Publicado: 18.11.2014 07:00 |Actualizado: 18.11.2014 07:00

"España está peor que en 1984"

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Tiene 57 años y nada más terminar esta entrevista irá a jugar al pádel. Vive en Gijón, "donde ver tanto paro me hace daño", lo que sensibiliza aún más a Antonio Maceda (Valencia, 1957) con una sociedad como ésta a la que él ve "mucho peor que en 1984". Entonces sucedió algo que parecía un milagro. El responsable fue él. Un gol suyo en el Parque de los Príncipes, en el último minuto, un cabezazo racial, poseído por la furia, fue el anticipo de los nuevos tiempos. Aceptó que Alemania no era invencible y que los bajitos, "porque en esa España había jugadores muy bajitos como Señor o Víctor", también podían gobernar el mundo. Maceda, alto, rubio y de ojos azules, se limitó a poner la cabeza hace treinta años, viniendo desde atrás, para hacer de ese instante un recuerdo eterno. Una fotografía de la que los libros de historia no pueden prescindir en una época "que era muy dura, sí", acepta Maceda. "Pero entre tanta adversidad yo leía los periódicos y no se hablaba de tantos ERES ni de tanta corrupción".

Hace 30 años, Alemania era una industria imbatible.

Casi lo eran, sí, pero yo tuve la suerte, esa suerte, de marcar aquel gol, de venir desde atrás...

Y lo celebró como nuestros antepasados con una imagen de furia, antigua, llorosa, ¿recuerda?

Recuerdo que vino alguien por detrás. Me tiró al suelo y se hizo una piña que fue una fortaleza. Pero era el último minuto y habíamos peleado mucho. No sabíamos ni siquiera que lo que intentábamos fuera posible. Pero no tuvimos miedo frente a la proeza. Así que tuvimos derecho a llorar de alegría.

¿Cómo era el mundo hace 30 años?

No era fácil. Yo abría los periódicos, La Nueva España y El Comercio sobre todo, y mis ojos se llenaban de preocupación. Se hablaba mucho de la reconversión industrial de los Altos Hornos de Vizcaya. Y era algo que me afectaba muchísimo, porque mi padre y mi hermano trabajaban allí.

Entonces en esa España ya se hablaba de ERES y cosas así.

No, de ERES no. No era esa la palabra. Pero de reconversiones sí y todo eso trajo mucha preocupación en mi familia. Al final, mi padre y mi hermano salieron airosos. Pero nos trasladó a la vida real que hace treinta años ya podía ser muy dura. No había tanto trabajo como se necesitaba. Lo duro no sólo es lo de hoy. También fue lo de ayer.

¿La vida real era ganarle a Alemania?

Sí lo era, pero por una cuestión de prioridades. En el campo no podíamos pensar en otra cosa y lo logramos. La prueba es que treinta años después seguimos hablando de eso. Tuvo que ser importante a la fuerza. Sucedió en la realidad. No es algo que usted y yo nos inventemos. Lo intentamos y lo vivimos. En el fútbol es muy difícil que un futbolista piense en otra cosa.

¿La vida de un futbolista se parece a la ficción?

No diría que no. Es muy difícil que un jugador sea consciente de lo que pasa en la calle. No es fácil que un futbolista se ponga en la piel de un parado. De hecho, en mi época, yo no hubiese seguido tan a fondo las noticias de los Altos Hornos de Vizcaya si no es porque me tocaba profundamente. Mi hermano y mi padre trabajaban allí y estaba en juego su futuro. Eso cambió mi forma de ver la vida.

¿Usted no ganaba lo suficiente para retirarles?

No. Entonces yo ya tenía dos hijos y el futbolista no ganaba más que un buen sueldo. Al menos, yo, que jugaba en el Sporting y más o menos vivía al día. No vivía en un palacio. Vivía en un piso en Gijón. No conducía siquiera un coche de lujo. No podía permitirme lo que no tenía. Por ello, todo eso me hizo más realista, veías que aun así tú eras un afortunado, pero y tú familia, ¿qué?

¿España está ahora mejor que en el 84?

¿Usted cree? Yo pienso lo contrario: España no está mejor que en el 84. Te pones a pensar donde nos ha metido toda esta gente, todas estas historias de corrupción que ocurren en todas las comunidades, no se libra ni una... Y te preguntas qué es esto, a dónde vamos. Por eso es lógico la presencia de una organización como Podemos en una época como ésta. Porque hay alguien que nos hace ver que esto no puede seguir así.

¿Qué pasaría si le llamase Pablo Iglesias?

No me va a llamar.

¿No quiere que le llame para ese Círculo de Deportes en el que se ha hablado de la enseñanza secundaria como un requisito indispensable para los futbolistas?

A mí no me importaría que me llamase. Me encanta hablar. Creo que una buena conversación es imprescindible. Pero si llegásemos a ese debate pediría a Podemos que diferencie el fútbol de la enseñanza. No es lo mismo, no son mundos iguales. Además, el fútbol te da mucha educación, saber estar... Viajas por todo el mundo, tienes que hablar en público y uno no nace con ello. Es algo que se aprende. Es el fútbol el que te prepara parea ello.

En su época de futbolista, usted ganó un Oscar en Hollywood con Volver a empezar, aquella película de Garcí. ¿Ya no quedan futbolistas así?

Salí un segundo que, efectivamente, fue decisivo para que la Academia premiase esa película... (risas).

¿Y eso históricamente fue más importante que su gol a Alemania en el último segundo de aquella Eurocopa del 84?

Para mí no, porque yo fui el que hice el gol. Y, además, era mi trabajo. Yo era futbolista, no era actor. Salí en Volver a empezar porque me lo pidieron, pero nada más. Eso no pasa de ser una anécdota para mí. Sin embargo, mi vida de futbolista es lo que me permitió ser lo que soy en la vida. Y, además, no se puede reducir a un solo gol. Los goles no cambian a las personas. Es más, no cambian ni siquiera la vida de las personas.

¿Hubiese valido para compartir vestuario con Cristiano Ronaldo?

Sin ninguna duda. Lo compartí con grandes jugadores de su talla. Yo llegué al Madrid en una época grandiosa. Jugué en el mejor equipo del mundo. Jugué una final de la Eurocopa con la selección. No sé si fui importante, pero sí sé que estuve en sitios importantes. Maduré en un vestuario de fútbol; entendí que esa era mi segunda familia. Por eso admiro mucho todo lo que pasa dentro de la caseta.

Es una lección de vida.

La vida es la que aprendes, de lo bueno y de lo malo, porque es así. Hay que aprender de todo. Usted se ha dirigido a mí para hablar de un momento tan bello en mi vida como el gol a Alemania, pero yo le podría hablar de la lesión que me obligó a retirarme en el que podía ser el mejor momento de mi vida. Tenía 29 años y me quedó una pensión por invalidez. Pero no tenía sentido que eso fuese una frustración. Hay que saber vivir con todo, aprender a vivir y a rectificar.

¿Nunca se volvió loco?

Era difícil. Fui padre muy joven y ahora, que soy abuelo, ya es imposible.

¿Los nietos no le preguntan por ese gol a Schumacher, el portero alemán?

Los nietos me invitan a disfrutar de la vida todo lo que pueda, porque en el fondo es eso, créame.