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España no culmina la remontada (31-29)

La selección masculina de balonmano debuta con una derrota ante Croacia en un partido muy pobre en la primera parte y donde en su segunda mitad pudo ganar cualquiera de los dos equipos

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La selección española no pudo levantar su partido ante Croacia en su debut en los Juegos Olímpicos, ya que su despertar colectivo tras el descanso se quedó en 'un espejismo' y, sobre todo, en un duro final, pues el 31-29 definitivo supuso nadar contra corriente para ahogarse en la misma orilla.

El juego de España ya no sorprende, como sorprendió, por ejemplo, en el Mundial de Túnez. No hay peor cosa que tener al enemigo dentro de casa y Croacia tiene muchos jugadores que juegan en la liga Asobal. Se saben de memoria los puntos débiles del equipo nacional y conocen de sobra el sistema de Pastor. Eso no sería un problema si enfrente no estuvieran estrellas como Balic, Metlicic o Dzomba.

El equipo de Lino Cervar mostró desde el principio el variado juego ofensivo que les llevó recientemente al subcampeonato de Europa. La imaginación se une al poder en el caso de los croatas. Son fuertes, rápidos y defienden como leones, cosa que hoy no empezó haciendo su rival.

España no tuvo otra opción durante la primera parte que ir 'a remolque'. Raúl Entrerríos no encontraba desde el central la vía para penetrar y a España le faltó fluidez y claridad de ideas en ataque. Los laterales no acababan de acertar y al principio Juanín no podía correr sus habituales contraataques. De hecho, hasta el minuto 23 no pudo hacer el leonés una 'de las suyas', aunque luego fue el mejor y el máximo goleador.

En esa fase de desconcierto, España añoraba a Chema en el centro del ataque y, sobre todo, a Urios en el pivote. El equipo nacional comenzaba 'a vestirse' de víctima ante la fortaleza e inspiración del rival. Al comienzo, sólo parecía una pequeña brecha. Era cuestión de entrar en el partido y 'enchufarse' pero los parciales empezaron a ser preocupantes. Así, con 9-5 (min. 15), Juan Carlos Pastor pidió tiempo muerto porque la cosa se ponía seria.

El monólogo del técnico vallisoletano tuvo un fugaz efecto balsámico. España recortó diferencias y se colocó 10-9 (min. 25). El equipo español ajustó su defensa y el marcador se apretó, pero España nunca llegó a la meta durante toda la primera parte. Siempre por detrás, siempre intentando defender el siguiente ataque para poder correr, pero Croacia movía el balón con maestría, pese a la lesión de Ivano Balic en el minuto 23.

Las circulaciones a los seis metros, los lanzamientos de Lackovic y algunas aperturas al extremo desarbolaron al equipo español camino del descanso. Con Alilovic sellando la portería, España se atascó aún más en los últimos minutos y el 16-11 al intermedio era fiel reflejo de todo lo acontecido.

La selección española se desperezó, al fin, en la reanudación. El lastre que para Croacia suponía la lesión de Balic apareció por momentos, los extremos de España comenzaron a funcionar, David Davis aportaba mucho en defensa y, de esta manera, los de Pastor comenzaron a correr.

Fue un despertar colectivo, porque Rubén Garabaya, Iker y Rocas también se metieron en el partido. Parecía que el empujón esta vez era bueno. Hasta en la grada aparecieron las 'palabras mágicas', ya que la treintena de españoles saltaban alborozados bajo el grito de 'a por ellos'.

La defensa se lo tomó en serio, por fin, y el estado del partido cambió, ya que Croacia pasó por una crisis ofensiva que parecía su condena. Un gol de Iker Romero, que puso el 26-25 en el marcador (min. 60), acentuó el empuje racial de 'la roja' y no tardó en llegar el empate de un Juanín imparable (26-26).

El asturiano Alberto Entrerríos puso a España por delante, todo parecía bien encauzado, pero Croacia, que sabe 'moverse' en los momentos decisivos, certificó la victoria con sendos goles de Vori y Duvnjak. Fue un duro castigo porque en la segunda mitad pudo pasar cualquier otra cosa.