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El día en el que se acabó la bula de Andy Schleck

  

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Acusa Andy Schleck, en pleno calentón, el estado en el que el humano es más rudo pero también más sincero, a Contador de falta de juego limpio en el incidente de la cadena. Se retracta Andy Schleck, tras la reflexión, el estado en el que el humano es más correcto, y usualmente no tan sincero, de la acusación previa. ¿Qué le hizo cambiar de opinión? Quizá una simple llamada de teléfono a su hermano Frank, el mismo que dejó tirado en una cuneta de pavés, con el hombro y la clavícula destrozados, camino de Arenberg. Aquel día, con el pelotón desgajado por accidentes, caídas y averías mecánicas, nadie criticó al menor de los luxemburgueses que aprovechara la circunstancias de la carrera para escaparse junto a Cancellara y meter tiempo a Contador, que llegó con el freno trasero encasquillado en la rueda; a Armstrong, por entonces todavía favorito; a Evans; a Samuel Sánchez, también con una avería mecánica...

Nadie le acusó de insolidario, de jugar sucio, de ser desleal con el prójimo. Y el pelotón, en especial Alberto Contador, estaba cargado de motivos para reclamárselo. Porque, un día antes, en la lluviosa jornada que salió en las carreteras cerca de Spa, el de Pinto calmó el ataque del Astana cuando se escuchó por el pinganillo que los dos luxemburgueses perdían más de un minuto por una caída. Aquel día, Contador paró por amistad, por la desgracia de la caída y por la lealtad hacia el esfuerzo hasta París. 'Allí siempre gana el más fuerte', dice muchas veces Alberto. Por eso, le dio una segunda oportunidad a Andy en base a un código de honor que, fuera del pelotón, no se entiende.

Sin embargo, tras lo sucedido en el pavés, Contador no se echó nada en cara, ni buscó polémicas, porque lo que más desea es vivir un Tour exigente de emociones y tranquilo de tensiones. Simplemente decidió poner fin a la bula que había desplegado con Andy Schleck.