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Un 'Dream Team' sin memoria

Estados Unidos no olisquea el pique en su nueva versión

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Be yourselves, be yourselves (ser vosotros mismos)', repite Mike Krzyzewski. Su arenga resuena en la Caja Mágica como la llamada interior a un grupo de jugadores que siguen tomando medidas al traje del Dream Team. Cada uno lo medita con sus rutinas. Billups reclutando balones antes de una interminable sesión de tiro. Durant reboteando con la elasticidad de un saltimbanqui. Otros, como Rajon Rondo, el jugador de los Celtics, colgando una imagen del entrenamiento en su Facebook.

A todos los mira coach K. Los escucha. Los dirige. Los corrige con la naturalidad de quien sabe tener buena mano en un vestuario rebosante de egos. 'En este equipo no hay arrogancia', sentencia Krzyzewski. 'En el pasado, tampoco', asegura. La firmeza desaparece, sin embargo, cuando recuerda su anterior concentración de vanidades. Kobe, Lebron, Wade, Anthony, Bosh, Kidd, Howard, Paul, Williams, Prince, Boozer y Redd. El equipo que ganó el oro olímpico tras un partido del que se olisquea venganza desde Pekín. El equipo que ha abandonado en masa a Krzyzewski ante el Mundial, un campeonato que la NBA suele ningunear como objetivo de referencia.

'Aquella cuenta pendiente pertenece a otros', asegura Tyson Chandler ante el choque de esta noche (21:00 h, La Sexta) frente a España. Para el único pívot puro de coach K, el verano de Pekín es sinónimo de vacaciones en Malibú, partidos en la liga de verano y la grabación del enésimo tatuaje ('sólo los más fuertes sobreviven') en un cuerpo que parece un libro de citas. 'Mi contador en el Dream Team aún está a cero. Hasta después del Mundial no empezaré a tener buenos o malos recuerdos ante otra selección', reflexiona.

'No pondré las imágenes para motivarlos, será una sesión de vídeo puramente técnica'

De esa pose de lejanía con la anterior versión de la selección americana participan todos. El poblado staff. 'El Dream Team es una marca de éxito. Las piezas, sean las que sean, siempre acaban encajando', remarca Nate McMillan, el técnico que ha condenado al ostracismo en Portland a Rudy. Y, en especial, los jugadores. 'Estados Unidos tiene equipo suficiente para ganar el oro', amenaza Durant, de los pocos con hueco en un Dream Team sin desbandada. 'El pasado no vale de nada. El presente siempre es lo más importante', asegura como eslogan de esta América con más barras que estrellas. De un baloncesto promovido más por el físico que por la delicadeza de la genialidad, como se demostró ayer en la victoria ante Lituania.

'Sabemos cuál es el encargo de este equipo', asevera Lamar Odom, espectador activo, en el vestuario de los Lakers, de un pique entre Kobe y Pau que no tendrá a ninguno de los dos en activo (Gasol sí presenciará el partido en directo) en la Caja Mágica. 'Creo que aquella final les unió de una forma especial', explica el bicampeón con los Lakers, el único de los 13 jugadores que presenció la final por televisión. 'En ocasiones prosigue, durante los viajes, me da la sensación de que están reviviendo aquel día'.

Un partido en el que España obligó a Estados Unidos a exprimir todo su baloncesto. Casi dos horas de show que Krzyzewski gusta de saborear en la comodidad de su sillón con una cerveza en la mano. 'Me encanta verlo de vez en cuando. Es como esas buenas películas que, además, sabes que va a acabar bien', bromea coach K, quien ha aterrizado en Madrid con un DVD que recopila jugadas, gestos y fundamentos, de aquel día caluroso en Pekín, a incidir ante España, su mayor rival en el Mundial. 'No pondré las imágenes para motivarlos, será una sesión de vídeo puramente técnica. No creo en los montajes con música o con escenas de película como arma de motivación', incide el seleccionador norteamericano. 'Al final continúa, lo importante es que fluya el baloncesto que cada uno tiene dentro'.

En definitiva, be yourself.