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Cristiano, si mezcla no marca

Los números desvelan el "egoísmo positivo" que demanda Mou

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'Cristiano es un jugador de equipo; un colectivista, lo contrario del egoísta'. Mourinho no admite críticas a su 'intocable', aunque para ello intente dar la vuelta a la evidencia. Basta con ver en acción a Cristiano para comprobar su individualismo, su mayor y mejor relación con el balón que con el juego. Pero si además se diseccionan uno a uno sus goles, incluso se puede confirmar que cuando el luso busca portería casi siempre lo hace en beneficio propio, si bien éste acaba reportando en el del colectivo. Es el egoísmo positivo del que habla Mou.

El portugués suma 43 tantos (35 en Liga y 8 en Champions) en 46 partidos oficiales con el Madrid, con una media de casi uno por encuentro (0,93). En ninguno de ellos CR7 ha marcado tras mezclarse con un compañero. O inicia y acaba la jugada, o finaliza la de otros, y casi siempre a un toque. 'Hay jugadores que tienen determinadas características, difíciles de cambiar y que la mejor opción es no cambiar', explica Mourinho. 'Hay entrenadores que defienden, y no digo si yo soy uno de ellos, que un delantero debe ser egoísta porque ve puerta'. Cristiano la ve, y con mucha frecuencia, de ahí que las prioridades colectivas de su entrenador sean otras y su compatriota tenga libertad para ser colectivista a su manera.

De sus 43 goles, 14 han sido de jugada individual, siempre con el balón sin contactar con otras botas que las suyas. 'El primer toque de un delantero es de orientación hacia la portería y eso es egoísmo positivo, una grandísima característica de los atacantes que marcan goles'. Mourinho vuelve a justificar a Cristiano y reconoce la verticalidad que él le demanda y que CR7, por velocidad, potencia y disparo, le ofrece.

De remate, todos a un toque menos dos, Cristiano suma 15 goles, de ellos 11 con el pie y 4 con la cabeza. El ejemplo de rematador nato es Hugo Sánchez, capaz de marcar 38 goles de un solo toque en una temporada. El mexicano era un cazagoles que nunca se exponía con el balón, sino que sólo entraba en contacto con él para mandarlo al fondo de la portería. Cristiano es muy distinto. Él sí se expone y se relaciona con la pelota. Tanto, que recibe más faltas y a veces peca de un exceso de conducción o de un empacho de regates y filigranas, más efectistas que efectivas.

Su altura (1,85) y su envergadura le permiten ir bien de cabeza, aunque su fuerte son las piernas, y especialmente la derecha. El reparto de goles así lo certifica: 30 con la diestra, 9 con la zurda y 4 con la cabeza.

A balón parado, Cristiano es famoso y con razón. Lleva marcados siete goles de falta directa y otros tantos de penalti. De ellos cuatro a la derecha del portero, es decir, donde más se ajusta el disparo, y tres a la izquierda, donde influye más la colocación. La enorme condición física del portugués le permiten mantener el nivel competitivo durante los 90 minutos, de ahí que sus goles se repartan casi a partes iguales, 23 el primer tiempo por 20 el segundo.

Que Mourinho defienda a Cristiano es lógico, pues es el tipo de futbolista que mejor rentabiliza la rápida finalización de las jugadas que pregona el técnico luso y su actitud es contagiosa. Que no sea tan combinativo, aunque sus seis asistencias esta temporada denotan una notable mejoría en este sentido, no le importa demasiado. A CR7 no le va lo de mezclar. Su ambición es la de un depredador. No le va cazar en manada. Prefiere hacerlo en solitario. Ya sea arrancando él la jugada o finalizando la que realiza un compañero. Entre medias, ni paredes ni complicidades. La rapidez de ejecución, con una velocidad punta difícil de frenar y una potencia de tiro que aterra a los porteros.

'Yo no tenía calidad para ser egoísta', dice Mourinho. Su confesión delata a Cristiano: él sí la tiene y por eso lo es. D