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Los cuartos, en Zubieta

La Real derrota al Mallorca en Anoeta con dos goles de Aranburu y Agirretxe y un once inicial con nueve jugadores salidos de su cantera

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Había ilusión en Anoeta por vivir una noche copera tras 12 años sin que la Real alcanzara los octavos. También había expectación, e incluso cierto temor, por si a Montanier se le ocurriría tocar lo que no debe. Después de su incomprensible alineación y planteamiento en Granada, donde la Real, con un doble pivote Mariga-Demidov, salió a defender sin presionar y llegó a ver en peligro una eliminatoria que llevaba encarri-lada con el 4-1 de la ida, en el club aguardaron a que el francés regresara de pasar las navidades en su país para darle un par de consejos.

Aunque sorprendieron las ausencias en la convocatoria de Iñigo Martínez e Ifrán, Montanier al menos no garabateó su equipo inicial. Confió la titularidad a Zubikarai, el portero de la Copa, y, a excepción de Demidov y De la Bella, apostó por un once con nueve jugadores salidos de Zubieta. Elustondo, flanqueado por Zurutuza y Aranburu, volvió a dar motivos para pensar que algún día romperá ese cascarón que tanto se le resiste y sentará cátedra en un centro del campo que ayer gobernó con solvencia. En punta, Agirretxe también sacó lo mejor de sí mismo entre Xabi Prieto y Griezmann, cada uno en su banda. Lo dicho, sin experimentos. Y así, sin que Montanier tocara lo que no debe, la Real ganó con dos goles de Aranburu y Agirretxe y logró un resultado que le acerca a los cuartos.

El Mallorca, con ausencias importantes, varias por decisión de Caparrós, fue como la gaseosa. Empezó con fuerza, pero poco a poco fue perdiendo gas. Al minuto de juego, Zubikarai detuvo un disparo a bocajarro del israelí Hemed, pero hasta bien avanzada la segunda parte el portero de la Real no tuvo que volver a emplearse a fondo. Lo hizo a tiro lejano pero potente de Joao Víctor, con una estirada de mérito, sobre todo para un suplente habitual. Ahí empezó y terminó todo el bagaje ofensivo de los baleares.

Recién renovado, Agirretxe se sacó una rosca medida al área que Aranburu cabeceó a la red ante la pasividad de Calatayud. El capitán de la Real, que el mes que viene cumplirá 33 años, tiene una oferta para renovar, pero no tiene claro si seguirá jugando y ha pedido tiempo para decidirse. Partidos como los de anoche pueden animarle a seguir vistiendo la única camiseta que ha sudado. Al igual que Prieto, Aranburu es lo que los ingleses llaman un One Club Man.

Entregado al pelotazo que pregona Caparrós, el Mallorca era incapaz de mecer el balón e hilvanar alguna jugada, lo cual facilitaba las labores defensivas de la Real. Un buen arrastre de Griezmann lo vio perfectamente Elustondo para habilitar a Aranburu. Calatayud logró desviar con la pierna el tiro del capitán, pero el balón lo repelió el poste y fuera a parar a pies de Agirretxe, que marcó el 2-0.

Caparrós reservó jugadores y su equipo, sin juego ni gol, fue gaseoso

Tampoco en los cambios Montanier cometió ayer tropelías. La entrada de Vela por un poco inspirado Griezmann y de Joseba Llorente por un desfondado Agirretxe fue un mensaje de ambición, que sólo la posterior sustitución de Aranburu por Mariga hizo temer que la Real reculara. Caparrós, que en el descanso ya introdujo a Nsue por Tejera, buscó y rebuscó en el banquillo lo que más le falta a su equipo, el gol, pero no lo encontró.

La Real, con nueve jugadores de Zubieta en el once, más otros dos que salieron desde el banquillo (y eso que ayer faltaban Iñigo Martínez, Illarramendi y Rubén Pardo, sus tres últimas aportaciones), dio el primer paso para disputar los cuartos de final de Copa, presumiblemente frente al Athletic. Claro que antes queda la vuelta en Son Moix, donde el factor Montanier será clave. Si no toca nada, mejor. Si no, el Mallorca tendrá opciones.