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Una década teñida de rojo y amarillo

España, campeona en 2000, 2004, 2008 y este año, es la mejor selección de este milenio

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Cuando Francesco Ricci Bitti llegó a la presidencia de la Federación Internacional de Tenis una de sus ambiciones era que las potencias del deporte sin Davis (fundamentalmente España, Rusia y Argentina) consiguieran la ensaladera. En el caso español su esperanza se colmó con rotundidad, paso de cero títulos a convertirse en el mejor equipo de la década.

Con la conseguida este sábado España ha logrado ya cuatro campeonatos, cada uno con un color diferente y sensaciones propias aunque siempre la misma sensación de gloria. La de 2000 se consiguió en Barcelona y era la primera ocasión en la que España era favorita, en tierra y contra Australia. 'Pensábamos que ganar era algo casi imposible, pero llegó esa final y nos volcamos para hacerlo, cada uno con lo que podía aportar. Hubo una implicación total de los jugadores y los cuatro capitanes', recuerda Juan Avendaño que formaba parte del G-4 que dirigía aquella selección. Joan Balcells era el especialista en dobles de aquel combinado, consiguió junto a Corretja el punto contra Woodfore y Stolle que dio el 2-1 a España. 'El partido era el resultado de un año de sufrimiento, ilusión y una lucha para llegar hasta allí. Lo recuerdo con mucha alegría. Era el partido más importante de mi carrera', comenta el barcelonés que, ya retirado, da clases en la Academia Sánchez-Casal.

En la primera Davis los entrenadores pedían 'máxima concentración'

El ambiente de una final de la Davis es diferente al que un tenista se encuentra en su carrera aunque, como profesionales, no creen que eso les amilane. 'Cada jugador ya se habitúa a la presión, si de jugar satelites pasas a la Davis es un shock pero si llevas una carrera fuerte estás acostumbrado', comenta Balcells que aún recuerda a los entrenadores 'pidiendo máxima concentración'.

Uno de los jugadores que mayor presión pudo vivir cuando le tocó afrontar una final de la Davis fue Nadal en el Sevilla en 2004 contra Estados Unidos. 'Era el cincuenta y pico del mundo, tenía por delante a Ferrero, Robredo y Moyá. Mucha gente no entendió que disputara el segundo partido contra Roddick pero ganó y a partir de ahí se vio el potencial que tenía Rafa', recuerda Avendaño, también presente en el grupo de entrenadores que dirigía aquella victoriosa final de 2004. Nadal, con 18 años, salió a la arena y se comió a su rival, por aquel entonces, era una de las raquetas más prestigiosas del circuito. Roddick, conocido por sus buenas maneras, reconoció la labor del español con aplausos en su raqueta cada vez que Nadal acertaba a dar con la línea. Su victoria y las dos de Moyá dieron la ensaladera a España. 'Fue muy especial, jugando en casa te apetece más aún ganar', asegura Avendaño.

El año pasado la situación cambió. España tenía que afrontar la final con dos factores en contra. Por un lado el público argentino, reconocido por su pasión y por otro con la ausencia de Nadal, el número 1 español y, en aquel momento, también del mundo. España se presentaba a la final con un sólo entrenador, Emilio Sánchez Vicario, y mar de fondo por las malas relaciones entre la Federación dirigida por Pedro Muñoz y los jugadores.

En Sevilla Roddick aplaudía los golpes magistrales de un Nadal que aún era promesa

Por todo ello, Sánchez Vicario sabe que aquel año fue el más difícil. 'Con la Davis se llega al gran público, que no entiende cosas como la dificultad de jugar fuera. A ellos sólo les importa ganar, es normal, pero nosotros sabemos lo complicado que fue hacerlo fuera en Argentina. Aquel año no jugamos sólo la final como visitantes, también contra Perú y Alemania nos tocó fuera y eso será difícil de igualar', reconoció el capitán que dejó su puesto cansado de todo tras la consecución de la tercera ensaladera.

Si Nadal había demostrado su potencial en la final contra Argentina, el año pasado el héroe fue Verdasco, que consiguió el último punto de la eliminatoria en su partido contra Acasuso. A él también le sirvió de acicate para el resto de su carrera. 'Verdasco es especial, tiene mucho talento pero antes jugaba dos partidos, uno contra el rival y otro contra si mismo. Ahora ya sabe controlar mejor eso, le falta sólo un punto contra los grandes jugadores y en Londres ha demostrado estar muy cerca', comenta Sánchez Vicario sobre el nuevo tenis del madrileño que surgió tras aquella eliminatoria.

Verdasco se transformó como jugador tras su victoria ante Acasuso en Argentina

Durante esta temporada, la mejor de la carrera de Verdasco, el jugador ha recordado en muchas ocasiones lo que significó para él la atención especial que le dio el capitán, que tiene clara cual es la receta para lograr un triunfo de este calibre. 'Se trata de que estén concentrados y sepan lo que significa ganar la Davis En una eliminatoria así la cabeza es fundamental, hay que ser consciente de lo que se hace', recalca.

Con la victoria de este sábado, España se reafirma como la mejor selección de la década. Cuatro finales ganadas y una más perdida (contra la hierba australiana en 2003) otorgan a la Armada, como se denomina al tenis español, el cetro de los mejores. Es el trono que Ricci Bitti quiso ofrecer y al que España ha cogido un inusitado cariño.