Publicado: 06.07.2016 08:11 |Actualizado: 06.07.2016 18:24

Cristiano vs Bale: la semifinal de
los 200 millones de euros

Compañeros en el Real Madrid, a golpe de talonario, chocan en un duelo colosal como pilares de Portugal y Gales. El luso, agriado, solo ha brillado a fogonazos. El 'dragón' ha rendido como se esperaba, llevando a su selección a una cota inimaginable.

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Cristiano y Bale protagonizan la semifinal entre Portugal y Gales.

Cristiano y Bale protagonizan la semifinal entre Portugal y Gales.

MADRID.- El destino y el fútbol han querido que Portugal y Gales se enfrenten este miércoles por un puesto en la gran final de la Eurocopa. Y hablar de Portugal y Gales es hacerlo de sus estrellas, Cristiano Ronaldo y Gareth Bale. Esos gigantes del balompié, compañeros desde hace tres años en el Real Madrid, que rivalizan ahora en este duelo inédito. 

Al césped del estadio de Lyon saltarán los jugadores más caros de la historia del fútbol. Los elegidos por Florentino Pérez para hacer saltar cualquier registro. 200 millones desembolsó el Real Madrid, 96 al Manchester United y 101 al Tottenham, para hacerse con los servicios de estos dos astros. Cifras mareantes que ningún otro club en el mundo se ha atrevido a sobrepasar. 

Los números de Cristiano y Bale y su peso en el equipo blanco son indiscutibles y esta temporada han sido fundamentales para hacer posible la consecución de la Undécima. Ahora, defienden los colores de sus selecciones y se situarán en lados opuestos del cuadrilátero. Sin embargo, el presidente madridista contemplará desde la lejanía y con el pecho henchido este duelo entre sus hijos predilectos. 



No vale la pena buscar en la Wikipedia los antecedentes entre Portugal y Gales. No existen. Será el primer duelo oficial que diriman dos selecciones con historias opuestas, que ahora chocan en la antesala de la final. Una, Portugal, es una asidua de los grandes campeonatos pero sigue buscando el momento que le haga levantar un título. Lejos, muy lejos queda el tercer puesto de Eusebio y compañía en el Mundial del 66. Ahora, el reto es repetir la final de la Eurocopa 2004, que perdió contra Grecia.

Portugal ha alcanzado las semifinales pero lo ha hecho con un fútbol ramplón. Ni un solo partido ha sabido ganar en los 90 minutos

En Francia, ha ido de menos a más. Ha alcanzado las semifinales pero lo ha hecho con un fútbol ramplón. Ni un solo partido ha sabido ganar en los 90 minutos. Y a punto estuvo de quedarse fuera de los octavos. Empató contra Islandia, Austria y tuvo que remar contracorriente ante Hungría para no consumar el ridículo. Precisamente, los dos únicos goles de Cristiano en la Euro fueron contra la selección magiar. En octavos, un tanto de Quaresma, tras un tiro rebotado de Cristiano, en el minuto 117 logró tumbar a Croacia. Y en los cuartos contra Polonia, los penaltis decidieron.

Gales no tiene nada que perder. Se ha ganado la admiración de toda Europa en un campeonato que ha brillado muy por encima de lo esperado

Mientras, en Gales es todo euforia. Si ya era todo un éxito haber obtenido el billete para disputar la primera Eurocopa de su historia, llegar hasta las semifinales no tenía cabida ni en los mejores sueños de sus jugadores. Por eso, Gales no tiene nada que perder. Se ha ganado la admiración de toda Europa en un campeonato que ha brillado muy por encima de lo esperado. Comenzó ganando ante Eslovaquia, solo cedió ante Inglaterra en el último instante y goleó a Rusia para acceder a octavos como primera de su grupo. Allí se deshizo de Irlanda del Norte y contra Bélgica se consagró con una remontada asombrosa. 

Dos cracks con sensaciones contrapuestas

El carácter contrapuesto mostrado por ambas selecciones es fiel reflejo de las sensaciones que han desprendido sus estandartes. Cristiano ha vuelto a sacar a relucir su arisco temperamento, ese que ensombrece su calidad futbolística. Situado como punta de referencia en el esquema de Fernando Santos, a Cristiano se le ha visto más preocupado por su lucimiento personal que por ayudar al equipo en la mejora del rendimiento colectivo. 

Bale ha lucido la más amplia de sus sonrisas. Ha rendido como se esperaba de él, tirando del carro de los 'dragones'

Sus enfados por no recibir pases, su desacierto de cara a gol o sus torcidos gestos al recibir tantos en contra tuvieron su culmen el día que agarró el micrófono de un atrevido periodista que tuvo la osadía de hacerle una pregunta y lo lanzó a un lago. Bale, por contra, ha lucido la más amplia de sus sonrisas. Ha rendido como se esperaba de él, tirando del carro de los 'dragones', resquebrajando defensas desde su banda y participando del balance ofensivo de su selección con tres goles.

Las estadísticas también le dan la razón al 'expreso de Cardiff'. Pese a ser pieza clave para Coleman, llega al partido con las piernas menos cargadas que Cristiano. 443 minutos ha jugado Bale, que fue sustituido contra Rusia en los minutos finales, y no ha tenido que alargar sus choques hasta la prórroga. Sin embargo, Cristiano lleva ya 510 minutos sobre sus piernas. Lo ha jugado todo, incluidas dos prórrogas completas.

Solo habrá por delante 90 minutos para que uno de los dos alcance la ansiada final de Saint-Denis. El que lo haga, además, dará un pasito más hacia ese trofeo con forma de balón dorado que engrandece el ego de los futbolistas

Bale, además, ha sido mucho más efectivo de cara a puerta. Ha marcado tres goles, dos de ellos de falta, de los 20 tiros que ha intentado. De estos, 13 fueron a puerta. Sin embargo, Ronaldo ha necesitado de 39 tiros, 10 entre los tres palos, para marcar dos goles. Ninguna de las 10 faltas que ha lanzado se ha traducido en el marcador y los porteros le han bloqueado hasta 14 disparos. 

Ahora, todo eso ya no importa. En Lyon el balón volverá a rodar sin memoria. Solo habrá por delante 90 minutos para que uno de los dos alcance la ansiada final de Saint-Denis. El que lo haga, además, dará un pasito más hacia ese trofeo con forma de balón dorado que engrandece el ego de los futbolistas. Cristiano y Bale. 200 millones repartidos en dos fenómenos que luchan por un mismo anhelo. Y un presidente, disfrutando en la lontananza.