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El demonio entre sus piernas

La noche casi se traga a Pinto a los 11 minutos. Pero el Barça lo solucionó

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El demonio se metió entre las piernas de Pinto a los 11 minutos. Sólo disculpa al portero, faltaría más, que se produjo en contra de su voluntad. El resto, no. El tiro de Cristiano, agrio, no era lo suficientemente bueno como para ser gol. Pero estas cosas, aunque pueda parecer oportunista, pasan por estar donde uno no debe. Pinto siempre podrá objetar que el error de Valdés fue superior al suyo en el partido de Liga. No lo hará, porque eso no se hace. Pero podría. En realidad, los errores de los porteros son así: malvados, histéricos, capaces de desorganizar la reputación de toda una vida.

El caso es que ese error sólo fue el inicio. Y los partidos no son como empiezan, sino como acaban. En el transcurso, el Barça tuvo tiempo para solucionar el disgusto de su portero, que luego se retiró del escenario. Entre Puyol y Abidal (dos defensas, qué curiosidad) indemnizaron su pena y la de la hinchada. Pinto no volvió a ser objeto de sospecha. En los 79 minutos restantes, no volvió a usar las manos. Excepto una cabeza de Benzema, que chocó con el lateral, no se registraron inundaciones en su área. Fue una noche clásica, una lección que en los colegios ya se recita de carrerilla. La pelota fue del Barça y la impaciencia del Madrid, terco como una mula. Y no se sabe si incorregible.