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Día 17: Una generación contra el olvido

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Entre Kaunas, en Lituania, y Saitama, en Japón, no sólo hay unos 8.200 kilómetros de distancia. Para la selección española hay un Mundial, dos Eurobasket y una plata olímpica. Para los aficionados españoles es un camino glorioso lleno de éxitos y también alguna decepción, como el último Mundial de Turquía o la final europea perdida en Madrid. Pero para la historia del baloncesto español esta es la confirmación de algo ya sabido: estamos ante una generación probablemente irrepetible que deberíamos tardar en olvidar.

Digo deberíamos porque en esto del deporte la memoria es frágil. Tan pronto como vemos que Nadal pierde nada menos que una final, ya pensamos que está acabado. No nos acordamos que el chaval es humano y que hasta a él le dan calambres cuando está sentado, como a todo el mundo. La tendencia a enterrar los éxitos nos lleva a ver a Fernando Alonso como un triunfador en pretérito perfecto, cuando hasta hace pocos años no soñábamos siquiera con tener dos pilotos en la Fórmula 1.

Este año, sin ir más lejos, el hecho de que Gasol no estuviera bien en los playoff con los Lakers, ha hecho que muchos ya afirmen que no es el de antes, cuando las metía todas. ¿Y cuándo hemos soñado nosotros que un español sería doble campeón de la NBA? Lo soñó Fernando Martín y era un iluso. Con él soñaron con el oro olímpico Corbalán, Epi y compañía. Y Díaz-Miguel, que tuvo tan cerca el sueño por el que la mayoría han ido a este Eurobasket. Un sueño por el que ahora lucharán Gasol, Navarro y Calderón junto con los que toquen en Londres 2012.

Quizá ese oro no llegue entonces. Quizá no llegue nunca. No seremos desdichados por ello, porque habremos disfrutado del mejor baloncesto criado en nuestras fronteras jamás conocido. No debemos olvidar que hace poco abundaban más las lentejas que el caviar en nuestra mesa y no debemos ser desmemoriados con esta generación iluminada que tardará en repetirse, si es que eso ocurre algún día. Hasta entonces, disfrutemos del momento.