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Un entrenador maquiavélico

Hugo Sánchez, que se estrena en el Almería, es de la corte de Mourinho: técnicos arrogantes, provocadores, geniales...

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Vuelve Hugo Sánchez casi 15 años después de marcar sus últimos goles con el Rayo. Ahora está más grueso, pero conserva el bronceado y el pelo francamente bien. Ha cumplido medio siglo y ya no celebra los goles con esas volteretas que le enseñó a hacer su hermana, gimnasta en los Juegos de Montreal 76. Hugo ya es un señor mayor, que no ha cambiado en lo sustancial.

De futbolista, jamás logró el amor incondicional. De entrenador, tampoco le interesa. Es la primera vez que viene a Europa, pero las noticias que llegan de México vocalizan las mismas estrofas de hace veintitantos años. Hugo sigue pensando que 'para triunfar se necesitan enemigos'. De esa idea no se baja. Con la palabra continúa siendo el arrogante de siempre, incapaz de admitir el fracaso. 'Eso queda para los mediocres y acomplejados', señaló hace meses cuando le despidieron de la selección mexicana. 'Los ganadores tenemos tropiezos de los que sabemos reponernos'. La declaración rescata la memoria de un futbolista, que siempre fue un gran provocador.

Hugo era un tipo que recurría a lo que hiciese falta, fuesen insultos, salivazos o pisotones, como jamás olvidará Ablanedo, el emblemático portero del Sporting, al que no hubo partido que no sacase de quicio. Pero después, frente a la prensa, el mexicano tenía la suficiente retórica para ensalzar su ego. 'La mejor espinillera es un buen árbitro', decía en aquellos años, en los que casi nunca hablaba sin dejar huella. Hoy, todavía lo sigue haciendo, porque es de los que piensa que el carácter de un entrenador es tan importante como el contenido. O, incluso, más. De ahí que cada declaración suya sea un espléndido desafío, un juicio sin perdón.

Hay técnicos que piensan como Hugo Sánchez. De hecho, en esta época se prodiga mucho ese tipo de entrenador. Y en algunos casos, con resultados óptimos como el inconfundible Mourinho, que disfruta cultivando esa imagen.

Hugo es cinco años mayor que él y no tiene esa potestad como entrenador. Aún puede lograrla, porque no es muy mayor. Pero en el fondo es lo mismo. Son tipos que parecen sacados de un cómic, incapaces de noquear a su ego. Los enemigos, lejos de confundirles, les motivan. Y, por encima de culpables, se sitúancomo víctimas.

Hugo salió a tiros en marzo de la selección mexicana. Desde la Federación le acusaron de que, si hubiese sido un buen entrenador, habría clasificado al equipo para los Juegos de Pekín. Hugo, lejos de disculparse, acusó al entorno: 'Me he sentido traicionado'. Y apeló a la seguridad en sí mismo de toda la vida: 'El día que vuelva a la selección será para ser campeón del mundo'.

El poder de estos entrenadores es que, más allá del resultado, llevan la competición al límite del desafío. Lo hacen sin necesidad de pegar gritos, como hacían los entrenadores del pasado, aquellos a los que se bautizaba como Míster Látigo y exigían a los jugadores que se pusiesen de pie cuando ellos entraban en el vestuario (Otto Bumbel, en el Racing).

Hugo y Mourinho tienen un escudo, necesariamente, más moderno. Lo primero es que se ponen de ejemplos a sí mismos, a su vida y a sus memorias. Hugo Sánchez no tiene una gran biografía como entrenador, pero siempre recuerda que hizo campeón a un equipo universitario como los Pumas. Y, en cualquier caso, está convencido de que su sueño cada día está más próximo. 'Sé que voy por el buen camino para dirigir al Madrid'. Lo cierto es que, desde 1997, cuando empezó como entrenador, repite ese deseo como si fuese un disco rayado.

Quizá sea la radiografía de su inconfundible personalidad. Hace tiempo que Hugo Sánchez no pisa suelo español. Desde 1994, cuando dejó el Rayo, no ha vuelto a tener intereses en la Liga más allá de los emocionales. Pero háganse a la idea en Almería de que la vida puede ser así. Hugo no es tan teatral como Mourinho. Tiene mejores formas. Va siempre divinamente afeitado y con el pelo colocado, cada rizo en su lugar.

Frente a la prensa es más educado. 'Mi vida está llena de experiencias'. Almería tampoco es Londres ni Milán. Hugo vivirá junto al Mediterráneo, en un clima idílico una vez que pase el invierno, pero hay personalidades que difícilmente cambian. De México han llegado informaciones justas de él, pero todas están cortadas por el mismo patrón. El hombre que reivindicó en voz alta a la quinta de los machos sigue siendo el más orgulloso del mundo.