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España no sabe gestionar su pena

Los de Valero acusaron el golpe de semifinales y se quedan sin bronce

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Fue un domingo difícil para España. Vivió mal y abusó de pequeñas esperanzas. Su contrarreloj empezó pronto. Sólo pareció olvidarla al minuto de la segunda parte cuando Jon Aginagalde empató (13-13). Desde el inicio, era la primera vez que se igualaba el marcador. Pero fue una gran mentira. Croacia recuperó rápido sus derechos. La diferencia volvió a los cinco goles (18-23). Y, aunque Sarmiento tenía algo importante en los brazos, ya no hubo manera. Sus compañeros no respaldaron su hazaña. Sólo encontró la complicidad de Víctor Tomás desde el extremo e Iker Romero desde los siete metros. No fue suficiente para contestar a Croacia, un equipo maduro y prudente. Y, sobre todo, el viejo Lackovic ejerció de enciclopedia viviente. En la primera parte inventó una solución para cada ataque. En España, hasta que apareció Sarmiento, no hubo jugadores así.

No fue gran cosa Croacia, esa es la pena. Aprovechó la rapidez con la que Vori entró en el partido. Y después se fio de Lackovic, lo que casi siempre es como un cheque al portador. Son muchos años desde el oro olímpico de Atenas 2004 los que lleva Braveheart. Y, en medio del suspense, sigue siendo un gran elemento. Ayer, mantuvo a Croacia, que concedió más de una oportunidad de rectificar a España. Y eso que los de Valero tuvieron lapsus muy gordos. Manejaron mucha dificultad. La primera, jugar con esa pena. La siguiente, la tortura que significa un ánimo tan bajo. Vivió hasta seis minutos seguidos sin marcar. Jugó en dirección prohibida. Cuando buscó velocidad, casi siempre encontró pérdidas de balón. El partido no pudo tener peor pinta. Pero aun así, España se retiró al descanso con un solo gol en contra (12-13) que justificaba señoriales esperanzas. Todo era emplear la lógica. Si jugando así, España llegaba con esas opciones, ni Croacia era un ogro ni Londres 2012 debía esperar hasta el preolímpico.

Y, al fin, el marcador se igualó (13-13). Coincidió con el inició de la segunda parte y la bravura de Aginagalde. Pero fue una farsa que ni siquiera impidió el brazo ejecutor de Sarmiento. Hubo problemas con los que no contaba. Víctor Tomás no apareció con la intención de los minutos finales de la primera parte. Y Croacia, sin dar publicidad al asunto, alcanzó los cinco goles de ventaja (18-23).

Después, España reaccionó. El corazón tiene estas cosas. Uno no tiene derecho a morir de pena. Desde los siete metros, con 25-27, Iker Romero pudo bajar la diferencia a un gol. El partido hubiese empezado de nuevo. Pero esa vez falló y anunció que España no merecía el triunfo en un día tan obtuso. Croacia, sí, seguramente porque se portó con la prudencia de los hermanos mayores.