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Cristiano o diez más

España se juega los octavos de final con dudas en el juego pero fortalecida en el ánimo. La Roja se resiste a obsesionarse con la estrella portuguesa, cuyo nombre domina la cita

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Cristiano y un equipo detrás. Cristiano y el entrenador que sirvió como excusa para apartar a Del Bosque del Real Madrid. Cristiano y una defensa inmaculada en Suráfrica, todavía imbatida, que le cuesta desde hace tiempo recibir goles. Cristiano y un portero en racha. Cristiano y un par de futbolistas del Atlético en forma. Cristiano y Pepe de medio centro. Cristiano y un contragolpe demoledor. Cristiano y unos laterales que suben, de lo mejorcito del campeonato. Pero Cristiano en todas las frases, el nombre que siempre aparece alrededor de Portugal. Y eso que aún no se ha visto al verdadero Cristiano en Suráfrica, que sólo ha marcado un gol y además intrascendente, al final de una goleada. Pero da igual, Cristiano y diez más.

Precisamente contra esa percepción lucha España. Que el efecto cegador de Cristiano no deje ver el resto de Portugal. 'Si nos obcecamos en taparle a él', advierte el ahora secundario Cesc, 'nos puede marcar un gol el otro extremo'. Portugal es más que Cristiano, recitan sin parar los españoles. Respeto al rival en su conjunto, respeto, respeto. Tras la bofetada del favoritismo inicial, España afronta los octavos con los pies en el suelo.

Del Bosque insistirá en el doble pivote y en la alineación que ganó a Chile

España empieza oficialmente su cara o cruz del Mundial hoy, exactamente dos años después de coronarse campeón de Europa en Viena, la efemérides cuyo recuerdo golpea insistentemente cada movimiento de este equipo. Aunque en realidad lleva así, jugándose la supervivencia a todo o nada, desde el segundo día, desde que Suiza le alteró los pronósticos y los planes.

Por ahí, el equipo llega curtido, tenso, exigido, obligado a dar lo máximo desde el primer minuto, siempre al borde del precipicio. Lejos quedan los balnearios en los que convirtió sus primeras fases en Alemania 2006 y Austria-Suiza 2008. En Suráfrica ha tenido que sufrir. Todo lo contrario que Portugal, que llegó al tercer encuentro casi silbando.

Lo que no han hecho los contendientes de hoy ha sido entusiasmar. Pese a ofrecer el resultado más abultado del campeonato, ese 7-0 ante Corea del Norte, Portugal no ha llamada mucho la atención. Si acaso por su obsesión defensiva y su seguridad. No parece un equipo dispuesto a correr riesgos ni a concederle espacios vacíos a España. Aunque Queiroz anunció ayer que, 'por filosofía e ideas como entrenador', sí va a asumirlos y que su equipo jugará a 'atacar y atacar', La Roja no se teme ese partido.

Tampoco le inquieta mucho. España depende menos del rival que de sí misma. Y ese es precisamente el aspecto que más invita a la preocupación, porque la selección aparece descosida, muy distante de aquellas sesiones de fútbol que despertaron la admiración del planeta. El equipo confía en volver a ser la que era a partir de ahora. Liberado del susto y la angustia, España se declara otra vez capaz. Sobre todo, vuelve a sentir que salta al campo en igualdad de condiciones, jugándose lo mismo que su adversario, para quien el empate, a diferencia de lo que ocurrió en la primera fase, también carece de valor. El 0-0 del que se parte esta vez es igual para todos.

El estado del tobillo de Xabi Alonso, única preocupación médica del once

Del Bosque cree que ha dado ya con su mejor once, el mismo que se enfrentó a Chile. Es decir, insiste en la pareja de pivotes de contención y la manija del equipo para Xabi Alonso. A Xavi se le quiere más para el pase definitivo, para que sus maniobras den más al desequilibrio ofensivo que al trámite. Iniesta partirá de nuevo desde la derecha a su aire.

Villa actuará de falso extremo izquierdo, desde donde ha encontrado un camino para explotar su gol. Y Torres se pegará con los centrales como único punta claro. La alineación que Del Bosque ya tiene en la cabeza sólo podría trastocarla una recaída de Xabi Alonso de su esguince de tobillo. Pero ayer se entrenó con normalidad y, de inicio, costará verle fuera del partido.