amorosos con Irina Shayk.   

Lo cierto es que estas palabras de un futbolista que es la estrella de uno de los mejores equipos del mundo, que cobra unos 11 millones de euros al año, que ganó la temporada pasada su primera Liga y que no hace más que cosechar premios contrasta en el tiempo con el duro regreso al trabajo para muchos españoles, que añaden este septiembre a los habituales traumas postvacacionales la subida del IVA y una situación económica al borde del rescate.

Pero Cristiano está alejado de esos problemas. Los suyos son otros bien distintos. Ambicioso como nadie, egoísta y siempre instalado en el mal humor, la de anoche fue otra muestra más del carácter que se gasta 'CR7'. Celebraciones fanfarronas, declaraciones pretenciosas, desplantes, enfados de niño pequeño. Durante estos tres años en España Cristiano no ha parado de protagonizar escenas que le han granjeado la enemistad de gran parte de las aficiones rivales, que le han provocado enfrentamientos con jugadores de otros equipos y del propio Real Madrid y que han ensombrecido el tremendo arsenal futbolístico que atesora.

Lo de no celebrar los goles comienza a ser un rito habitual en Cristiano cuando algo se tuerce en su camino. Precisamente contra el Granada, el ríval de ayer, el pasado enero tampoco celebró uno de los goles del equipo (5-1) al escuchar algún silbido desde la grada del Bernábeu. El luso no encajó bien las críticas del feudo blanco, que le criticaba su exceso individualismo y su falta de actitud defensiva. Críticas que se arrastraban desde la derrota en diciembre por 3-1 ante el Barcelona. Y contra la Ponferradina, en Copa del Rey, tampoco quiso festejar su gol. 

Cristiano no soporta ser el objetivo de ira en muchos estadios por los que pasa. Siempre se recordarán, por ejemplo, las palabras que tuvo al ser preguntado por el ambiente en contra vivido ante el Dinamo de Zagreb en Liga de Campeones. 'Yo creo que es porque me tienen envidia porque soy rico, guapo y un gran jugador'. Unas cuantas críticas le llovieron en aquella ocasión. Su carácter ganador también le ha jugado malas pasadas en algún tropiezo del Real Madrid. Como fue el caso contra el Villarreal en la temporada pasada. No gustó nada en el equipo blanco el arbitraje de Paradas Romero, que llegó a expulsar a Rui Faria, Mourinho, Ramos y Özil. Al término del polémico empate, Cristiano se dirigió a la grada de El Madrigal haciendo un gesto con las manos y repitiendo: 'Robar, robar, sólo robar'. 

Pero Cristiano ni siquiera encaja bien ciertas decisiones de sus entrenadores. Ya le negó en su día el saludo a Manuel Pellegrini al ser sustituido contra el Tenerife. Y llegó a criticar a Mourinho por su planteamiento en el partido de ida de semifinales de la Liga de Campeones de hace dos temporadas. 'No me gusta jugar así, pero tengo que adaptarme', discrepó.

Mucho más tensa es su relación con su principal rival como mejor jugador del planeta, Lionel Messi. Y es que en cuanto a Cristiano se le menta el nombre del argentino, un mecanismo de enfado inmediato se instala en su cabeza. Las aficiones del mundo entero lo saben y de ahí que cada vez que quieren hacerle de rabiar coreen 'Messi, Messi, Messi'. Eso pasó en Bosnia, cuando Cristiano llegó junto al resto de la expedición de Portugal para jugar la repesca para clasificarse para la Eurocopa 2012. No le gustó nada el recibimiento de los balcánicos y en el entrenamiento les obsequió con una peineta impropia.

En junio, en el partido del torneo continental que midió a los lusos contra Dinamarca también se escucharon gritos de apoyo a Messi y al terminar el choque Cristiano no se contuvo: '¿Sabe dónde estaba Messi en esta altura? ¿Lo sabe? Estaba siendo eliminado en la Copa América en el país de él. Creo que es peor, ¿no? Yo estoy feliz de estar aquí'. Después de tantas faltas de respeto, el propio astro del Barcelona se ha cansado de Cristiano. Ambos ni se saludaron en la vuelta de la Supercopa de España y en la entrega del trofeo a mejor jugador de Europa, que ganó Iniesta, el ambiente entre ambos era irrespirable.

Pero Cristiano ni siquiera cuenta con aliados dentro del vestuario madridista. Con el grupo de los españoles nunca ha hecho buenas migas y menos desde el conflicto desatado con Iker Casillas por unas declaraciones de Sara Carbonero en las que aseguraba que el portugués era 'egoísta e individualista'. Y ahora se ha destanciado con uno de sus apoyos incondicionales, Marcelo. Una entrevista en la que el brasileño aseguraba que Messi era el mejor jugador del mundo y otras recientes en las que pedía el Balón de Oro para Casillas han sido motivo suficiente para que Cristiano le haya puesto la cruz. 

Este lunes se ha marchado con Portugal pese a retirarse ayer lesionado y ya ha cancelado un acto publicitario que tenía previsto para no tener que exponerse a las preguntas de los periodistas. Pese al parón en la Liga por los compromisos internacionales, el polvorín en Chamartín sigue estando activo. Estos próximos días se comprobará si Florentino lo extingue o si se convierte en incendio.