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España combate y se baña en plata

Los corredores nacidos en África protagonizaron una final de cinco kilómetros que tardó en despertar. La selección llega a la última jornada con un corto bagaje de cuatro medallas

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Mo Farah fue inalcanzable. El británico, somalí de nacimiento, se marcha de Barcelona como rey indiscutible del fondo europeo. Ayer sumó el oro de los 5.000 metros al que ya logró en la primera jornada en los 10.000. Dos oros y 20 kilómetros recorridos en total. Ese es el balance del inglés. La carrera comenzó con mucha parsimonia. Jesús España, madrileño de Valdemoro, el hombre que ponía su título (logrado en Goteborg 2006) en juego, tomó la cabeza en la primera vuelta como queriendo señalar su territorio a sus rivales. Pero la final iba a ser de Farah. De nada valieron las conjeturas acerca de si el esfuerzo en los 10.000 metros iba a limar su final. El británico demostró ser un gran estratega. Si ganó los 10 kilómetros aprovechándose del esfuerzo del español Lamdassem, ayer decidió poner en marcha otro plan. Exactamente la estrategia opuesta.

Bezabeh, el español nacido en Etiopía, el hombre que durmió en las calles de Madrid antes de ser nacionalizado, se decidió a avivar el ritmo, demasiado lento (2:50 el primer kilómetro), en varios momentos de la final. Pero el segundo kilómetro también fue lento (2:52), con atletas que se acercaban a la cabeza, tiraban de forma tímida en algunos momentos y desaparecían, como desaparecido estuvo en todo momento el leonés Sergio Sánchez, que se retiró a falta de dos vueltas y en nada recuerda al plusmarquista europeo del pasado invierno.

Jesús España, el único finalista nacido en el continente europeo que estuvo ayer entre los mejores, corrió con inteligencia. Siempre en segundo plano pero siempre a una distancia lógica de la cabeza, a pocos metros, para que ningún cambio de ritmo le matara. El discípulo de Dionisio Alonso, que se entrena en las pistas del INEF de Madrid, confiaba en su velocidad final. Pero Farah se ocuparía de desgastarla.

En el tercer kilómetro se iban definiendo los papeles estelares de la final. Bezabeh estaba al frente, por delante de Lebid, ese ucraniano que reluce en campo a través y jamás brilla en pista, Farah y España. La carrera seguía desarrollándose con cambios de ritmo de corta duración que no aumentaban demasiado el tren de carrera (2:46 fue el parcial del tercer kilómetro) y seguían aplazando el desenlace.

Justo antes de pasar por el cartel que anunciaba las tres últimas vueltas comenzó el último acto. Un acto largo y con final anunciado. Mo Farah, el hombre que hubo de conformarse con la plata en Goteborg (hace cuatro años) por detrás del madrileño, decidió no esperar más. En cierto modo, su cambio de ritmo reflejaba temor. Sabía que la velocidad de España era superior y debía anularla con un ataque largo. Lo contrario a lo que planteó en los 10.000 metros. Esta vez tiraría él.

Farah aumentó el ritmo. Pasó en cabeza por los 4.000 metros (2:38 de parcial en este kilómetro) y fue limando las fuerzas de Jesús España. El objetivo era dejarlo romo, sin punta de velocidad. Lo consiguió. La vuelta final sí mereció la pena. Farah volaba. España agotaba todos sus depósitos de energía, rebuscando glucógeno muscular por todos los rincones de su organismo. Iba tercero, detrás de otro hombre nacido en África, el azerí Ibrahimov, oriundo de Etiopía. Consiguió rebasarlo en la recta final y enganchar una plata de sabor dulce. Al británico ya lo veía de lejos, cruzando la meta con un crono de 13:31.18.

¿Por qué ganó Farah? Basta con echar un vistazo al cronómetro para hallar la respuesta. El exsomalí corrió el último kilómetro en 2:25. Jesús lo hizo en 2:27. Así de sencillo es el atletismo.

Bezabeh se hundió en el séptimo puesto con un crono 13:43. Decepcionante actuación la suya teniendo en cuenta que posee, con diferencia, el mejor crono de los finalistas. Pero los 12:57 que logró en Oslo se antojan muy lejanos y responden a un momento de forma ya pasado. Se desconoce la causa de su bajo rendimiento. Porque se negó a hablar.

Sí habló Jesús España, un hombre sensato, uno de los más grandes atletas de la selección y un trabajador de la pista. Parece fabricado en el mismo molde que Arturo Casado, el único oro español hasta el momento. Los dos son atletas serios, duros, poco dados al lucimiento en los medios pero portadores de las esencias del atletismo auténtico.

El segundo puesto de España, como sucedió el viernes con Marta Domínguez, le dejó feliz: 'Estoy muy contento porque, aunque soy muy ambicioso y quería revalidar el título, una plata es lo máximo porque no me he dejado ni un gramo. Si hay 20 metros más, no llego'. El de Valdemoro confesó que la carrera no había sido de su agrado. 'Ha sido una carrera de las que no me gustan, alocada, y ha ganado el mejor. Pensaba que Farah llegaría más cansado del 10.000, pero ha sido impresionante', concluyó. No se le puede reprochar nada.