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El discípulo de Baltazar que no sabía besar

Falcao apunta a la marca del brasileño: 35 goles en una temporada

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Falcao apunta más allá de Hugo Sánchez o de Forlán. La prodigiosa capacidad rematadora del colombiano cinco goles oficiales en las cuatro primeras jornadas de Liga, que en realidad fueron más remite a las cifras de Baltazar, el delantero brasileño que hace ya 23 años, en la Liga 1988-89, fijó en 35 dianas el récord anotador, aún vigente, de un futbolista del Atlético en una temporada.

Las similitudes entre Baltazar y Falcao van más allá de la puntería. Ambos comparten una personalidad firme, sin extravagancias ni escándalos conocidos y anclada en raíces religiosas. Si el brasileño pertenecía a la organización Atletas de Cristo y no podía viajar sin una biblia, el colombiano se educó en la Casa sobre la Roca, congregación cristiana de renombre en su país, y celebra cada gol con un gesto de agradecimiento al cielo.

El colombiano señala dónde quiere el balón, se aleja y vuelve para rematar

Proveniente del Oporto, el Atlético pagó por él 40 millones de euros. En el primer partido de Liga, ante Osasuna, Manzano no le pudo alinear al carecer del pertinente tránsfer (licencia federativa) y, casualmente, el marcador no sufrió cambio alguno. En los otras tres citas ligueras ha sido titular y sus números le convierten en la gran sensación del torneo.

Amén de los cinco tantos lo que significa una media de uno cada 51 minutos, el colombiano ha rematado 15 veces cada 17 minutos, con un meritorio porcentaje goleador, 33%, y un brutal porcentaje de acierto a portería: 73%. Sólo tres de esos latigazos se han ido fuera.

El atacante atlético (25 años), de apellidos García Zárate, se llama Radamel por su padre un rocoso central que militó en clubes modestos de Colombia y Venezuela y Falcao por el legendario centrocampista brasileño de la década de 1980, apodado El rey de Roma cuando jugó en el equipo de la capital italiana.

Con 10 años saltaba hasta el larguero de la portería, casi el doble de su estatura

Criado en una familia de clase media, siempre destacó por su condición atlética. En el colegio, con apenas 10 años, era capaz de brincar hasta alcanzar el travesaño de la portería, casi el doble de su estatura. Él asegura que puede saltar 1,20 metros y sus actuales compañeros no esconden su asombro. '¿Falcao? He visto a pocos como él por arriba declaró ayer Reyes en Radio Marca. Es increíble. Centras medio mal y te lo hace bueno, las remata todas'. Así, de los 15 remates que ha realizado, un tercio (5) han sido cabezazos, y uno de ellos acabó en gol. Ha marcado otro con la zurda y tres con el pie derecho.

En un reportaje publicado por la revista colombiana Shock, Camilo García, uno de sus amigos de la infancia, recuerda que Falcao 'era muy apasionado por el fútbol, pero debido a sus compromisos con la Liga de Bogotá tenía que mesurarse en los partidos colegiales para evitar una lesión'. Aun así, deleitaba a sus compañeros con chilenas, cabezazos y, sobre todo, con su manera de ejecutar las faltas. Maicol Buitrago, otro de aquellos amigos, recuerda que el delantero rojiblanco 'se había acostumbrado a entrenarse descalzo y usando balones duros, por eso se convirtió en un excelso pateador, dueño de una potente pegada'.

Compartió hotel con Mascherano en la cantera del River Plate

A los 11 años el Ajax llamó a la puerta de los García Zárate, pero sus padres consideraron que era muy niño para viajar a Europa y continuó fogueándose en su país hasta los 14, cuando emigró a Argentina para formarse en la cantera del River Plate. Maduró en la cancha y fuera de ella. Falcao soñó con vivir del fútbol y compartió cada noche ese anhelo en el hotel donde vivían otras promesas como Carrizo, Ludueña quien empezó a llamarle Tigre o Mascherano, posiblemente uno de los centrales del Barça con los que mañana se verá las caras en el Camp Nou.

Los defensas azulgrana deberán estar especialmente atentos a la movilidad y el juego colectivo de Falcao. El colombiano, consciente de que su fuerte no es el regate ha intentado realizar 12, de los que sólo uno culminó con éxito, busca constantes asociaciones. Además de buen receptor de balones, el goleador se prodiga en el pase. Ha realizado un total de 61 uno cada cuatro minutos, de los cuales 50 han sido buenos.

El Tigre se relaciona mejor en el fútbol que en la vida. Siempre afable y educado, su temprana pasión deportiva le llevó a privarse de juergas. Madrugaba, se entrenaba por la tarde y salía poco. Buen bailarín de salsa y vallenato, se le conocen pocas novias. Su amigo Buitrago cuenta que incluso en alguna ocasión le pidió consejos sobre cómo besar a una mujer. Hace cuatro años, Falcao se casó con Loreley Tarón, argentina de ascendencia alemana a quien conoció en la iglesia que ambos frecuentaban cuando jugaba en Buenos Aires.

Sobre el césped, Falcao sí tiene una agitada vida social. Ha participado en 90 jugadas del Atlético, una cada tres minutos. De ellas, prácticamente la mitad, 43, las acaba él. Y ya tiene sus resortes para entenderse con los compañeros encargados de sacar a balón parado. El colombiano señala de forma exacta el punto que él considera idóneo para rematar, se aparta discretamente del lugar y cuando la pelota llega a dicha zona él aparece para rematar. Casi siempre a puerta y muchas veces, cinco, a gol. Si persiste en semejante eficacia, la marca de Baltazar está a tiro.