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España se duerme sola

Suiza tumba a España en un simple saque de puerta después de aguantar silbando una hora de dominio vacío y horizontal. Del Bosque corrige tarde los defectos de su alineación. La favorita sólo puso en aprietos al riva

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España ya está en el suelo. Suiza la tiró de la nube. O se tiró sola después de un ejercicio anodino de posesión de balón, paciencia mal entendida y ninguna intención. Cayó al primer golpe, perdió el equilibrio en un simple saque de puerta y se fue a la lona. Después le entraron las prisas y la ansiedad, las ganas de profundidad y portería rival, pero era tarde. Arrancó ocasiones de la desesperación, pero ya estaba fuera de sí, desencajada ante un contratiempo con el que no contaba, perdida. Despojada de su etiqueta de favorita, irreconocible, con una derrota en el cogote en vez de esa victoria segura que daba por descontada. Suiza, con nada, hizo mucho. España, con mucho, no hizo nada.

La selección lo hizo todo mal en su estreno. Confundió las leyes del fútbol, también las del suyo. Se quedó con la pelota, pero no supo darle ningún contenido a su circulación. Jugó a dormir al rival, a pasear la pelota sin golpearle, y fue quien acabó dormida. Del Bosque se equivocó en la alineación y no supo corregirlo hasta que el gol suizo le obligó a tomar medidas. Con el paso de los minutos, no supo leer que sobraban centrocampistas (sobre todo Busquets: ¿para qué un medio de contención si no había que contener nada?) y faltaban delanteros y puñales por banda. Pero no lo vio hasta que se lo hicieron ver.

Al técnico español también le salió mal la osadía de alinear a Iniesta

A Del Bosque le salió mal también la osadía médica de su alineación. Iniesta ocupó finalmente su sitio en la primera foto. En la decisión pudieron más las ganas de jugar del futbolista que las precauciones a las que invitaba la lógica. Con sólo dos entrenamientos en forma a cuestas, Iniesta jugó. Del Bosque pensó más en el hoy que en el más adelante, lo contrario de lo que había avanzado en la víspera.

Y después de las consultas que también anunció, con los médicos, con sus ayudantes y con Hierro, sobre todo con el jugador, el seleccionador arrojó finalmente a su futbolista diferente sobre el campo. Y para nada. Porque Iniesta tampoco solucionó el enredo en el que se metió España, atrapada en una nube de bostezos y el insoportable sonido de fondo de las vuvuzelas. Y encima, cuando el partido agonizaba, otro percance, un golpe, sacó una vez más al azulgrana del campo.

Hasta la bofetada de Fernandes, el partido fue como contar ovejas. Un toque, dos toques, tres toques, cuatro toques, cinco toques... Todos de España, todos para nada, en horizontal, por tener la pelota, sin rapidez, sin profundidad, sin sorpresa. Seis toques, siete toques, ocho toques... Suiza aceptó la siesta. Se limitó a acompañar la circulación, a jugar con toda su alineación por detrás de la pelota, a mirar y de vez en cuando derribar. Nueve toques, diez toques, once toques, doce... El sobeteo del balón, de vez en cuando, encontraba el área rival, siempre poblada y prevenida. Suiza despejaba y vuelta a empezar. Uno toque, dos toques, tres toques... España decidió no exhibir las razones de su favoritismo. Prefirió arroparlo en la cama.

Hasta la bofetada de Fernandes, el partido fue como contar ovejas

Suiza estaba a gusto. No quería pelota. Porque Hitzfeld hizo que daba un paso adelante en su once y sorprendió a sus propios periodistas con dos puntas de saque. Pero era mentira. Todos jugaron por detrás de la pelota, hasta los delanteros. De su monólogo para nada, España apenas rescató dos remates mansos y lejanos de Silva e Iniesta, más que nada por hartazgo, una falta que Villa mandó contra la barrera y una buena ocasión de Piqué dentro del área, con recorte incluido, que Benaglio atajó. O sea, nada. Suiza, tampoco. Dos saques de esquina.

En la segunda parte, España parecía decidida a incorporar determinación y profundidad. Pero le tocó dejarse llevar por la ansiedad. Porque un simple saque de puerta en largo del rival la abrió en canal. Una sucesión de derrotas. Busquets perdió el salto con Nkufo, Puyol perdió la anticipación con Derdiyok, que también venció a Casillas en su mala salida, y Fernandes, con la jugada ya envenenada y la pelota loca, le ganó a Piqué, a la segunda, la batalla final.

La roja sale de Durban hundida; tiene cinco días para resucitar

España se llevó un susto de muerte. Del Bosque entendió que Busquets le sobraba y sacó a Fernando Torres, que confirmó que aún no está para las situaciones límites pese al apoyo incondicional que le tiene el personal surafricano. Con la salida del Niño, España se puso el ambiente a favor. Pero nada más. Más influencia tuvo la otra carta desesperada del técnico: Navas suplió a Silva y, durante media hora, España encontró un pasillo por donde meter en aprietos a la flemática selección suiza, que no se alteró ni descompuso jamás. Ni en la pausa inicial ni en el arrebato postrero.

Con Navas y la necesidad de dar la vuelta a un marcador torcido, llegaron las ocasiones, pero manchadas demasiado de ansiedad. Xabi Alonso estrelló un zapatazo en el larguero a la salida de un córner. Y Villa y Torres y el propio Navas también amagaron. Pero Suiza estaba cómoda. Y del partido roto, España desencajada, también sacó sus aventuras a la contra y hasta un palo de Derdiyok tras una jugada en la que se disfrazó de Messi.

Y luego, de postre, se lesionó Iniesta. La noticia que necesitaba España para morirse. De Durban sale hundida, sin rastro de su favoritismo, su trono mundial y su victoria por descontada. Tiene cinco días para resucitar.

Así te hemos narrado el partido

0 - España: Iker Casillas; Sergio Ramos, Piqué, Puyol, Capdevila, Busquets (Torres, m.61), Xavi, Xabi Alonso, Silva (Navas, m.61), Iniesta (Pedro, m.77) y Villa.

1 - Suiza: Benaglio, Lichtsteiner, Senderos (Von Bergen, m.35), Grichting, Ziegler; Barnetta (Eggimann, m.92), Inler, Huggel, Gelson Fernandes; Derdiyok (Yakin, m.79) y Nkufo.

Gol: 0-1, M.52: Fernandes.Árbitro: Howard Webb (ING). Amonestó a Grichting (m.30), Ziegler (m.73) y Yakin (m.94).

Incidencias: Partido disputado en el estadio Moses Mabhida de Durban ante 62.453 espectadores. Asistieron, entre otras personalidades, los Príncipes de Asturias, el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, y el secretario de Estado para el Deporte, Jaime Lissavetzky.