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España mete miedo

La selección cierra su preparación con una goleada demoledora. Marcaron Villa, Silva, Xabi, Cesc, Pedro y Torres, que reapareció. El muslo obliga a Iniesta a retirarse a la media hora

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Estaba otra vez feliz, atractiva e inalcanzable la selección, despertada del ficticio letargo de los últimos días. Estaba encantada la gente, entregado el rival y encendido el juego armónico de los jugones españoles. Estaba el fútbol de fiesta después de media hora maravillosa. Y sobre todo estaba Iniesta definitivamente de vuelta, agrandando jugadas vacías con la varita de sus zapatos, inventando acciones de gol de donde no había aparentemente nada, ganando a Polonia. Estaba todo en orden de nuevo en España a las puertas de Suráfrica. Y, de pronto, el susto, el miedo, la angustia. Iniesta, el causante de tanta felicidad, pidió el cambio.

Fue un bajón a traición cuando a la hinchada y al equipo se le disparaba el ánimo. Iniesta se llevó la mano a la parte posterior de su muslo derecho. Otra vez la dichosa musculatura, empeñada como parece en hacerle la vida imposible. Un sobresalto que, dado el ritmo caprichoso con el que las lesiones están bajando jugadores del Mundial, no consiguió aliviar del todo la versión oficial que hablaba de simple precaución.

España funcionaba otra vez alrededor del balón, se sentía fuerte e invulnerable

Porque Iniesta había desarrollado el fútbol hasta entonces con las viejas leyes de la magia. También Xavi, con sus hechizos en corto, y Xabi, con sus sortilegios en largo, pero sobre todo Iniesta, que anudó a Polonia con maniobras prodigiosas, de mejor jugador del mundo en los dos primeros goles. En el primero, al enroscar con el exterior del pie derecho un pase raso desde la izquierda avisado de gol por todos lados, lo rematase Villa o lo despejase el defensa. En el segundo, al romper la línea defensiva polaca con un globito sublime que dejó solo a Xavi.

España funcionaba otra vez alrededor del balón, se sentía fuerte e invulnerable. Atacaba con la pelota y se defendía con ella. Mandaba y gustaba. E Iniesta se sobraba, aireando un saludable momento de forma, relamiéndose en el descanso que paradójicamente sus lesiones le habían concedido durante el año. Y entonces, el bíceps le dijo de nuevo, a él y a toda la selección, no te confíes.

Del Bosque removió su banquillo y enseñó soluciones y recursos

Pasado el trago, con Iniesta ya en el banquillo y el resultado protegido del todo, España se aplicó a reforzar su moral y meter el miedo a sus inmediatos contrincantes, que seguro la observaban. España se sintió de nuevo favorita y dejó que así la sintieran los demás. Aplastó a Polonia y se deleitó con su juego sublime. Exhibió la dimensión de su centro del campo, en el que Xavi alumbró y Xabi Alonso se comportó como un mariscal. Y se vació en ataque con un hambre que asusta. España, en suma, actuó como si la ausencia de Iniesta fuera en el fondo un asunto intrascendente.

Para redondear el baño de autoestima, Del Bosque removió su banquillo y enseñó soluciones y recursos. Pedro, Navas y Cesc confirmaron que van a ser importantes en este equipo. Y hasta Torres se incorporó a la carrera en los últimos minutos para convencerse de que llega a la gran cita sano y a tiempo. También marcó. España está lista. Suráfrica le espera.