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Cristiano se quita la cruz

El portugués se saca de encima el peso de no haber marcado de libre directo y liderauna victoria que estuvo en peligro tras permitir el Madrid que el Zúrich se pusiera 2-3

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Por dos veces tuvo que arremangarse el Madrid para sumar su tres primeros puntos en la Liga de Campeones en la salida más fácil que le espera en esta primera fase. Primero tuvo que bajarse al fango para desactivar el entusiasmo del Zúrich mientras esperaba su oportunidad de soltar un latigazo. Después, tuvo que volver a poner cara de preocupación para salvar una victoria que tenía conquistada. Un penalti dudoso y el mal endémico de las jugadas a balón parado le condenaron a sufrir. El equipo tiene fugas de concentración alarmantes que le complican la vida. Pero el fabuloso arsenal del que dispone le permite disputar varios partidos en uno. Sudar y bailar por igual.

El Zúrich salió discutiéndole el balón al Madrid desde la agresividad en la anticipación. Un combate que al Madrid no le quedó más remedio que aceptar, como tendrá que admitir mucho más durante el ejercicio. No se sintió cómodo, pero tramitó ese fútbol de guerrillas con paciencia. Sin achantarse en los choques y en las disputas esperó un fogonazo. A que pesaran más en el juego Cristiano o Kaká que Lass. Fue el portugués el que rompió el partido. Un taconazo previo anunció sus ganas de partido. De romper. Él mismo provocó la falta con la que se desprendió de una de las cruces que le persigue. También es capaz de arrancar en espacios cortos para encarar.

En su empeño de lanzar las faltas hay asunción de responsabilidad

La otra cruz que le señala se la arrancó convirtiendo su primer gol de falta. Ese ritual de los pasos atrás como los pateadores de rugby ya empezaba a causar mofas en las futboleras barras de bar, en las oficinas y en las tertulias de comercio. Hasta ayer no encontró el tacto Cristiano Ronaldo en los libres directos. Abría las piernas, resoplaba y el empeine le traicionaba una y otra vez. La parafernalia, tan llamativa, sobrecargaba la decepción. La suya y la del madridismo. Ni regates ni goles de falta. Material inflamable para que los 96 millones siguieran revoloteando sobre su figura. Tras el empeño de seguir ejecutando las faltas desde cualquier perfil se esconde la asunción de responsabilidades y la rebeldía de los extremos, uno de los yo futbolísticos de Cristiano Ronaldo, que nunca ha eludido la obligación de desbordar.

Sus problemas en el uno contra uno empezó a resolverlos ante el Deportivo con un par de culebreos en carrera que pusieron en pie al Bernabéu. Su negación con las faltas directas la aparcó ayer. No se sabe si tenía más ganas de acertar con una él, la hinchada o Florentino Pérez. El zurriagazo que se comió Leoni abrió en canal al Zúrich. Se desinchó. Y empezó a perseguir la pelota sin encontrarla. Raúl entendió que debía apoyar ente líneas, el maná del plan ofensivo de Pellegrini. Con los suizos mareados apareció otro detalle que niega la endeblez de Cristiano.

Otra jugada a balón parado mal defendida le cuesta un gol a Casillas

Ganó un salto de cabeza a diez metros del área para dejar a Higuaín escorado ante Leoni. Una acción muy inglesa. Su remate cruzado lo empujó Raúl llegando desde atrás. Persiguiendo las jugadas en las que sólo parece creer él y que acaba convirtiendo en golpes de realidad para los contrarios. La pelota se iba fuera y Raúl intuyó una vez más que debía estar encima de la jugada para acabarla. El Zúrich ya estaba deshecho cuando Higuaín parecía que terminaría de rematarlo. Enseñó el argentino contra el Espanyol una potencia y una velocidad muy respetables en un par de jugadas. Confirmó ese poderío en el gol que se fabricó. Un autopase en la frontal del área en el que se ventiló al central del Zúrich por piernas y habilidad.

Con los tres goles de ventaja se fue el Madrid al descanso y salió pensando que todo estaba resuelto. Se olvidó de sus propias lagunas de concentración y de su poca contundencia para defender las jugadas a balón parado. Tuvo que empezar el partido de nuevo. Hasta que Cristiano le dobló las manos a Leoni con otro lanzamiento de falta y Guti, con una preciosa vaselina, cerraron el partido.