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Di Canio, el último episodio del fascismo en el fútbol

La designación del exfutbolista como entrenador del Sunderland ha desatado multitud de reacciones que han reabierto el debate sobre la presencia de ultras en este deporte. El entrenador romano ha afirmado sentirse dolido por las acusaciones contra

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El Sunderland, equipo que milita en la Premier League, ha contratado como entrenador al controvertido exjugador italiano Paolo Di Canio, decisión que ha provocado la dimisión inmediata de David Miliband de la junta de dirección del club. Miliband, antiguo ministro de exteriores del Gobierno laborista británico, es descendiente de una familia judía que se vio obligada a escapar del régimen nazi y ha explicado su renuncia alegando su desacuerdo con el fichaje de un técnico de ideología fascista.

Sin embargo, la llegada de este polémico entrenador ha generado una polémica interna en el club. David Miliband comunicó su dimisión al club como miembro de la junta directiva por razones 'de la ideología política del nuevo técnico'. Miliband le desea al Sunderland 'todos los éxitos en el futuro' y espera 'lo mejor para el equipo en los siete próximos partidos'. Sin embargo precisa que 'dadas las la pasadas declaraciones de carácter político del nuevo entrenador, lo correcto es dimitir'.

La consejera delegada del Sunderland: 'Di Canio es un hombre honrado y una persona decidida y apasionada'  Por su parte, el nuevo entrenador del Sunderland afirmó hoy lunes sentirse dolido por estas acusaciones, que él considera injustas, a través de un comunicado en la web del club. 'Una cosa puede haber pasado hace muchos años, pero lo que importa son los hechos', declaró. 'Creo en mis pilares y tengo valores. Lo que más me ofende no es que me toquen a mí, sino que toquen lo que mis padres me dieron, los valores que me dieron. Esto no es aceptable'.

La consejera delegada del Sunderland, Margaret Byrne, dijo que el club estaba decepcionado por la reacción de algunos al fichaje del nuevo entrenador, que dejó el Swindon hace seis semanas, y que algunos estaban intentando convertir el asunto en un 'circo politico'. 'Cualquiera que haya conocido a Paolo y hablado con él personalmente, como hicimos nosotros en profundidad antes de ficharle, sabrá que es un hombre honrado, un hombre de principios y una persona decidida y apasionada'. Byrne agregó que 'Acusarle, como han hecho algunos ahora, de ser racista o tener simpatías fascistas es un insulto no solo para él sino para la integridad de este club de fútbol'.

Lo preocupante para este deporte es que las de Di Canio no han sido ni mucho menos las únicas manifestaciones de apoyo al fascismo que se han hecho dentro de un campo de fútbol. Recientemente, el jugador del AEK Atenas Giorgos Katidis fue excluido de por vida de la selección griega después de celebrar un gol dirigiéndose a la grada con el brazo derecho en alto. Este gesto fue anteriormente practicado por el checo Pavel Horvarth cuando militaba en el Sparta Praga, siendo multado por la federeción de su país; y por el mismo Paolo Di Canio, quien declaró: 'Soy fascista, pero no racista. Hago el saludo romano para saludar a mis aficionados y a los que comparten mis ideas. Este brazo tendido no quiere nunca ser una incitación a la violencia y menos al odio racial'. Después de ser sancionado con 10.000 euros, el jugador romano volvió a repetir el saludo para júbilo de un sector de la hinchada del Lazio, concretamente para los Irriducibili, un grupo ultra de extrema derecha que comparten lazos de amistrad, entre otros, con grupos afines como los Ultras Sur (Real Madrid) o las Brigadas Blanquiazules (Real Club Deportivo Espanyol).

Di Canio: 'Soy fascista, pero no racista. El brazo tendido no quiere nunca ser una incitación a la violencia y menos al odio racial'

Fueron precisamente los Irridicibili quienes enarbolaron una pancarta donde se podía leer: 'Auschwitz es tu país; los crematorios, tu casa'. Este tipo de conductas ha provocado que la UEFA sancionara en varias ocasiones al Lazio, club que vio además cómo este sector de sus seguidores atacó con bengalas a la plantilla del Partizán de Belgrado en 2004. No obstante, las tragedias protagonizadas por las aficiones no terminan ahí, pues en 1998 Aitor Zabaleta fue asesinado a manos de un miembro de Bastión, una antigua facción de los seguidores del Atlético de Madrid también relacionada con ideologías fascistas. 

Otro desagradable suceso tuvo lugar durante un partido que enfrentaba en la Copa de la UEFA al Hapoel de Israel contra el Soroki de Bosnia, en el cual la afición de este último comenzó a corear 'Auschwitz, Auschwitz' y 'Sieg Heil', en clara apelación al Holocausto sufrido por el pueblo judío. Algo parecido ocurrió con los hinchas del club argentino Talleres de Córdoba, cuando fue sancionado después de que banderas con esvásticas aparecieran en las gradas de su estadio.

El de Di Canio no es, entonces, un caso aislado en el mundo del fútbol. Este deporte está acostumbrado a lidiar con episodios de apología fascista, tanto en el campo de juego por parte de algunos futbolistas, como en la grada, donde algunos grupos ultras hacen pública su adhesión a esta ideología.