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Cristiano, poco fútbol y mal gusto

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Cristiano Ronaldo, el fichaje más caro de la historia, el mejor pagado, ha pasado inadvertido por el Mundial, el escenario donde se mide a los mejores y se dirimen los Balones de Oro. Cuatro partidos completos después se marcha de Suráfrica con un solo gol del que presumir, en una tarde decantada y con el rival ya deshecho, el sexto del 7-0 a Corea del Norte. Los mismos goles que tarjetas amarillas. Se va con 21 disparos, 19 desde fuera del área, alguno, como ante España, en faltas casi desde el medio campo. Sólo nueve acertaron con la portería. Se aleja con un 60% de acierto de 140 pases, del 22% en nueve centros al área. Con ocho faltas tan sólo sufridas, casi las que padece en medio tiempo en España. Con tres fueras de juego. Dice adiós sin una sola acción que retener en la memoria, vacío. Otra vez decepcionante en el partido de la verdad.

Y después de semejantes números, al pasar por su última zona mixta del campeonato que aspiraba a protagonizar, Cristiano suelta, con un mal perder habituado a que le consientan, con mal gusto, que si alguien quiere una explicación a lo ocurrido, le pregunte a Queiroz. La culpa siempre es de los demás, nunca de uno mismo. No ha estado fino ni valiente el seleccionador de Portugal (equipo hacia el que ahora apunta, para entrenarlo, Luis Aragonés), pero no es el capitán el más indicado para sacarle los colores. Sobre todo, porque no es de los que comparten los elogios cuando vienen bien dadas. Cristiano se retrata de nuevo. Siempre le ha salvado de su carácter endiosado el fútbol. Esta vez ni eso.

A la vista de la que se ha formado en Portugal, en donde hasta Figo (otro insolidario poco apropiado para ponerse ahora a dar lecciones) le ha reprendido ('un capitán debe dar la cara en los momentos difíciles'), Cristiano, a través de un comunicado, trata de corregir su comportamiento atribuyéndolo a un simple malentendido. 'Cuando dije que preguntasen al entrenador fue simplemente porque Queiroz estaba en conferencia de prensa y yo no me sentía en condiciones de explicar lo que fuese'.

Dio igual, su futuro entrenador, José Mourinho, aprovechó la ocasión para dedicarle más mimos: 'Tiene que estar tranquilo, en el Madrid yo no dejaré que nadie ponga sobre él la responsabilidad del equipo'. Queda claro. Con el sargento de hierro también tendrá licencia para los pucheritos.